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domingo, 12 de abril de 2026

Análisis de las funcionalidades de las distintas variantes del F-35


 

Despegue corto, aterrizaje vertical y polémica horizontal

Global Strategy Report, 26/2022

Resumen: La aparición en los presupuestos de un programa para sustituir a los Harrier de la Armada parece indicar que se adquirirán F-35B. Los inconvenientes del programa, la dependencia industrial, el coste del sistema y las posibles alternativas, como los drones o los helicópteros de ataque, son argumentos en contra de esta compra. Sin embargo, el aumento de los presupuestos de Defensa, la situación geopolítica de España, las capacidades que se perderían, un análisis más concienzudo del coste y el éxito de exportación del cazabombardero dejan patente sus bondades.

Para citar como referencia: Supervielle, Federico (2022), «Despegue corto, aterrizaje vertical y polémica horizontal», Global Strategy Report, No 26/2022.


La posible adquisición del F-35B para nuestra Armada puede ser el único asunto que despierte más pasiones que un partido de la Selección. Al menos, entre los aficionados a los asuntos militares aunque, por su vistosidad, es de los pocos temas de esta índole que alcanza una repercusión algo mayor, con la participación de algunos políticos y noticias en medios generalistas.

El borrador de presupuestos generales del Estado para 2023 ha vuelto a sacar el tema a la luz con la aparición del superproyecto 2023 14 03 1012: «Avión sustituto del AV-8B y C-15M – 2ª Fase». El C-15M es la denominación del Ejército del Aire para sus F-18, que ya cuentan con otra partida de 4.500 millones de euros. La partida conjunta para los AV-8B y la segunda fase de F-18 está valorada en 6.250 millones de euros. Respecto al relevo de los C-15M podría haber debate, pues los basados en Canarias supimos el año pasado que serán relevados por modelos modernos de Eurofighter. Sin embargo, solo un avión puede relevar al Harrier: el F-35 Lightning II en su versión STOVL (despegue corto y aterrizaje vertical). Por tanto, todo parece indicar que los 4.500 millones serán para renovar la mayoría de los F-18 peninsulares por más Eurofighter, mientras que la partida de 6250 millones supondrá la compra conjunta de F-35B para la Armada y un número relativamente reducido de F-35A para el Ejército del Aire.

Gasto, inversión y Defensa

Las compras de armamento suelen discutirse enfrentando la necesidad de contar con un determinado sistema a su precio, algo especialmente señalado en el caso del F-35B por su elevado coste, que trataremos más adelante. Si bien toda adquisición debe analizarse desde un punto de vista presupuestario, esta mentalidad tiene el peligro de caer en la trampa de considerar la seguridad como algo cuantitativo, cuando la seguridad es una cualidad, no una cantidad.

Esto es fácil de entender desde la perspectiva de la disuasión: una gran parte de nuestra seguridad depende de la percepción que tenga un potencial enemigo sobre nuestras capacidades. La derivada inmediata de esto es que la seguridad no se puede tasar y, sobre todo, que no cabe esperar retorno alguno de ella. Esta segunda trampa, también habitual, es en la que a menudo recaemos al defender una industria de Defensa nacional. Por supuesto, una industria militar propia, hasta cierto punto independiente, es una ventaja estratégica de primer orden; sin embargo, no podemos considerar los costes de nuestra Defensa «inversiones», como si esperásemos un retorno de ellos. Los costes de la Defensa son «gastos», a fondo perdido. El retorno de ese gasto es la seguridad, ese concepto intangible que no nos devolverá dinero… al menos, no directamente. Haciendo un símil algo simplista, la seguridad y la Defensa son como el seguro de un coche. Nadie paga el seguro esperando un retorno de su «inversión»; pagamos el seguro con el objeto de que, cuando tengamos un accidente, nos saque del aprieto. Habrá gente dispuesta a pagar un seguro a todo riesgo y otros que solo lo tendrán a terceros, pero ni unos ni otros esperan ganar dinero pagando el seguro. El presupuesto de Defensa es equivalente, con la particularidad de que, en lugar de evitarnos pagar los daños, pretende asegurar la supervivencia misma del Estado y muchos de sus ciudadanos.

El concepto de disuasión es también fundamental para comprender por qué muchas de las adquisiciones de material bélico están «infrautilizadas», otro de los argumentos habituales en contra de determinadas compras. El conflicto armado es el último recurso, aquel al que se acude cuando todo lo demás ha fallado y, desde el punto de vista estrictamente militar, la disuasión es la única herramienta para no llegar al conflicto. Por tanto, aunque pueda parecer contradictorio, el arma más efectiva puede ser la que no se ha usado nunca, porque la capacidad y voluntad de emplearla impidieron que el potencial enemigo se atreviera siquiera a llegar al conflicto.

En relación con este asunto, debemos tener en cuenta que la disuasión se ejerce mediante el conjunto de las Fuerzas Armadas —y la voluntad política y otras capacidades no estrictamente militares—, con lo que es importante que el diseño de la fuerza sea equilibrado. No tendría sentido una adquisición que pusiera en entredicho la operatividad de otras capacidades igual de necesarias. Hace poco más de un año, nada nos hacía prever un aumento de entidad en los presupuestos de Defensa y el propio AJEMA nos decía que «desde 2008 el presupuesto asignado a la Armada solo alcanza de media para el 70% del sostenimiento mínimo imprescindible»[i]. En esa situación, acometer un programa de gran entidad, teniendo que paliar un 30% de infrainversión durante década y media, y renovar una parte importante de las capacidades de la Armada, se antojaba demasiado ambicioso. Aun así, como veremos, la pérdida de capacidad sería tal que el debate continuaba abierto. Con la aparente tendencia positiva de los presupuestos de Defensa en los próximos años, la adquisición del F-35B bien puede encajar en el diseño de una Flota equilibrada.

