lunes, 2 de noviembre de 2026

Chile: Oficial Silva (FACh) perseguido por apoyar a Allende

"Me iban a ejecutar y él me salvó la vida": Jorge Silva, el capitán de la Fuerza Aérea de Chile que desafió las órdenes de los golpistas y terminó torturado


Pie de foto, Jorge Silva era oficial del Departamento de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea de Chile cuando ocurrió el golpe de Estado de 1973.


        Autor, Cecilia Barría || BBC News Mundo



El día del golpe de Estado en Chile, el capitán Jorge Silva Ortiz estaba destinado en la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea. Era el 11 de septiembre de 1973 y pidió que no lo enviaran a la calle a reprimir y capturar a presuntos partidarios del recién depuesto gobierno del socialista Salvador Allende.

Silva quedó a cargo de la logística en la Escuela de Especialidades de la Base Aérea El Bosque, un sitio que fue utilizado como campo de detención, tortura y exterminio.

"Vi cómo iban llegando los camiones cargados de presos a los que dejaban en un hangar rojo", dijo Silva en una entrevista en 2012 con Ciper, un medio chileno de investigación. "Ahí fue cuando vi a dos jóvenes".

Esos jóvenes eran los estudiantes Fernando Villagrán y Felipe Agüero, detenidos el 16 de septiembre en las inmediaciones de la población La Legua, en el sur de Santiago.

El relato de Silva continúa: "Me acerco al suboficial y le pregunto: '¿Qué pasa con estos dos muchachos?' Y el suboficial me dice que los han sorprendido en un auto con un documento en el que se preparaban para enfrentarse a la Junta Militar, por lo que los van a fusilar en la noche".

"Mira, hay un vehículo que va a salir dentro de dos horas al Estadio Nacional. Échalos en ese vehículo, le dije al suboficial. Y no los fusilaron".

Tal como él había ordenado, los dos jóvenes fueron subidos a un vehículo -que formaba parte de un convoy- junto a un grupo de pobladores de La Legua y unos dirigentes sindicales brutalmente golpeados.

"Éramos más de 20, quizás unos 30, todos en muy mal estado por los golpes", recuerda en diálogo con BBC Mundo Fernando Villagrán, autor del libro "Disparen a la Bandada", en el que narra los hechos.

Jorge Silva no tenía la misión de llevar prisioneros políticos al Estadio Nacional, pero él decidió hacerlo por cuenta propia, relata Villagrán, de 77 años.

El estadio fue transformado en campo de concentración y tanto Villagrán como Agüero sufrieron torturas.

Pero gracias a la orden de Silva de trasladarlos allí, no fueron ejecutados esa noche.

"Nosotros teníamos que ser eliminados en el camino", dice Villagrán.

"Me iban a ejecutar y él me salvó".

"Hangar Rojo"


Se ve al actor que interpreta a Jorge Silva en la película Hangar Rojo.
Pie de foto, La película "Hangar rojo" pone en escena el gran dilema moral que enfrenta su protagonista, el capitán Silva.

Esta historia está en el corazón de "Hangar rojo", una película dirigida por Juan Pablo Sallato e inspirada en el libro escrito por Villagrán, quien además colaboró con el guión de la cinta.

Siguiendo los acontecimientos que ocurrieron en la vida real, la ficción cinematográfica recoge detalles íntimos e históricos sobre la experiencia vivida por su protagonista, el capitán Silva, en las horas decisivas que cambiaron la historia de Chile.

El propio Silva contribuyó en la minuciosa reconstrucción de esos momentos a través de largas conversaciones con el guionista, Luis Emilio Guzmán, con Villagrán y con Sallato, el director.

"Le pedimos que nos contara todo lo que había pasado en esos días, minuto a minuto, desde la mañana hasta la noche", cuenta Sallato a BBC Mundo.

Esas conversaciones ayudaron a darle vida a un intenso thriller político y humano filmado en blanco y negro, donde las órdenes, las lealtades y las convicciones personales se enfrentan en un momento decisivo.

