martes, 30 de diciembre de 2025

Argentina: Los F-16 argentinos expulsan a los JF-17 del mercado latinoamericano

Los cazas F-16 argentinos expulsaron a los JF-17 chinos

Noticias de Israel


   


Los primeros cazas F-16 de la Fuerza Aérea Argentina. Foto: Ministerio de Defensa argentino


El gobierno eligió veinticuatro F-16 con apoyo estadounidense, rechazó el JF-17 y priorizó interoperabilidad occidental, entrenamiento conjunto y modernización de la Fuerza Aérea Argentina.

Compra de F-16, entrega inicial y alineamiento con estándares OTAN

El gobierno argentino formalizó en abril de 2024 la compra de veinticuatro F-16 a Dinamarca por trescientos millones de dólares, con respaldo financiero de Estados Unidos. La selección favoreció equipamiento occidental frente a propuestas chinas para suministrar JF-17, de acuerdo con autoridades de Defensa. La decisión se enlazó con la modernización de la Fuerza Aérea Argentina y con la recuperación de la capacidad supersónica, perdida desde la década de 1990, al incorporarse los primeros seis aparatos en noviembre de 2025.

El gobierno justificó la compra por la necesidad de ajustar capacidades defensivas a estándares compatibles con la OTAN, según expuso el ministro Luis Petri durante el acto de recepción en la base aérea de Río Cuarto. En paralelo, la operación con Dinamarca se relacionó con el recambio danés de F-16 por F-35. Los aparatos adquiridos corresponden al Block 15 e incluyen aviónica modernizada, misiles AIM-9X y AIM-120, contenedores de reconocimiento y municiones de entrenamiento.

Todo el paquete quedó bajo supervisión del Departamento de Estado de Estados Unidos, que aprobó la venta en octubre de 2023 para mantener la interoperabilidad con fuerzas aliadas. Esa condición aseguró el acceso a repuestos y a procedimientos estandarizados con socios occidentales. La estructura contractual encuadró la transferencia dentro de los mecanismos de control habituales, con la finalidad de preservar compatibilidades técnicas, doctrinales y logísticas, además de habilitar ejercicios combinados con países que operan sistemas similares en la región.



JF-17

La entrega inicial de noviembre de 2025 se enmarcó en un cronograma escalonado y reforzó la señal política de alineamiento con Occidente. La Fuerza Aérea vinculó el programa con la recomposición de vigilancia y de intercepción, tras décadas de deterioro por limitaciones presupuestarias y restricciones de acceso a repuestos europeos después de 1982. En el plano simbólico, el acto oficial consolidó el mensaje de integración con aliados tradicionales mediante la adopción de estándares y de procedimientos compatibles con la OTAN.

Datos clave de la operación con Dinamarca y Estados Unidos


  • Veinticuatro F-16 Block 15 procedentes de Dinamarca por $300 millones.
  • Primeros seis aviones entregados en noviembre de 2025 en Río Cuarto.
  • Armamento integrado: misiles AIM-9X y AIM-120, más pods de reconocimiento.
  • Aprobación del Departamento de Estado en octubre de 2023 para asegurar interoperabilidad.
  • Compra justificada por compatibilidad OTAN y modernización de capacidades supersónicas.

Proceso de evaluación, oferta china y giro estratégico hacia Occidente

La preferencia por los F-16 surgió después de un proceso de evaluación que descartó alternativas. China, a través de su corporación aeronáutica, promovió el JF-17 Thunder con radar de barrido electrónico activo y empleo de misiles aire-aire de alcance medio. El gobierno de Alberto Fernández examinó esa opción en 2022 y 2023, mientras delegaciones chinas visitaron Buenos Aires para exponer prestaciones y proponer precios inferiores con esquemas de financiamiento flexibles, según informes del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Tras asumir en diciembre de 2023, la administración de Javier Milei priorizó un alineamiento estratégico con países occidentales y desechó la propuesta china. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, valoró la decisión durante su visita de abril de 2025 y la describió como una medida para limitar el incremento de la influencia de actores externos en la región. En el plano operativo, la compra renovó el inventario argentino y amplió la participación en cooperación militar con aliados.