El aumento de los presupuestos de Defensa es una buena noticia, como mínimo para empezar a paliar quince años de recortes, pero no es suficiente. Y no lo es porque la cantidad sea escasa —afirmación que merecería su propio estudio—, porque no llegue al ya famoso acuerdo OTAN del 2% del PIB o por otras cuestiones cuantitativas. Precisamente para permitir el diseño y adquisición de una fuerza equilibrada y eficaz, los presupuestos de Defensa no pueden renovarse de año en año. El más mínimo programa de armamento tiene varios años de duración y algunos de los más grandes duran décadas. Para diseñar una fuerza capaz de acometer las misiones que se le encomienden y ejercer la disuasión necesaria, los planificadores necesitan conocer el presupuesto de los próximos cinco, diez o, incluso, veinte años. Si bien la tendencia actual parece ser una de aumento, ¿qué ocurrirá si hay cambio de gobierno? ¿Y si hay otra crisis económica o financiera? ¿Qué pasará si Rusia es derrotada en Ucrania y Europa no percibe amenaza? Si los planificadores diseñan la fuerza en base al presupuesto que estiman para dentro de unos años, pero este se reduce, en el momento de la reducción nos veremos abocados a recortar, sin opción a elegir qué capacidades podemos reducir o perder. Al no contar con un presupuesto estable, renovamos capacidades a medida que podemos y esto nos permite, en teoría, perder las mínimas posibles. Pero también nos impide elegir cuáles damos de baja y, así, España ha perdido su capacidad de patrulla marítima o los aviones especializados en guerra electrónica. Podría darse el caso de que un presupuesto boyante nos haga adquirir una capacidad beneficiosa pero no fundamental y un recorte posterior nos haga perder una capacidad absolutamente esencial. La Defensa se debe planificar a largo plazo y, para ello, necesita unos presupuestos a largo plazo.

Por último, no podemos cerrar este epígrafe sin citar, aunque sea brevemente, la situación particular de España. Algunos países de nuestro entorno pueden concebir su Defensa desde un punto de vista puramente conjunto, pues sus únicas amenazas son compartidas con el resto de miembros de la Alianza. Sin embargo, la situación geográfica española, que tantas ventajas nos otorga o nos debería otorgar, también supone que España tenga que estar preparada para acometer ciertas amenazas de forma individual. A pesar de la insistencia en foros internacionales sobre la importancia del «Flanco Sur», la realidad es que ciertos asuntos solo nos incumben a nosotros e, incluso, como ocurrió en la crisis de Perejil, podemos encontrarnos con supuestos aliados haciéndonos la zancadilla[ii]. Es por ello que España no puede renunciar a algunas capacidades con la mentalidad de aportar otras a la Alianza y esperar que sus carencias sean paliadas por los demás miembros. En la medida de lo posible, España tiene que ser capaz de garantizar su propia Defensa, al menos en todos aquellos escenarios en los que no pueda asegurar la participación de la OTAN en su favor. El ala fija embarcada, como veremos, es fundamental en este sentido.

Una cuestión de capacidad

Las capacidades que aporta el ala fija embarcada son incuestionables: disuasión, control del mar, cobertura aérea, operaciones anfibias, ataque a suelo y ataque a buques. La disuasión a nivel estratégico que proporciona un grupo de combate encabezado por un portaeronaves es difícilmente superable salvo por armas nucleares. Ni siquiera el submarino, elemento de negación por excelencia y el sistema de armas más furtivo del mundo, genera la misma disuasión a nivel estratégico. Las capacidades del portaeronaves le permiten proyectar más poder, más lejos, que cualquier submarino no armado nuclearmente. El submarino, ideal para negar al enemigo el uso de ciertos espacios marítimos, no puede ejecutar el amplio abanico de misiones de un grupo aeronaval. Aunque sea solo porque menos de diez marinas en el mundo cuentan con ala fija embarcada, el hecho de disponer de esta capacidad automáticamente las convierte en marinas de primera división a ojos de cualquier rival.

La capacidad de control del mar que pueden ejercer las unidades de superficie se ve aumentada exponencialmente con el ala fija embarcada. El horizonte se amplía con la altura y la presencia de unidades de combate aéreo propias permite operar con cierta libertad a otras aeronaves como helicópteros o, incluso, aviones basados en tierra como los de patrulla marítima, que en ciertos escenarios pueden requerir escolta. Esa cobertura aérea no siempre podrá otorgarse por el Ejército del Aire operando desde sus bases en tierra. Incluso con capacidad de reabastecimiento en vuelo, operar en determinadas zonas podría ser imposible y, en muchas otras, extraordinariamente ineficiente. Desde luego, se podría renunciar a esas operaciones «lejanas», pero eso sería, en esencia, una pérdida de capacidades que mermaría nuestra disuasión, pues el enemigo sabría que no podríamos acometerlas; y una alternativa menos para los decisores, tanto políticos como militares, encargados de solucionar la crisis o el conflicto.

Las operaciones anfibias son, simple y llanamente, inviables sin ala fija embarcada. En escenarios muy cercanos a territorio nacional, se podría plantear una operación conjunta con apoyo del Ejército del Aire pero, una vez más, eso deja la capacidad disuasoria cercana a cero. Una de las premisas indispensables para una operación anfibia es la sorpresa y, si el enemigo conoce los pocos puntos en la que esta se puede realizar, estarán defendidos y la operación no será viable. Tampoco hay que desdeñar el adiestramiento específico, la doctrina y la experiencia de los pilotos navales en operaciones tanto puramente navales como anfibias. Otros pilotos podrán realizarlas, pero difícilmente al mismo nivel sin un adiestramiento y formación que los convertiría, esencialmente, en pilotos navales.