Después de haber ganado 19 premios en festivales internacionales y un exitoso debut comercial en Italia, Sallato comprobó que la cinta ha resonado en muchos países.

"Muestra un dilema moral que puede pasar en cualquier parte del mundo", sostiene. "Al final se trata de la humanidad dentro de la barbarie, con todos sus grises".

"¿Se acuerda de nosotros?"


Pie de foto, Cuando tenía 24 años, Fernando Villagrán estuvo detenido en el hangar rojo de la Escuela de Especialidades de la Base Aérea El Bosque junto a su amigo Felipe Agüero.

La barbarie que vivió Villagrán en el hangar rojo no ha desaparecido de su memoria.

Tiene nítido el recuerdo de un simulacro de fusilamiento que le dieron como bienvenida, seguido por interrogatorios y torturas.

"Estaba siempre con la vista vendada y hasta perdí la conciencia en algún minuto", dice Villagrán, quien en ese momento sabía que su pareja estaba embarazada y pronto sería padre.

Cuando llegó al Estadio Nacional, aunque se había salvado de una ejecución inminente gracias a Silva, continuaron los tormentos que experimentó en la base aérea.

"Fue como seguir la pesadilla… Las torturas… la brutalidad, porque era brutalidad pura, aplicada con corriente y otras cosas que yo no conocía".

Él y su amigo Felipe Agüero fueron trasladados desde el estadio a la Cárcel Pública de Santiago donde, sorpresivamente, se encontraron con un uniformado que también estaba preso: era el capitán Jorge Silva.

El piloto y experimentado paracaidista estaba recluido en la galería del lado, donde permanecían decenas de oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea que se negaron a participar en el golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet.

Cuando los jóvenes identificaron el rostro de Silva, cuyo nombre no conocían, Villagrán se acercó a él, le tocó el hombro y le dijo: "Hola, ¿se acuerda de nosotros?".

El capitán asintió discretamente, casi sin inmutarse.

De capitán a prisionero


Silva había sufrido su propio calvario.

En 1970, trabajaba como oficial de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea, tras haber recibido formación en la Escuela de Las Américas, en Panamá, y en Estados Unidos.
Foto en blanco y negro donde aparecen tres hombre uniformados.


Pie de foto, Silva fue detenido y torturado por sus propios compañeros de armas.

Poco después de que Salvador Allende ganara las elecciones presidenciales, el jefe del Departamento de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea, el coronel Mario Jahn, viajó a Panamá y dejó al capitán Silva a cargo de la unidad.

Sorpresivamente, un grupo de uniformados de alto rango lo convocó a participar en un complot para asesinar al presidente electo. Cuando vio que el plan estaba en curso, decidió informarle directamente a Allende, cuenta Villagrán.

La postura constitucionalista de Silva quedó en evidencia ante sus superiores durante aquel episodio y tres años después, cuando finalmente las fuerzas armadas derrocaron al gobierno, el capitán estaba en la mira.

Más aún después de llevar al Estadio Nacional a los detenidos del hangar rojo que debían ser ejecutados.
Foto en blanco y negro. A la izquierda un militar con gafas (Augusto Pinochet) mira a un hombre con traje y gafas (Salvador Allende).


Pie de foto, El general Augusto Pinochet (izq.) y el presidente socialista Salvador Allende el 23 de agosto de 1973 en Santiago, poco después de que Allende lo nombrara jefe del Ejército y apenas tres semanas antes del golpe de Estado.

"Yo sabía que iba a caer", dijo Silva. Solo era cuestión de tiempo. Hasta que una noche, recibió un llamado telefónico para presentarse en la casa de un superior.

Cuando iba llegando a la puerta le pusieron una capucha en la cabeza y le quitaron el arma, relató. "En ese momento dejé de ser capitán de la Fuerza Aérea".

Era el 9 de octubre de 1973. Ese día comenzó un tormento que lo dejó en varias ocasiones al límite de la muerte producto de las torturas a las que fue sometido por sus propios compañeros de armas en la Academia de Guerra Aérea.