Los primeros cazas F-16 de la Fuerza Aérea Argentina. Foto: Ministerio de Defensa argentino

Los mecanismos de cooperación incluyeron entrenamientos conjuntos y acceso a repuestos estandarizados dentro de marcos que Estados Unidos promueve con socios cercanos. La elección favoreció la convergencia de doctrinas y de procedimientos con fuerzas que emplean familias F-16. Esa orientación se proyectó sobre ejercicios, logística y calendarización de mantenimientos, además de articular intercambios técnicos. La adopción de sistemas homologados facilitó la integración con redes de mando y control que sostienen prácticas operativas comunes en el hemisferio occidental.

El análisis del JF-17 había incluido simulaciones de vuelo, estudios de costos y ofertas que contemplaron ensamblaje local en la Fábrica Argentina de Aviones, con una provisión posible de hasta treinta y seis unidades. Documentos filtrados del ministerio de Defensa reflejaron ese alcance. Sin embargo, el gobierno señaló objeciones sobre calidad de componentes, compatibilidad con sistemas existentes y eventuales restricciones derivadas de sanciones internacionales, por lo que la evaluación concluyó sin adjudicar el contrato a proveedores chinos.

Esfuerzos chinos en Latinoamérica y límites en cazas de alto rendimiento

El marco general incluyó intentos de Beijing por ampliar presencia en el mercado de armamento latinoamericano desde la década de 2010. China concretó ventas de equipo militar a Venezuela, Perú y Bolivia, con suministros valorizados en cientos de millones de dólares y con acuerdos de coproducción y de transferencia de tecnología. Venezuela adquirió en 2015 aviones de entrenamiento K-8W y sistemas de radar. Perú incorporó en 2018 lanzacohetes múltiples Tipo 90B, según registros de una comisión bilateral estadounidense.

En aviación de combate, China ofreció el JF-17 como principal producto exportable, un monomotor apto para misiones de superioridad aérea y ataque a tierra, ya aceptado por Pakistán, Myanmar y Nigeria. Autoridades chinas destacaron un costo operativo más bajo y la integración con sistemas propios de mando y control, con argumentos orientados a presupuestos limitados. Aun con esas ventajas declaradas, la penetración regional enfrentó resistencias que crecieron en categorías donde el historial operativo y la interoperabilidad pesan más.


JF-17

En Argentina, el examen del JF-17 proyectó un ahorro del treinta por ciento frente a opciones occidentales y contempló ensamblaje en Córdoba. Pese a ello, las objeciones oficiales y las prioridades estratégicas se impusieron. A ese cuadro se añadió presión diplomática del Reino Unido, país que mantiene una disputa territorial por las Islas Malvinas, con reportes que aludieron a intentos de limitar el armamento de los F-16 de origen danés mediante la exclusión de misiles de largo alcance en el Atlántico Sur.

Las decisiones que privilegiaron plataformas con amplio historial, como el F-16, señalaron límites para propuestas chinas en cazas avanzados. La combinación de interoperabilidad, soporte logístico comprobado y experiencias de combate acumuladas resultó decisiva en análisis públicos y técnicos. En ese contexto, la competencia comercial del JF-17 quedó circunscrita a presentaciones y a ofertas sin contratos en gran escala dentro de Sudamérica, según evaluaciones académicas y registros oficiales difundidos en los últimos años.

Decisiones regionales y preferencia por plataformas con historial

En Colombia, el gobierno consideró en mayo de 2025 la adquisición del J-10C, un caza de cuarta generación comparable con variantes modernizadas del F-16. Las conversaciones no superaron consultas iniciales y el país priorizó opciones europeas, como el Gripen sueco. En Chile y Brasil, las fuerzas aéreas mantuvieron flotas basadas en F-16 y F-5 modernizados. Ofertas chinas que incluyeron el FC-1 no prosperaron, de acuerdo con reportes oficiales y debates públicos.

Los argumentos destacados aludieron al historial operativo y al desempeño en conflictos, con el F-16 acumulando miles de horas de vuelo desde la Guerra del Golfo hasta misiones en Ucrania. En contraste, el JF-17 registró empleo más acotado, con participación centrada en operaciones antiterroristas en Pakistán. La Universidad del Ejército de Estados Unidos consignó que las ventas chinas de aeronaves en Latinoamérica sumaron cincuenta y ocho millones de dólares en entrenadores entre 2010 y 2020, sin cazas de alto rendimiento.