La pérdida de capacidades que supondría no contar con una fuerza anfibia creíble merecería un artículo por sí misma, pero citaremos a continuación algunas de las más destacadas. Las operaciones anfibias permiten emplear la mar como espacio de maniobra y los barcos como medio de transporte. La mayoría del comercio mundial se hace por mar porque es la forma más eficiente de mover grandes cantidades de material, algo también aplicable a una fuerza de combate. La fuerza naval, y por tanto la anfibia, no requiere del apoyo de un tercer Estado para operar, ampliando las posibilidades. Permanecer en aguas internacionales evita una posible escalada y la gran movilidad de una agrupación naval, que puede rondar las 300 millas náuticas al día, le permite situarse cómodamente en una posición no vulnerable ni amenazante desde la que acceder rápidamente a su objetivo. La inmensidad de la mar otorga otra gran ventaja: la sorpresa. Ni siquiera con la tecnología actual es fácil encontrar una flota en medio del océano. La disuasión que genera una fuerza anfibia no se puede lograr mediante otros métodos, ya que determinadas operaciones solo se podrán ejecutar con una fuerza anfibia. La fuerza anfibia también obliga al enemigo a repartir sus esfuerzos defensivos, pues puede ser atacado en casi cualquier lugar en casi cualquier momento: permite abrir segundos frentes, flanquear y buscar las posiciones más favorables.

En cuanto a la capacidad de ataque a suelo y ataque a tierra, ya existe en la Flota por otros métodos, pero la aviación de ala fija embarcada ofrece alternativas que, en función de la situación táctica, serán más adecuadas. También ofrece la posibilidad de realizar un ataque combinado con distintas armas y/o desde distintas direcciones, dificultando enormemente la defensa al enemigo[iii].

Ni tan bueno ni tan malo

Las propias capacidades del avión suelen ser objeto de debate alrededor del F-35. El programa, como cabe de esperar de uno de tamaña entidad, atravesó varios baches en los primeros años. Muy posiblemente, muchos de ellos derivados de la necesidad de obtener tres aviones con capacidades muy distintas a partir de un único proyecto. De hecho, el resultado final es que los tres modelos solo son iguales en un 20-25%, según el general jefe del programa[iv]. Sin embargo, la larga lista de usuarios debería por sí sola derribar las teorías conspiratorias de que se trata de un aparato plagado de problemas que los EE.UU. han vendido a Estados vasallos a cambio de protección. Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Israel, Japón, Países Bajos, Australia, Corea del Sur y Noruega ya operan el F-35, mientras que Dinamarca, Canadá, Bélgica, Polonia, Singapur, Finlandia y Suiza, al menos, se unirán muy pronto al club. El Lightning II va camino de los 1.000 aparatos y las 600.000 horas de vuelo[v]. Para hacernos una idea, el F-15 llevaba unos 1.200 aparatos en 2007, tras tres décadas de operación[vi].

A pesar de la evidente apuesta de la mayoría de las fuerzas armadas occidentales por el F-35, todavía podemos encontrar argumentos que dudan de sus bondades, por lo que citaremos algunas aquí. La furtividad (stealth) del F-35 a sensores tanto radáricos como infrarrojos le convierte, posiblemente, en el avión de combate más difícil de detectar del mundo: se le estima una superficie equivalente radar un 50% menor que la de un ave[vii]. Por supuesto, el avión no es invisible, pero ser difícil de detectar le otorga dos ventajas: la de violar las defensas aéreas enemigas y la de atacar a otro avión antes de ser detectado. La primera, enmarcada dentro del SEAD (supresión de las defensas aéreas enemigas), es posiblemente la misión más específica y para la que mejor preparado está el F-35. La combinación de furtividad y capacidad de armamento le habilita para hacer ataques de primera ola, eliminar defensas que otros no podrían penetrar y permitir así que le sigan olas de ataque menos sofisticadas.

La furtividad unida a la consciencia situacional que el sistema otorga al piloto pone al F-35 al nivel de los aviones más avanzados en combate aire-aire. Esto es especialmente importante pues, aunque se vende como un avión multirol es, en origen, un avión de ataque a suelo. El avión de superioridad aérea de los EE.UU. es el F-22 y otros países que operan F-35 mantienen sus aviones especializados aire-aire: Eurofighter en Reino Unido e Italia o F-15 en Japón e Israel, por ejemplo. Sin embargo, la furtividad y las ayudas al piloto permiten al F-35 enfrentarse a estos aviones de generaciones anteriores en combate aéreo. Esto no quiere decir que, a priori, futuros diseños de quinta generación y siguientes, especializados en superioridad aérea, deban mejorar al F-35 en estas misiones. La consciencia situacional viene apoyada por una enorme capacidad de guerra electrónica para la que otros aviones necesitan contar con pods específicos. En el Lightning II, esta capacidad está completamente integrada en todos los modelos, afinando aún más sus prestaciones tanto de ataque a suelo como de combate aéreo. Por último, para el caso concreto que nos atañe, no debemos olvidar que la mejora en capacidades puramente aeronáuticas respecto al Harrier es de varios órdenes de magnitud. El AV-8B+, también un avión de ataque a suelo, se ve en desventaja en combate aéreo contra casi cualquier avión moderno debido a su alcance, techo, trepada o velocidad, a pesar de unas armas y sensores que no son desdeñables. En el F-35 estas características siguen siendo inferiores a las de muchos aviones de cuarta generación, pero su ventaja en furtividad, sensores y consciencia situacional iguala o invierte la balanza.

Por último, debemos citar otro enorme salto adelante que trae el F-35, y es que esas ayudas al piloto y consciencia situacional lo convierten en un centro de mando volante, pudiendo ejercer de comandante de la escena de acción, gestionando otros muchos actores de forma equivalente a las tareas que realizan aviones de mando y control, pero con la ventaja de no ser un blanco ideal para el enemigo.