"La condición física del capitán estaba muy deteriorada", cuenta Villagrán en su libro.

Por esos días, los interrogadores solían llevar al límite de la muerte a sus víctimas al aplicarles choques eléctricos, sumergirlos en agua, golpearlos con objetos contundentes, amenazarlos con que matarían a los miembros de su familia.

"Los golpes eléctricos le provocaron acentuadas taquicardias y hemorragias", dice el autor, una condición que el propio Silva reseña en relatos posteriores.

El siguiente destino del capitán fue la Cárcel Pública de Santiago.

La celda 12



Pie de foto, Soldados custodian a detenidos políticos en el Estadio Nacional tras el golpe militar.

Esa fue la misma cárcel donde se encontró por casualidad con los estudiantes Villagrán y Agüero que había conocido en el hangar rojo.

Considerado un "traidor" por los golpistas, sufrió terribles vejámenes que estuvieron a punto de costarle la vida.

Lo mismo le ocurrió a decenas de uniformados en los días y meses posteriores al golpe.

Entre ellos se encontraba el general Alberto Bachelet -padre de la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet-, quien murió en esa cárcel tras ser torturado por sus antiguos camaradas el 11 de marzo de 1974.

Junto a otros miembros de la Fuerza Aérea, Silva compartió con Bachelet la celda número 12 de la Galería 2.

El capitán estuvo con él el día de su muerte, según quedó establecido en la sentencia judicial sobre el caso Bachelet dictada en 2014 y confirmada por la Corte Suprema en 2016.

Ese mismo año, la justicia chilena anuló las condenas de los Consejos de Guerra dictadas contra 84 miembros de la Fuerza Aérea que habían permanecido en el recinto carcelario por desafiar las órdenes. Entre ellos estaba el capitán.

Tras permanecer privado de libertad por casi cuatro años, Silva se fue a vivir en el exilio a Londres en 1976.
Foto en blanco y negro. Se ve al actor que interpreta a Jorge Silva en la película Hangar Rojo.


Pie de foto, Silva alertó sobre un complot para asesinar al presidente Salvador Allende en 1970.

El reencuentro

Más de 20 años después, Silva trabajaba como ejecutivo de una empresa de carga aérea en Londres, cuando le hicieron llegar una entrevista publicada en la prensa chilena en la que Felipe Agüero rememoraba parte de su paso -junto a Villagrán- por la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea en El Bosque y reconocía a un capitán de apellido Silva por haberlos ayudado a salir del hangar rojo.
Hombre en primer plano con pelo blanco y otro hombre vestido de negro sentado más atrás. Están en un estadio. Fecha: 2001


Pie de foto, El capitán Jorge Silva y Fernan do Villagrán se reencontraron 28 años después y cultivaron una larga amistad.

Al leer ese texto, cuenta Villagrán en su libro, el excapitán reaccionó con dolor, al revivir los duros momentos de esa época, pero luego sintió alivio y satisfacción al pensar que esos jóvenes habían sobrevivido.

Silva decidió enviarle un email a Agüero en el que decía: "Soy el capitán de la Fuerza Aérea que le ayudó a salir".

De ahí en adelante se abrió una puerta que nunca más se cerraría. Silva en Londres, Agüero en Miami y Villagrán en Santiago comenzaron a escribirse.

En uno de esos correos electrónicos el excapitán dice: "No todos en la querida Fuerza Aérea fuimos criminales".

Silva nunca perdió su apego a la institución pese a los tratos inhumanos que recibió de sus propios compañeros. Nunca dejó se ser un aviador, cuenta Villagrán.

Fue ese mismo año 2001 cuando Silva se reencontró en Santiago con esos dos jóvenes estudiantes que había conocido en el pasado, cuando viajó de Londres a Chile para participar en el documental Estadio Nacional, de Carmen Luz Parot.

La primera vez que se vieron las caras fue en la oficina de Villagrán. "Nos costó un poco iniciar la conversación. Para mí, por cierto, era algo inédito estar conversando con alguien que me salvó de la muerte".