Los primeros cazas F-16 de la Fuerza Aérea Argentina. Foto: Ministerio de Defensa argentino

Ese patrón reforzó inclinaciones regionales hacia proveedores occidentales, donde la disponibilidad de repuestos, la formación combinada y la doctrina compartida mantuvieron un peso decisivo. La preferencia por familias con soporte industrial robusto permitió planificar reemplazos, modernizaciones y ciclos de mantenimiento sobre bases previsibles. Esa lógica pesó en presupuestos y en cronogramas, al reducir incertidumbres de abastecimiento y al asegurar compatibilidades de software, armamento y procedimientos que múltiples países ya validaron en décadas recientes.

Las comparaciones también destacaron ecosistemas de entrenamiento y alianzas. Países que volaron F-16 establecieron redes de intercambio de información técnica y de entrenamiento avanzado con Estados Unidos y con Europa. Esa capa adicional de cooperación elevó barreras de entrada para modelos con menor adopción regional. En conjunto, el debate reforzó una preferencia por plataformas probadas al equilibrar costos, capacidades, durabilidad y acceso a mejoras sucesivas dentro de líneas de producción con continuidad garantizada.

Tensiones bilaterales y continuidad de vínculos económicos con China

La elección argentina generó tensiones con China, actor con inversiones en minería de litio en el norte del país y con una estación espacial en Neuquén desde 2014. Tras la decisión sobre los cazas, Beijing expresó su disconformidad por canales diplomáticos y calificó como interferencias maliciosas declaraciones estadounidenses relativas a la necesidad de eliminar acuerdos de intercambio de divisas que vinculan a ambos países.

El acuerdo de intercambio de divisas se renovó en abril de 2025 por dieciocho mil millones de dólares y contribuyó a estabilizar reservas argentinas. Ese instrumento no alteró la preferencia por proveedores occidentales en defensa. En diciembre de 2025, durante un discurso en una base aérea con motivo de la recepción de los primeros F-16, el presidente Javier Milei sostuvo que la adquisición constituyó el mejor acuerdo desde 1983 y destacó la integración con aliados estratégicos como reafirmación de la soberanía nacional.


JF-17 Thunder

En paralelo, el embajador chino en Buenos Aires reiteró el interés de su país en proyectos de infraestructura, incluida la modernización ferroviaria bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a la que Argentina se incorporó en 2022. Esa agenda económica coexistió con una redefinición de prioridades en materia de defensa, que colocó a Estados Unidos y a sus aliados como socios preferentes para adquisiciones de alto impacto tecnológico y para esquemas de cooperación ampliada.

Las implicancias presupuestarias incluyeron el uso de fondos del Fondo Nacional de la Defensa y financiamiento militar extranjero de Estados Unidos por cuarenta millones de dólares, lo que redujo presión sobre cuentas públicas durante un período de ajustes fiscales. China mantuvo promociones en ferias como la Exposición Internacional de Defensa de Río de Janeiro en 2024, con variantes del JF-17 mejoradas en sensores infrarrojos, aunque sin contratos de gran magnitud en Sudamérica.

Entrenamiento, despliegue de la flota y prestaciones comparativas clave

La incorporación de F-16 requirió un programa de formación para pilotos y técnicos argentinos en instalaciones de Dinamarca y de Estados Unidos. El esquema de entrega contempló veinticinco aparatos: veinticuatro operativos y uno no operativo para prácticas de mantenimiento. La flota quedó asignada a la VI Brigada Aérea en Tandil, mientras el acto de recepción se realizó en Río Cuarto. Con estos medios, la Fuerza Aérea recuperó capacidades de intercepción y patrulla deterioradas tras el embargo británico de 1982.

En prestaciones, los F-16 ofrecen un alcance superior a mil quinientos kilómetros y una velocidad máxima de Mach 2. El JF-17 alcanza Mach 1,6 y emplea motores rusos RD-93, con exposición a variaciones de suministro en el mercado internacional. Expertos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales asociaron la diferencia técnica con el soporte logístico de Lockheed Martin y destacaron ventajas para una operatividad sostenida en un entorno vecinal con cazas comparables.