En cuanto a la posible adquisición por la Armada española, se debe considerar el número limitado de aparatos que, a priori, se podrían adquirir. La cantidad que se baraja suele ser una docena, que es el número de Harrier con los que cuenta la Novena Escuadrilla actualmente. Este número tiene obvias limitaciones, pues supondría una disponibilidad aproximada de seis aviones. Con esa cantidad sería casi imposible, por ejemplo, mantener una cobertura aérea permanente sobre una agrupación naval. También se podrían ver negadas las ventajas del avión en un desembarco anfibio por no poder hacer las salidas necesarias para mantener la superioridad aérea contra una fuerza aérea oponente más anticuada pero con mayor disponibilidad de aparatos.

Sin embargo, estas realidades irrefutables han de ser matizadas. No estamos hablando de tener más o menos capacidad, sino de tener o no capacidad, y la diferencia es enorme. Por poner un ejemplo con otro sistema, son mucho más parecidas una marina con nueve submarinos y una con tres que esta última y una que no tenga submarinos. Puede parecer contradictorio, pues entre las primeras hay el doble de diferencia, pero la marina que tiene tres submarinos puede hacer misiones con submarinos. Podrá hacer menos, pero puede, y eso ensancha enormemente el abanico de posibilidades, genera disuasión y siembra la duda en el enemigo. Tiene pocos aviones, pero ¿y si cuando le voy a atacar están en el aire? ¿Y si están en alerta en cubierta?

Además, no contar con ala fija embarcada supondría un cambio radical en la estructura de la Flota. Sin ala fija embarcada, la Infantería de Marina no tendría razón de ser, ni los tres buques anfibios. La Armada tendría que reestructurar su fuerza, los escoltas no serían tan necesarios y se perdería gran parte de la capacidad oceánica y prácticamente toda la capacidad de proyección, pues serían necesarias unidades menores con más pegada, pero incapaces de operar lejos de sus bases.

Para hacer la guerra hacen falta tres cosas

El F-35 es un avión caro. Esta afirmación merece un análisis de los costes de adquisición y, sobre todo, operación, que son los que podrían hipotecar el presupuesto de la Armada durante décadas. También veremos que, sin dejar de ser un sistema gravoso, no lo es, ni mucho menos, en comparación con sus rivales.

Uno de los números más citados en las discusiones sobre el F-35 es el precio por aparato, con la particularidad de que no se trata de un número, sino de varios. El precio que anuncia la empresa es muy inferior al precio oficial que da el Pentágono y este, a su vez, es inferior al precio que podemos extrapolar de las ventas al exterior. Esto debemos entenderlo desde el legítimo interés de la empresa por anunciar su producto, pero tiene otra causa: el fabricante desconoce qué añadidos, armas, sistemas complementarios, asistencia u otros productos se van a incluir en el contrato, por lo que anuncia el precio de la plataforma más básica. Tomando como base la adquisición por Suiza de 36 aparatos, el precio final real de cada avión, incluyendo todo lo necesario para volar y operar, es cerca del doble de lo que anuncia el fabricante. Esto nos da un precio aproximado para el modelo B de 200 millones por avión[viii]. Si bien los programas de este calibre nunca son iguales y los «añadidos» (munición, repuestos, etc.) pueden variar, por no hablar de las fluctuaciones de las respectivas monedas, tomaremos este número como referencia conservadora. Cualquier precio inferior o posibles retornos industriales serían ventajas añadidas.

Tabla 1: precio en millones de dólares de los distintos modelos de F-35 según el fabricante, el Departamento de Defensa de Estados Unidos y el coste de venta a Suiza[ix].

A partir de estos datos podemos hacer una primera aproximación al número de aparatos que incluiría el superproyecto 2023 14 03 1012, que recordemos cuenta con 6.250 millones de euros. Si la Armada recibe doce unidades por un total de 2.300 millones, el Ejército del Aire podría recibir unos 26 aparatos a 149 millones cada uno. Otras posibles combinaciones serían 15 y 22; o 18 y 18. Recordemos que esto es un cálculo relativamente pesimista y, posiblemente, los precios fueran algo menores.

En el caso de la Armada, es F-35B o nada, con lo que no tiene mucho sentido compararlo con otros aviones, pero merece la pena detenernos a explicar por qué el F-35 no es un avión caro. Al menos, en comparación. Como hemos señalado más arriba, es difícil comparar programas de este calibre por las particularidades de adquisición e implantación en cada país. Sin embargo, en 2021 tuvimos conocimiento de un estudio que analizaba, precisamente, el coste total de adquirir un caza o cazabombardero moderno. Suiza, país poco sospechoso de amiguismo geoestratégico, llegó a la conclusión de que el F-35 les saldría más barato que el Eurofighter, el Rafale o el F-18 Superhornet[x]. En su estudio analizaron tanto el coste de adquisición como el coste total del programa durante treinta años y el F-35 resultó el más económico en ambas categorías. La compra saldría por 4.600 millones de euros, 1.800 millones más barata que su inmediato competidor… que ni siquiera era el Eurofighter. Para hacernos una idea, el coste total del programa se estima en 14.000 millones, con lo que queda patente la importancia de ponderar los costes de operación, que en este caso son el doble que los de adquisición.