Fueron juntos al Estadio Nacional para que Silva compartiera su testimonio en el documental.

"Te debo la vida"

Durante ese viaje, Villagrán tuvo la oportunidad de decirle al capitán algo que siempre había querido decirle personalmente: "Te debo la vida".

"Eso creó un vínculo muy fuerte para mí, pero lo hablamos en dos o tres minutos y nunca más. Después de eso no volvimos al tema y empezó una amistad muy larga".

"Cada vez que Jorge venía a Chile se quedaba en mi casa", cuenta Villagrán. "Para los que no lo conocían era muy parco; para mí, era un gran ser humano, una muy buena persona".
Fernando Villagrán con pelo blanco sentado en un parque en Londres.


Pie de foto, Jorge Silva murió el 19 de agosto de 2024 en Londres, Inglaterra.

Y como grandes amigos, se pasaban horas hablando de libros, películas, de cosas mundanas, de sus familias. "Nos entendíamos muy bien porque él era porfiado y yo también. Le daba siempre una vuelta de tuerca a las conversaciones y eso era entretenido", recuerda.

"Jorge era un tipo reservado y muy tranquilo. Un tipo inteligente y muy definitivo en sus opiniones. Yo creo que estaba hecho para hacer su vida en la Fuerza Aérea, esa era su vocación".

En lo político, cuenta Villagrán, "no era una persona de izquierda". Era más bien, "un profesional, constitucionalista, amante de su profesión aérea. Y cuando Pinochet estuvo detenido en Londres, él fue a manifestarse" para exigir su extradición a España.

Silva fue fundamental en la creación de la película "Hangar Rojo", dice Villagrán. Tanto así que sin su participación, afirma, la película habría sido imposible.

La amistad continuó por años. Incluso cuando Silva se enfermó y tuvo que ser internado en un hospital londinense, seguían enviándose mensajes por WhatsApp.

"Hasta que un día dejó de contestarme. Su hija, Bárbara, tomó su celular para contarme que Jorge había muerto".

Jorge Silva Ortiz falleció a los 86 años, antes de que se estrenara la película, que será exhibida en las salas de cine en Chile a comienzos de octubre y en la que el capitán se convierte en símbolo ético de los militares que defendieron la democracia.

sábado, 31 de octubre de 2026

Corea del Norte: Sistemas de drones de ataque adquiridos a Rusia

El ataque de los drones norcoreanos 



Drones de ataque norcoreanos y municiones merodeadoras Lancet se están utilizando en blancos de práctica que se asemejan a puestos de guardia de la DMZ del Ejército de la ROK, obuses K9 y M1 Abrams del Ejército de EE. UU.

Actualmente tenemos algunos activos de defensa aérea posicionados en la vanguardia como el K30 Biho a lo largo de la DMZ, pero su capacidad C-UAS es mediocre.



Posiciones defensivas fortificadas y maqueta de radar contrabatería siendo destruidas.



Se están lanzando UAS de la RPDC. La ROK está invirtiendo masivamente en la proliferación de drones, pero relativamente poco en sistemas C-UAS. Las defensas aéreas basadas en tierra están poco desarrolladas debido a la baja amenaza aérea representada por la KPAF. La mayoría de las divisiones de la ROKA solo cuentan con una compañía de DA.



viernes, 30 de octubre de 2026

Argentina: Meditando en un Peace Condor II

Peace Condor II




Mientras el programa Peace Condor avanza a buen ritmo, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) debería comenzar a trabajar en una segunda etapa de incorporación de F-16. El objetivo no sería únicamente aumentar la cantidad de aeronaves disponibles, sino también evitar que el desgaste progresivo de la flota comprometa su capacidad operativa una vez completada la recepción del lote restante de aparatos provenientes de la Real Fuerza Aérea Danesa (RDAF).

Aunque existe una oferta considerable de F-16 en el mercado internacional, no todas las alternativas resultan igualmente convenientes. El estado estructural de las células, las horas de vuelo remanentes, la configuración de aviónica, la compatibilidad logística y, naturalmente, el costo de adquisición y modernización son variables que deben evaluarse conjuntamente.