Los primeros cazas F-16 de la Fuerza Aérea Argentina. Foto: Ministerio de Defensa argentino

En el plano regional, la decisión argentina influyó en debates sobre adquisiciones al aportar un caso reciente en el que una oferta china no derivó en compra de cazas. México y Panamá manifestaron reservas similares sobre equipamiento de Beijing y se inclinaron por helicópteros y radares estadounidenses. En Perú, pese a suministros chinos de vehículos blindados en 2015, la fuerza aérea mantuvo la orientación hacia proveedores occidentales y rechazó propuestas vinculadas con el J-10, a favor de modernizaciones del Mirage 2000.

En suma, la llegada de F-16 en 2025 marcó un cambio relevante en la recomposición de capacidades aéreas. La entrega progresiva culminó con la integración de la flota para misiones de vigilancia marítima y fronteriza, después de capacitar a más de cien efectivos en Dinamarca. Los aviones, con pintura en colores nacionales, realizaron vuelos de prueba sobre territorio argentino en diciembre de 2025. El jefe Xavier Isaac definió la modernización como un avance esencial para la disuasión y para la estandarización regional.

lunes, 29 de diciembre de 2025

SGM: Aviones norteamericanos capturados en Java

Aviones norteamericanos capturados en Java


En 1943, en la isla de Java, el Ejército japonés capturó un bombardero B-17E Flying Fortress, un caza Curtiss-Wright CW-21B y un avión de entrenamiento CW-22.
El Departamento de Inspección de Aviación del Ejército llevó a cabo una investigación, asombrado por la ausencia de fugas de aceite.



Avión bombardero pesado B-17 de origen estadounidense. Capturado y puesto en condiciones de vuelo para pruebas de maniobrabilidad y armamento por el Ejército Imperial Japonés. Frente del Pacífico.



domingo, 28 de diciembre de 2025

viernes, 26 de diciembre de 2025

SAM: Cohete anti bombardero "Maikäfer Flakrakete 42" (210mm)

Cohete anti bombardero alemán, el "Maikäfer Flakrakete 42"


El programa del cañón antiaéreo Maikäfer Flakrakete 42 de 21 cm surgió de una directiva de Hitler en agosto de 1943 para desarrollar un arma antiaérea Flak basada en el cohete de artillería Nebelwerfer de 21 cm, según la obra del general de artillería antiaérea a.D. von Renz, «Desarrollo de armas y equipos antiaéreos alemanes de todo tipo hasta 1945» (págs. 349 y siguientes). El programa fracasó, aunque varios informes de inteligencia aliados mencionan el cohete. El misterio que persiste es el lanzador. El antiguo libro polaco «Rakety Bojowe» incluye una fotografía que parece mostrar la celda de lanzamiento, pero no el lanzador completo.


jueves, 25 de diciembre de 2025

Prototipo: Bombardero torpedero de reconocimiento Laté 299


Prototipo Laté 299





Laté 299: Un bombardero torpedero de reconocimiento de tres plazas con base en tierra derivado del Late 298, propulsado por un Hispano-Suiza 12Y-43 de 920 hp, primer vuelo el 7 de julio de 1939, (dos prototipos construidos).



miércoles, 24 de diciembre de 2025

Combate aéreo: Experiencia de acciones de cobertura en la aviación soviética de 1942

Cómo un caza puede dar cobertura a un avión de ataque: experiencia de 1942




Artefactos de una gran época

Durante la Gran Guerra Patria, el Il-2 se convirtió en el avión de combate más solicitado por las unidades aéreas. El perfil del avión de ataque incluía ataques a buques de guerra, torpederos, petroleros y otros transportes enemigos. En algunos casos, el Ilyushin proporcionó apoyo aéreo para operaciones de desembarco, destruyendo fortificaciones costeras, puentes, muelles y otras instalaciones portuarias. El blindado y difícil de manejar Il-2 no podía operar solo; requería cobertura de cazas. Esto no siempre fue posible, pero la experiencia existente en escolta se registró, resumió y difundió. En particular, esto puede verse en las publicaciones de la "Colección Naval" de la Gran Guerra Patria, que ahora se consideran artefactos invaluables. Así, en agosto-septiembre de 1942, el capitán V. I. Babernov comparte su experiencia escoltando aviones de ataque de la aviación de caza: 



LaGG-3

Las misiones llevadas a cabo por aviones de ataque se pueden dividir en dos tipos: ataques a la línea de defensa delantera enemiga y ataques a objetivos militares en la retaguardia enemiga (aeródromos, cruces ferroviarios, etc.).