El precio de operación es uno de los asuntos más polémicos sobre el F-35. Hasta hace unos pocos años, el precio por hora de vuelo superaba los 40.000 $, duplicando a los teens (F-15, F-16, F-18) y, teniendo en cuenta que el modelo B es más caro, posiblemente triplicando al Harrier. Sin embargo, el coste por hora de vuelo en 2020 se redujo a 33.600 $, con el compromiso de bajar de la barrera de los 30.000 $ en 2023 y el objetivo, marcado hace años, de alcanzar los 25.000 $ en 2025, con lo que se acercaría mucho al F-15[xi]. Aunque esos compromisos no se cumplan —y desde luego no es fácil—, la reducción es importante si se analiza el precio de una forma algo más realista: el coste por hora de misión.

Un primer análisis debe dilucidar si una entidad, pongamos la Armada, puede permitirse el número de horas de vuelo mínimo para que tenga sentido la adquisición. Con la perspectiva presupuestaria de hace un año, esto bien podría ser dudoso e, incluso hoy, merita un concienzudo estudio. Sin embargo, una vez alcanzado ese mínimo, es decir, una vez es viable el proyecto, el coste por hora de vuelo es engañoso. ¿Por qué? Porque una misión de cuatro horas que requiere una pareja de F-35, costará unos 240.000 €, pero ¿cuánto costará sin F-35? Pues según la misión, es posible que para conseguir los mismos objetivos se requieran: un avión de mando y control, una pareja de aviones especializados en guerra electrónica, cuatro aviones de superioridad aérea y dos aviones de ataque a suelo. El ejemplo más claro sería una misión SEAD. Difícilmente será más barato realizar la misión sin F-35 que con ellos: suponiendo una media de 15.000 € por hora de vuelo para todos estos aviones, el total de la misión serían unos 540.000 €. En muchos escenarios, además, los F-35 sobrevivirían, mientras que del paquete de aviones combinados se perderían uno o varios, añadiendo su precio, el —incalculable— valor de la vida de sus dotaciones y el coste de la formación de estas a la ecuación. Por supuesto, debemos recordar que sin F-35B, la Armada simplemente no podrá realizar ninguna de estas misiones.

Sucedáneos del caviar

Las alternativas al F-35B en la Armada más comúnmente citadas son los drones y los helicópteros de ataque pero, de las capacidades que aporta el ala fija embarcada, la realidad es que no pueden proporcionar casi ninguna. Por supuesto, la capacidad de disuasión es mucho menor, pues recordemos que la disuasión es una percepción del contrario y, por muy avanzados que fueran los drones o helicópteros, jamás causarían la misma impresión que un ala embarcada de Lightning II. La cobertura aérea sería inexistente, pues cualquier avión de combate tripulado, incluso con tecnología muy anticuada, estaría en superioridad frente a drones o helicópteros. De la misma manera, el apoyo a operaciones anfibias se vería limitado a una capacidad de ataque a tierra muy inferior a la del F-35B, sobre todo en entornos disputados, pero sin aportar a la necesaria superioridad aérea. Drones y helicópteros serían derribados sin apenas esfuerzo por un rival con superioridad aérea. La capacidad de ataque a otras fuerzas navales, al igual que a tierra, se podría mantener, aunque muy diluida, mientras que se podría hablar de cierto aporte al control del mar, pero nada comparable.

Los avances en aeronaves no tripuladas están permitiendo el desarrollo de modelos cada vez más capaces, pero aún no existe un aparato no tripulado para combate aéreo y lo más probable es que tardemos bastantes años en verlo. Las misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento son las más adecuadas para los drones, seguidas por las misiones de ataque a suelo en escenarios no disputados. Poco a poco, veremos a los drones ejecutar nuevas tareas, pero inicialmente estas estarán enmarcadas en un sistema de sistemas que incluya vehículos tripulados. Por ejemplo, un dron que haga de sensor y/o arma para un avión de combate. Sin embargo, un dron totalmente autónomo para combate aéreo está lejos de ser una realidad. Por otra parte, EE.UU. lleva desarrollando el F-35 desde finales del siglo pasado. Desarrollar un sistema no tripulado de capacidades mínimamente parecidas puede llevarle varias décadas a la industria de Defensa más poderosa del mundo, ya no digamos a cualquier otra.

Finalmente, respecto a los drones se debe hacer una apreciación: hasta el momento han dado muy buen resultado en entornos no disputados, pero llegado el caso, es muy dudoso que puedan operar en conflictos de media o alta intensidad. Esto se debe no solo a que les sea negado el espacio aéreo por un enemigo con capacidad aire-aire —o capacidad antiaérea en general—, sino porque los drones dependen de su enlace de datos, ya sea satelital o en frecuencias radio más comunes, para operar. En un conflicto entre Estados con cierta capacidad, es perfectamente posible que el entorno electromagnético esté tan saturado o negado por una de las dos partes que sea muy complicado operar drones, y eso sin entrar en las posibilidades cibernéticas de negación o, incluso, destrucción o secuestro.

Por último, las posibles alternativas al ala fija embarcada no aportarían muchos de los intangibles que sí nos daría el F-35B: acceso a la tecnología más avanzada del mundo, conocimiento de tácticas y tendencias en el ámbito aeronaval, intercambios de personal, posibles compensaciones industriales, interoperabilidad con la gran mayoría de nuestros aliados, etcétera. Algunas de estas cuestiones son clave, por ejemplo, si España pretende aportar con conocimiento de causa al programa FCAS, el futuro sistema de combate aéreo europeo, encabezado por un avión de sexta generación. Difícilmente se podrá desarrollar un avión de sexta cuando la experiencia de nuestros pilotos, mantenedores, generadores de doctrina, ingenieros y resto del personal se limita a aviones de cuarta generación.

El mito del botón rojo

Antes de las conclusiones es casi obligatorio abordar otro argumento muy manido en contra de adquisiciones como la del F-35, que no es otro que el del veto a su uso en determinadas condiciones o contra determinados rivales. Este argumento parece tener su origen en las restricciones que EE.UU. puso a España durante la guerra de Sidi Ifni.