En este escenario, el F-16 Block 70/72 representa la solución ideal desde una perspectiva tecnológica y de vida útil. Su incorporación permitiría disponer de aeronaves nuevas, equipadas con aviónica de última generación y un horizonte operativo considerablemente más extenso. Sin embargo, las restricciones presupuestarias constituyen un obstáculo difícil de superar. Un programa de adquisición estimado en aproximadamente USD 3.000 millones exigiría un esquema de financiamiento cuya autorización por parte del Congreso aparece, por el momento, como poco probable.

Ante esa limitación, cobran relevancia dos alternativas más accesibles: F-16C/D con un buen historial de conservación y mantenimiento, o F-16A/B MLU que todavía dispongan de suficientes horas de vuelo y márgenes de fatiga estructural aceptables. En ambos casos, la selección debería priorizar aeronaves capaces de incorporarse rápidamente al servicio, con costos de recuperación razonables y un horizonte operativo que justifique la inversión.

El objetivo sería disponer de dos brigadas aéreas plenamente equipadas con F-16 en un plazo aproximado de cinco años, aprovechando las ventajas de operar una plataforma común en materia de entrenamiento, mantenimiento, armamento y apoyo logístico.

Naturalmente, la adquisición de células usadas no resolvería por sí sola el problema. Sería necesario evaluar su incorporación a programas de extensión de vida útil y actualización estructural, siguiendo experiencias como el SLSP danés para los F-16 MLU o el SLEP estadounidense para los F-16C/D, además de realizar las correspondientes modernizaciones de software y hardware (S&H). La viabilidad técnica y económica de estas intervenciones dependería de la condición particular de cada aeronave y de su historial de utilización.

La principal desventaja seguiría siendo la vida útil remanente. Los F-16 fueron concebidos originalmente para una referencia de 8.000 horas de vuelo, aunque determinados programas de extensión estructural permiten superar ese umbral. En el mejor de los escenarios considerados para las células usadas, podría disponerse de aproximadamente la mitad de esa vida útil original, como sucede con algunos F-16BM daneses. Esto obliga a considerar no solamente el costo inicial de adquisición, sino también las horas efectivamente recuperables y el costo operativo por hora durante el período de servicio previsto.

Por eso, un eventual Peace Condor II debería comenzar a definirse cuanto antes, con un horizonte máximo de ejecución de cinco años. La planificación tendría que contemplar tanto la incorporación de nuevas aeronaves como la infraestructura, los repuestos, la capacitación del personal, las reservas de armamento y los equipos de apoyo necesarios para sostener dos brigadas operativas.

Existe, además, una consideración estratégica que excede lo estrictamente técnico: la oportunidad política. Las condiciones diplomáticas que hoy favorecen el reequipamiento de la FAA podrían no mantenerse indefinidamente. Avanzar mientras esa ventana permanezca abierta permitiría negociar mejores condiciones de financiamiento, plazos de entrega, paquetes de armamento y sistemas complementarios, particularmente aeronaves de reabastecimiento en vuelo, indispensables para aprovechar plenamente el alcance y la flexibilidad operativa de los F-16.

En definitiva, Peace Condor II no debería concebirse como una simple compra adicional de cazas, sino como la segunda fase de un proceso de recuperación de capacidades que necesita continuidad. La decisión central será encontrar un equilibrio entre disponibilidad inmediata, vida útil remanente y sostenibilidad presupuestaria, evitando que una incorporación acelerada termine generando una nueva necesidad de reemplazo en pocos años.