Nuestra unidad de cazas tuvo que interactuar tanto con aviones de ataque basados ​​en el mismo aeródromo que nosotros como con aviones de ataque estacionados en aeródromos a decenas de kilómetros de distancia. En ambos casos, la experiencia de combate confirmó la necesidad de una cobertura de cazas bien organizada para apoyar las operaciones de los aviones de ataque.

La experiencia de combate ha demostrado que un grupo de aviones de ataque, volando bajo una cobertura de cazas fiable y bien organizada, siempre completó con éxito las misiones de combate y prácticamente no sufrió bajas por las contramedidas de los cazas enemigos.
El despliegue conjunto de cazas y aviones de ataque facilitó la comprensión mutua en la ejecución de las misiones de combate asignadas, la excelente organización de las salidas y el desarrollo de los mejores métodos de escolta en todas las etapas del vuelo. Con este despliegue, no hubo límite de tiempo para la preparación de una salida, lo que comprometía la claridad y la comprensión integral de las tareas a las que se enfrentaban las tripulaciones de ambos tipos de aeronaves. El principal método de control era la comunicación personal: comunicación en directo entre las tripulaciones de los aviones de ataque y los cazas.

Organizar la cobertura aérea se volvió cada vez más difícil cuando los aviones de ataque y los cazas se encontraban en aeródromos diferentes. Las tripulaciones de vuelo se conocían poco y solo se desarrollaba un entendimiento mutuo durante el vuelo. Los frecuentes cambios de situación requerían comunicaciones claras y organizadas. Mientras tanto, las comunicaciones, especialmente a larga distancia, se interrumpían con frecuencia. Esta circunstancia, al producirse cambios en las horas de salida, los planes de coordinación y otros, colocaba a los aviones de ataque y a los cazas en situaciones difíciles. La mejor manera de establecer comunicaciones cuando se basaban por separado era enviar un delegado del cuartel general de la unidad de cazas al cuartel general de la unidad de ataque para organizar la coordinación. Esto requería resolver todos los asuntos, desde la reunión de cazas y aviones de ataque hasta proporcionar cobertura de aterrizaje. Por supuesto, esto requiere un tiempo de preparación extenso, del que las unidades no siempre disponen en situaciones de combate.

El comandante del escuadrón de aviones de ataque, tras recibir una misión para atacar posiciones de fuego enemigas ubicadas en la línea defensiva delantera, comunicaba simultáneamente la misión a sus pilotos e informaba al comandante del caza sobre la hora de salida, la ruta, el área de operaciones, el método de ataque y el número de atacantes. Si había tiempo suficiente para la preparación, se organizaba un ensayo de vuelo conjunto. De esta manera, el comandante del grupo de cazas de escolta estaba siempre informado de todos los asuntos relacionados con la cobertura y la escolta. Además, conocía al detalle la misión y los métodos de operación del avión de ataque.

La organización de un despegue desde un único aeródromo se realizaba de la siguiente manera: al recibir la señal, los cazas despegaban primero y, reuniéndose sobre el aeródromo, cubrían el despegue del avión de ataque. En la mayoría de los casos, la unidad de aviones de ataque se dirigía al objetivo en formación en cuña.

Con los aviones de ataque y los cazas estacionados por separado, se prestaba especial atención a la organización del encuentro, que se planificaba meticulosamente. En ocasiones (si el tiempo lo permitía), los cazas aterrizaban en el aeródromo del avión de ataque, repostaban y operaban como unidades con base en el mismo aeródromo. Si el tiempo apremiaba, los cazas llegaban al aeródromo del avión de ataque a una hora determinada (este último ya estaría en nivel de preparación 2) y cubrían su despegue.

En los casos en que un aeródromo de cazas se dirigía al objetivo, el avión de ataque llegaba al aeródromo a la hora designada, tras haber sido notificado con antelación. Esto permitía a los cazas estar completamente preparados para el despegue a la llegada del avión de ataque y unirse a la formación general para el vuelo en ruta.