En primer lugar, comparar la situación actual con la de la España de Sidi Ifni es un tanto atrevido. No solo han pasado más de sesenta años, sino que España es ahora una democracia respetada en todo Occidente y miembro de pleno derecho de la OTAN donde, a pesar de titulares amarillistas, goza de una muy buena relación con EE.UU., como evidencia la presencia cada vez mayor de unidades norteamericanas en bases españolas. Pero, además, el material que se vetó entonces era material cedido, no material adquirido por un Estado con el propósito, evidente, de emplearlo como mejor le parezca. Si EE.UU., o cualquier otro país, pretendiera limitar el uso —dentro de lo razonable— del material que vende, dejaría de ser un vendedor fiable, pues ¿quién va a comprar algo que no puede usar cuando lo necesite?

En segundo lugar, los sistemas de armas, por muy modernos y tecnológicos que sean, no tienen un botón remoto de apagado. Eso, sencillamente, no existe. Esto no quita que se pudieran ejercer presiones diplomáticas e incluso amenazar con sanciones o cortar suministros de repuestos y munición, pero eso es algo que puede suceder en cualquier caso y sobre lo que siguen pesando las puntualizaciones del párrafo anterior.

En tercer lugar, ¿cuál es la alternativa a comprar a EE.UU.? ¿Diseñar y construir todo en España? Ni siquiera Francia o Reino Unido se acercan a esa posibilidad. Tener una industria de Defensa fuerte es, sin duda, una ventaja pero, siendo realistas, España tendrá que seguir adquiriendo una parte importante de sus sistemas —o sus patentes— en el exterior en el futuro previsible. La alternativa, por tanto, sería pasar a depender de otro país. Muchos citan a nuestros socios europeos, algo curioso cuando de Perejil hace cincuenta años menos que de Sidi Ifni y la postura que adoptó el gobierno de Chirac es bien conocida. Cualquier país, europeo o no, en el caso de un conflicto de España con un tercero, apoyará al contendiente que más le interese, por lo que solo podemos hacer lo que esté en nuestra mano para que la diplomacia española mantenga a nuestros aliados y socios de nuestro lado.

En cuarto y último lugar, cabe preguntarse qué hacemos con nuestras Fuerzas Armadas si no podemos fiarnos de los Estados Unidos. Pocos sistemas de armas no tienen componentes o munición en los que no participe EE.UU. Solo en la Armada podemos citar algunos de los más importantes: sistemas de combate Aegis, misiles, torpedos, GPS, sistemas de comunicaciones y cifra, radares, sónares y un largo etcétera.

Conclusiones

En este artículo hemos pretendido dejar patente que perder la capacidad de ala fija embarcada supondría, inevitablemente, una reorganización completa de la Flota, pasando de ser una fuerza oceánica y con algo de capacidad de proyección a una marina prácticamente costera que tendría que limitarse a negar el espacio marítimo cercano al enemigo, sin apenas poder generar efectos más allá. Sin ala fija no hay buques anfibios, ni Infantería de Marina; la necesidad de escoltas se ve muy reducida y deberíamos pivotar hacia una Flota con mucho poder destructivo pero escasa resiliencia, basada en submarinos y lanchas lanzamisiles. Si bien estos sistemas tienen su utilidad, la «oferta» de misiones que la Armada pone en manos de los decisores políticos se vería reducida a su mínima expresión.

Respecto a si «aporta la aviación de ala fija embarcada algo que no se pueda conseguir por otros medios», la respuesta es rotunda: sí. No se trata de decidir si compramos el F-35B o buscamos alternativas para realizar los mismos cometidos; la decisión es si compramos el F-35B o perdemos (muchas) capacidades, sin paliativos.

En cuanto a si «compensa el beneficio que aporta en relación con el esfuerzo en recursos, coste, riesgo o vulnerabilidad», la respuesta es que no buscamos un beneficio, sino una seguridad, y la seguridad no es cuantitativa. Es indudable que los riesgos y vulnerabilidades de sistemas como el F-35 están más que paliados por sus ventajas cuando todo el que puede está adquiriendo el avión estadounidense. La situación geopolítica española exige que nuestras Fuerzas Armadas estén capacitadas para llevar acciones en todo el espectro del conflicto sin contar con apoyo exterior y, para eso, el ala fija embarcada es fundamental.

En palabras de Napoleón, para hacer la guerra hace falta dinero, dinero y dinero. A falta de una ley presupuestaria de la Defensa que permita la planificación a largo plazo, la situación parece dar pie al optimismo y, en esta coyuntura, la Armada no puede bajo ningún concepto perder la capacidad de operar con aviones desde la mar para seguir siendo una marina de guerra de primera categoría. Esto no quita que existan otras necesidades perentorias y que el diseño de la Flota deba ser armónico.

Bibliografía

Alcaraz-Perez Ros, J. D. (2022): «Los inconvenientes del portaaviones y de la aviación de ala fija embarcada: ¿es el F-35B una buena opción para la Armada española?», Global Strategy, 19 de octubre. Disponible en https://global-strategy.org/los-inconvenientes-del-portaaviones-y-de-la-aviacion-de-ala-fija-embarcada-es-el-f-35b-una-buena-opcion-para-la-armada-espanola/

Axe, D. (2016): «The F-35 Is Actually Three Different Warplanes», Vice, 15 de marzo. Disponible en https://www.vice.com/en/article/xygyna/the-f-35-joint-strike-fighter-is-actually-three-separate-planes

Carrasco, B. (2020): «El jefe de la Armada alerta: “Si no existe un aumento del presupuesto, perderemos capacidades”», Infodefensa, 26 de noviembre. Disponible en https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/3125456/jefe-armada-alerta-no-existe-aumento-presupuesto-perderemos-capacidades

Davies S. y Dildy, D. (2007): F-15 Eagle Engaged: The world’s most successful jet fighter, Osprey.