El tiempo dirá si la FAA logra transformar esta oportunidad en un programa concreto antes de que cambien las condiciones que hoy hacen posible su reequipamiento.





jueves, 29 de octubre de 2026

Operación Sindoor: Arte representando el derribo de un Rafale por un J-10CE

J-10CE pakistaní derriba a un Rafale indio





La pintura representa a un J-10CE del Escuadrón Nº 15 “Cobras” de la PAF derribando un Rafale BS 001 de la IAF el 7 de mayo de 2025 a las 0040 hrs PST. Al menos 8 aviones indios fueron derribados esa noche, incluyendo 4 x Rafales, 1 x SU-30MKI, 1 x Mig-29UPG, 1 x Mirage 2000H y un dron.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Luftwaffe: Defendiendo la aeronave con el Wackeltopf

Wackeltopf, entrenando artilleros aerotransportados





Durante la Segunda Guerra Mundial, la Luftwaffe alemana entrenó a los artilleros de bombarderos utilizando un simulador de movimiento mecánico conocido como el Wackeltopf (olla tambaleante).

Esto les obligó a dominar los principios de tiro por deflexión mientras compensaban simultáneamente la desorientación física de una plataforma de disparo inestable.

martes, 27 de octubre de 2026

Prototipo: Henschel Hs 132

Henschel Hs 132

 





Durante la segunda mitad de 1943, la experiencia demostró que las pérdidas sufridas durante los bombardeos en picada convencionales con el veterano Junkers Ju 87 se estaban volviendo prohibitivas si no se contaba con una fuerte escolta de cazas, particularmente frente a la presencia aérea soviética, cada vez mayor, en el Frente Oriental.

La compañía Henschel, que tenía una considerable experiencia en la producción de aviones de apoyo terrestre, presentó hacia fines de 1944 una propuesta para un bombardero de ataque monoplaza, esencialmente sencillo y propulsado por un único reactor, con un turborreactor BMW 109-003E-2 montado sobre el fuselaje. En esencia, el avión se parecía al Heinkel He 162, con doble deriva y timones de dirección, aunque sus alas, fuertemente ahusadas, estaban montadas a media altura del fuselaje. Más significativo aún era que el piloto ocupaba una posición prona, acostado boca abajo en el extremo del morro, a fin de soportar las probables fuerzas de 12 g que se esperaba que acompañaran la recuperación de una picada poco pronunciada.

La construcción simplificada, con un amplio uso de madera en la estructura, fue bien recibida por el RLM, y se encargaron tres prototipos, cuya construcción comenzó en marzo de 1945. Al finalizar la guerra, únicamente se había completado el Henschel Hs 132 V1 —aunque nunca llegó a volar—, y los tres aparatos fueron capturados por las fuerzas soviéticas durante su avance desde el este.

El primer avión debía llevar una única bomba de 500 kg, parcialmente encastrada bajo el fuselaje; el segundo, equipado con un motor de 900 kg de empuje, combinaba esa carga con dos cañones MG 151 de 20 mm montados en el morro; y el tercero, impulsado por un turborreactor Heinkel-Hirth 109-011A de 1.300 kg de empuje, debía transportar una bomba de 1.000 kg, dos cañones MK 103 de 30 mm y dos MG 151 de 20 mm. Estaba previsto utilizar la bomba perforante de blindaje asistida por cohete PC 1000 RS Pol en misiones de apoyo sobre el campo de batalla.

Especificaciones — Hs 132 V1

Tipo: bombardero en picada monoplaza.
Planta motriz: un turborreactor BMW 109-003E-2 de 800 kg de empuje (1.764 lb).

Prestaciones: velocidad máxima de 780 km/h (485 mph) a 6.000 m (19.685 pies); techo de servicio de 10.250 m (33.630 pies); alcance de 680 km (423 millas).

Pesos: peso máximo de despegue de 3.400 kg (7.496 lb).

Dimensiones: envergadura de 7,20 m (23 pies 7½ pulgadas); longitud de 8,90 m (29 pies 2½ pulgadas); superficie alar de 14,82 m² (159,4 pies²).

Armamento: una bomba de 500 kg (1.102 lb) bajo el fuselaje.

Texto destacado

Aunque nunca llegó a volar, el Henschel Hs 132 fue un concepto sumamente interesante. Con una configuración que recordaba a la del Heinkel He 162, la característica más llamativa del avión era la posición prona del piloto, incorporada para permitirle soportar las 12 g previstas cuando el aparato saliera de la picada después de lanzar la bomba.