Al acercarse al objetivo, los aviones de ataque se reagrupaban en una formación de rumbo y realizaban todos los ataques en esta formación. Durante el ataque inicial, el fuego de cañón y ametralladora de los aviones de ataque suprimía las posiciones antiaéreas enemigas y luego atacaba los puntos de resistencia enemigos. Este método de ataque protegía a los aviones de ataque del fuego antiaéreo , ya que los aviones que seguían al avión líder podían ver la dirección del fuego de artillería antiaérea y destruir los emplazamientos enemigos con sus ametralladoras y cañones. Sin embargo, este método solo era efectivo cuando participaban al menos cuatro o cinco aviones en el ataque. Si el grupo tenía menos de cuatro aviones, era más ventajoso atacar puntos predesignados u objetivos más grandes (como columnas blindadas) y lanzar ataques sorpresa en una o, como máximo, dos pasadas.


Yak-1

Nuestro escuadrón estaba armado con dos tipos de aeronaves: el Lagg-3 y el Yak-1. Los Yak-1 estaban asignados a un grupo de ataque diseñado para hostigar a los cazas enemigos, mientras que los Lagg-3 proporcionaban cobertura directa a los aviones de ataque terrestre, atacando solo tras la aparición de un segundo grupo de cazas enemigos. Esta disposición resultó eficaz en combate con aeronaves alemanas, ya que impedía que los cazas enemigos atacaran a los aviones de ataque terrestre con impunidad, a la vez que distraía a los cazas de escolta. Los alemanes solían enfrentarse a los aviones de ataque terrestre con grupos de cazas. Sin embargo, solo tenían éxito cuando nuestros cazas de escolta estaban mal organizados y se abalanzaban sobre los recién llegados Me-109, permitiendo que el segundo grupo de cazas enemigos atacara a los aviones de ataque terrestre.

La proporción entre aviones de ataque y cazas es crucial a la hora de organizar las interacciones. Durante incursiones diurnas sobre objetivos cubiertos por cazas enemigos, la proporción entre aviones de ataque y cazas debería ser de al menos 1:3. Además, es mucho más fácil proporcionar una cobertura fiable si el grupo de aviones de ataque está en formación cerrada que en una formación dispersa.

A medida que los aviones de ataque se acercaban a su objetivo (y regresaban), los cazas de escolta volaban siempre en dos formaciones: los Yak-1 a 500 metros por encima y ligeramente por detrás de los aviones de ataque, mientras que los Lagg-3 se acercaban más, ya sea a la misma altitud o ligeramente por encima (hasta 100 metros). El comandante del grupo de cazas determinaba su posición en la formación en función de la necesidad de garantizar una buena visibilidad de los aviones de ataque que cubría, libertad de maniobra y la máxima proximidad a ellos. Con la ventaja de la velocidad, los cazas se lanzaban en picado tras los aviones de ataque, intentando supervisar completamente el espacio aéreo, especialmente la retaguardia, ya que los alemanes solo atacaban por detrás, desde las nubes o el sol (contando con la sorpresa), o cuando tenían una clara superioridad numérica.

Al atacar el borde delantero de la defensa, los aviones de ataque se aproximaban a sus objetivos a una altitud de entre 1000 y 1500 metros. Cuando la nubosidad les impedía volar a tal altitud, volaban a ras de la base de la nube o detrás de ella si era delgada o presentaba huecos.

No se utilizaban cazas para realizar ataques terrestres contra la línea defensiva delantera. Todo el personal enemigo se encontraba bajo tierra o protegido por blindados, por lo que no estaba expuesto al fuego de los cazas.

Cuando los aviones de ataque Il-2 atacan la línea defensiva delantera del enemigo, los cazas que los cubren deben permanecer sobre territorio amigo para evitar el fuego antiaéreo. La distancia y la altitud de los cazas con respecto a los aviones de ataque dependen de la capacidad de observarlos eficazmente, para evitar que ataquen nuestros aviones si aparecen cazas enemigos.

Los vuelos de ataque contra objetivos militares ubicados en territorio enemigo se realizaban a gran altitud, alcanzando hasta 3000 metros, o a baja altitud. En este último caso, los aviones de ataque eran liderados por cazas del grupo de ataque, volando a una altitud de 1500-2000 metros, para apuntar con precisión al objetivo. El vuelo líder revelaba el objetivo al lanzarse en picado sobre él. El vuelo a baja altitud proporcionaba una excelente sorpresa.