Grazier, D. (2020): «Selective Arithmetic to Hide the F-35’s True Costs», PoGo, 21 de octubre. Disponible en https://www.pogo.org/analysis/2020/10/selective-arithmetic-to-hide-the-f-35s-true-costs

Lockheed Martin (2021): «Producing, Operating and Supporting a 5.th Generation Fighter», F-35 Lightning II, citado en Supervielle (2021a).

Lockheed Martin (2022): «Fast Facts», F-35 Lightning II. Disponible en https://www.f35.com/f35/about/fast-facts.html

McCarthy, N. (2016): «The Hourly Cost Of Operating The US Military’s Fighter Fleet», Forbes, 16 de agosto. Disponible en https://www.forbes.com/sites/niallmccarthy/%202016/08/16/the-hourly-cost-of-operating-the-u-s-militarys-fighter-fleet-infographic/?sh=%20799577f7685f

Naegele, T., Parham, D. y Tsukamoto, M. (2019): «The B-2 at 30: Improving with Age», Air Force Magazine, 1 de julio. Disponible en https://www.airandspaceforces.com/article/the-b-2-at-30-improving-with-age/

Reim, G. (2021): «Lockheed agrees to $30,000 per flight hour cost for F-35A by FY2023», Flight Global, 13 de septiembre. Disponible en https://www.flightglobal.com/fixed-wing/lockheed-agrees-to-30000-per-flight-hour-cost-for-f-35a-by-fy2023/145448.article

Soriano, G. (2021): «Suiza comprará el F-35, el candidato más barato a su programa de cazas», Infodefensa, 2 de julio. Disponible en https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/3123061/suiza-comprara-f-35-candidato-barato-programa-cazas

Supervielle Bergés, F. (2021a): «Ala fija embarcada: ¿quimera o necesidad», Revista General de Marina, junio de 2021, pp. 947-959.

Supervielle Bergés, F. (2021b): «Defensa antimisil (ASMD) en la Armada española», Federico Supervielle Bergés: Escritor, marino de guerra, 9 de marzo Disponible en https://www.fsupervielle.com/post/defensa-antimisil-asmd

Villarejo, E. (2017): «El satélite español que surgió tras la crisis con Marruecos de Perejil», ABC, 23 de noviembre. Disponible en https://www.abc.es/espana/abci-satelite-espanol-surgio-tras-crisis-marruecos-perejil-201711230351_noticia.html


[i] Carrasco (2020).

[ii] Villarejo (2017).

[iii] Supervielle (2021b).

[iv] Axe (2016).

[v] Lockheed Martin (2022).

[vi] Davies y Dildy (2007).

[vii] Naegele, Parham y Tsukamoto (2019).

[viii] Supervielle (2021a), p. 954.

[ix] Datos de la primera columna de Lockheed Martin (2021), citados por Supervielle (2021); la página web ya no existe. Datos de la segunda columna de Grazier (2020). Datos de la venta a Suiza de Soriano (2021) cambiados a dólares el 17 de noviembre de 2022.

[x] Soriano (2021).

[xi] Reim (2021).

sábado, 7 de marzo de 2026

A-4 Skyhawk: Solo los exportables podían disparar el Maverick

 

Los A-4 Skyhawks con Mavericks 




Dato curioso: solo los Skyhawks de exportación llegaron a tener *oficialmente* la capacidad Maverick. Normalmente, también se modificaban de alguna manera. En cuanto a los que he visto en fotos con Mavericks, están el A-4K Kahu, el A-4SU Super Skyhawk y posiblemente un A-4F israelí único.



Creo que el USMC tenía dos A-4M que fueron recableados para transportar/disparar el AGM-65C (prototipo de Maverick guiado por láser) y el AGM-65E (Maverick guiado por láser de producción).



(Las dos primeras fotos son de los A-4M del Cuerpo de Marines de EE. UU., que pertenecían al VX-5. La tercera foto es de un A-4F israelí con un chasis triple Maverick LAU-88, con AGM-65A o AGM-65B. La cuarta foto es de un A-4K Kahu operado por Nueva Zelanda, con dos AGM-65D)




sábado, 27 de septiembre de 2025

SGG: La experiencia operacional de los Harriers del USMC

Harriers en la Brecha

Por el Teniente Coronel Theodore N. Herman, Cuerpo de Marines de EE. UU. (Retirado)
Febrero de 1996
Actas
Volumen 122/2/1116 || USNI 



Los Harriers del Cuerpo de Marines volaron desde aeródromos de expedición de vanguardia y cubiertas de buques de asalto anfibio en la Operación Tormenta del Desierto para acortar los tiempos de respuesta y eliminar la necesidad de reabastecimiento en vuelo. Estos Harriers del VMA-542, cada uno con seis misiles Rockeye y una cápsula ECM defensiva, se encuentran justo al sur de Khafji, rumbo a Kuwait.


Las Operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto no fueron la primera ocasión en que el mundo pudo observar las capacidades distintivas de los Harriers y su contundente eficacia en combate. Los Harriers británicos en el Conflicto de las Malvinas (Falklands) habían demostrado la versatilidad de la aeronave hacía más de una década.

Sin embargo, estas aeronaves expedicionarias del Cuerpo de Marines recibieron mucho menos reconocimiento del que merecían, y al regresar a casa se encontraron con un aluvión de críticas de la comunidad de la aviación convencional por hacer exactamente lo que fueron diseñadas para hacer: operar en un entorno expedicionario en igualdad táctica con los aviones de combate convencionales.