Al atacar aeródromos enemigos, las escoltas de cazas pueden encargarse de un número limitado de ataques a aeronaves en tierra, así como de destruir aeronaves enemigas que intentan despegar. Los pilotos de caza deben recordar que al atacar objetivos terrestres, no pueden gastar más del 0,5% de su munición; la mitad de esta munición debe reservarse para el combate aéreo. Los cazas deben atacar objetivos terrestres según un plan predeterminado, siguiendo estrictamente la secuencia para no debilitar la cobertura de la aeronave de ataque. Las aeronaves enemigas que han despegado o acuden al rescate son destruidas por los cazas del grupo de ataque.

Para asegurar una aproximación sorpresiva al objetivo, se eligió una ruta que atravesara bosques y pantanos. Se evitaron los grandes asentamientos, ya que estos solían albergar grandes concentraciones de artillería antiaérea y puestos de vigilancia, alerta y comunicaciones aéreas (VNOS). En la zona objetivo, los grupos de cazas se reagrupaban y formaban un anillo cerrado. Esta disposición de seguridad impedía un ataque sorpresa de los cazas enemigos y permitía una total libertad de maniobra. Al atravesar una zona con alta densidad de artillería antiaérea, las escoltas de cazas controlaban su altitud y velocidad.


  • «Пеленг звеньев» → “Peleng de escuadrillas” (literal). En uso: formación diagonal / escalonada de varias escuadrillas.
  • «Колонна звеньев» → “Columna de escuadrillas” (una detrás de otra).
  • «Змейка звеньев» → “Serpentina de escuadrillas” (zigzag).
  • «Клин звеньев» → “Cuña de escuadrillas” (formación en V).
  • «Круг» → “Círculo” (rueda).

Las tripulaciones de cazas asignadas a escoltar aviones de ataque que realizan misiones de combate en condiciones meteorológicas adversas deben seleccionarse con especial cuidado.


Los aviones Il-2 se pintan para que coincidan con el terreno a efectos de camuflaje; se pierden fácilmente a distancia, lo que equivale al fracaso de la misión. Los cazas de escolta deben comprender bien esta regla: nunca deben perder de vista al avión de ataque, ya que cualquier fallo en la observación conlleva la pérdida del avión escoltado. El exceso de velocidad debe reducirse mediante virajes zigzagueantes, evitando los virajes a toda costa. Descuidar esto ha tenido consecuencias trágicas.

Pongamos un ejemplo que confirma este punto. Un grupo de aviones de ataque Il-2, con cazas MiG-3 como cobertura, se dispuso a atacar un convoy de transporte enemigo en el estrecho de Irben. El vuelo sobre el mar se vio dificultado por el deterioro de la visibilidad. El comandante del grupo de escolta no tuvo en cuenta las condiciones meteorológicas cambiantes y continuó reduciendo periódicamente su exceso de velocidad con virajes. Al pasar por el istmo de Tserelskaya, el grupo de cazas volvió a entrar en un viraje que duró hasta un minuto y, al salir, ya no encontró el avión de ataque. El comandante del grupo de cazas realizó una búsqueda a lo largo del rumbo, pero fracasó de nuevo. Al observar algunos transportes o barcos de vapor más adelante, el comandante supuso que eran objetivos para los aviones de ataque. Siguió estos buques, pero tampoco había aviones de ataque allí. En ese momento, estos últimos, sin cobertura, alcanzaron su objetivo y atacaron a los transportes enemigos (a 20 km al este del lugar donde habían llegado nuestros cazas de escolta).


Al regresar al aeródromo tras el ataque, los aviones de ataque Il-2 generalmente volaban a baja altura. El grupo de cazas de ataque despegó a una altitud de entre 1500 y 2000 metros. El grupo de cobertura cercana solía volar a la misma altitud que los aviones de ataque. Los comandantes de grupo eran los principales responsables de observar a los aviones de ataque, mientras que los pilotos de flanco aseguraban una cobertura aérea de 360 ​​grados. Al regresar, los cazas vigilaban de cerca el aire para evitar que los aviones de reconocimiento o de contacto enemigos detectaran el aeródromo y lo atacaran. Los cazas eran los últimos en aterrizar. Si el vuelo se acercaba al radio máximo, de tres a seis cazas del aeródromo se movilizaban para cubrir el aterrizaje de los cazas y los aviones de ataque.