Las aeronaves de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos realizaron la mayoría de las misiones de la Tormenta del Desierto —largas misiones de reabastecimiento en vuelo desde bases grandes y distantes— y la televisión creó la impresión de que las armas inteligentes y los cazas furtivos ganaron la guerra aérea. De hecho, toneladas de simples bombas de hierro y miles de misiones individuales de todos los servicios ayudaron a someter a los iraquíes.

Prácticamente desconocidos para el público general, los Harriers de la Infantería de Marina estuvieron en la contienda de principio a fin. Se asentaron cerca de la batalla, tanto en tierra como en mar, como siempre habían anunciado, y lanzaron cantidades significativas de munición. Sus misiones eran variadas: interdicción aérea en el campo de batalla, escolta de helicópteros, preparación para el campo de batalla y apoyo aéreo cercano. En todas las misiones que se les encomendaron, nunca necesitaron reabastecimiento en vuelo mientras sobrevolaban Kuwait.<sup>1</sup>

Los datos emergentes están poniendo poco a poco en perspectiva sus logros. En el informe final del Departamento de Defensa sobre la Guerra del Golfo, el general Norman Schwarzkopf, del Ejército de los EE. UU., quien comandó todas las fuerzas de la Coalición en la guerra, seleccionó al Harrier como uno de los seis sistemas de armas más importantes de la Guerra del Golfo. El exsecretario de Defensa Richard Cheney redujo esa lista a solo tres, incluyendo el Harrier.

Diecisiete días después de que Irak invadiera Kuwait durante el verano de 1990, 60 AV-8B, asignados a las Brigadas Expedicionarias de Infantería de Marina (MEB) 7.ª y 4.ª, se desplegaron en el Golfo Pérsico. Cuarenta AV-8B con base en EE. UU., pertenecientes al Escuadrón de Ataque de la Infantería de Marina (VMA)-311 y al VMA-542, reabastecidos en vuelo por aviones cisterna KC-10 de la Fuerza Aérea de EE. UU., fueron los primeros aviones a reacción de ala fija de la Infantería de Marina en desplegarse. Aterrizaron en el aeródromo Sheik Isa de Baréin, que se estaba llenando rápidamente, a la espera de la resolución de las asignaciones de base. El VMA-331 (20 AV-8B), adscrito a la 4.ª MEB, llegó al Golfo Pérsico a bordo del USS Nassau (LHA-4) durante la primera semana de septiembre.

Como en una expedición, los Harriers con base en Sheik Isa se estacionaron a lo largo de las calles de rodaje y sus equipos de mantenimiento trabajaron desde tiendas de campaña, lo que permitió habilitar plazas de estacionamiento para algunos de los más de 120 aviones de combate y ataque del Cuerpo de Marines y la Fuerza Aérea de EE. UU. que operaban allí.

A finales de agosto, el VMA-311 se trasladó a la Base Aérea Rey Abdul Aziz (KAAAB), en la costa de Arabia Saudita, aproximadamente a 160 kilómetros al sur de la frontera con Kuwait; el VMA-542 le siguió dos meses después, uniéndose al recién formado Grupo de Aviones de la Infantería de Marina 13 (Avanzada). Siendo la base de ala fija más avanzada de la costa, este austero emplazamiento era ideal para los helicópteros AV-8B de despegue y aterrizaje vertical cortos (STOVL), además de los OV-10D con capacidad de vuelo corto. El Cuerpo de Infantería de Marina tenía sus helicópteros basados ​​en el Aeropuerto Internacional de Jubayl, a ocho kilómetros al norte. El estacionamiento de los AV-8B y los OV-10 en la KAAAB supuso un alivio para las pocas bases en el teatro de operaciones de Kuwait (KTO) y permitió al Comandante de la Primera Fuerza Expedicionaria de la Infantería de Marina (I MEF) distribuir eficazmente sus recursos de aviación.

A finales de diciembre de 1990, el VMA-231 llegó desde la Estación Aérea del Cuerpo de Infantería de Marina de Iwakuni, Japón, tras volar 29.900 kilómetros. A su llegada, solo dos aviones requirieron mantenimiento no programado. Dos semanas después, el escuadrón inició operaciones de combate, volando 904 horas en enero de 1991 y 966 horas en febrero, lo que mejoró la disponibilidad. El Destacamento "B" del VMA-513 desembarcó sus seis AV-8B desde el USS Tarawa (LHA-1) en febrero; finalmente, 66 AV-8B y 20 OV-10 operaron desde Abdul Aziz, mientras que las 20 aeronaves del VMA-331 operaron desde el mar.

Una torre de control expedicionaria, un sistema de navegación aérea táctica (TACAN) y un sistema de aterrizaje para todo tipo de clima proporcionaron una capacidad completa diurna y nocturna. Un sistema táctico de suministro de combustible de aviación de ocho puntos reabasteció a las aeronaves que regresaban. El Escuadrón Logístico de Aviación Marina-14 instaló furgonetas móviles de mantenimiento y suministro alrededor del estadio de fútbol. Estas, descargadas del USS Wright (T-AVB-3), proporcionaron al grupo una actividad de mantenimiento intermedio autónoma. Se construyó y almacenó munición en el aeródromo y a lo largo de la pista de vuelo.

La pista adyacente a un estadio de fútbol era un tramo de 2430 metros de asfalto muy deteriorado. Su pequeña zona de estacionamiento/giro estaba en mal estado y apenas era suficiente para un escuadrón de 20 aviones. En general, la posibilidad de daños por objetos extraños (FOD) habría sido inaceptable en tiempos de paz. Los SeaBees de la Armada de los EE. UU. construyeron una zona de estacionamiento-calle de rodaje paralela AM-2 de 1067 metros con esteras de aluminio que proporcionaba acceso directo a la pista tenía capacidad para 50 aeronaves. Cuando comenzó la Operación Tormenta del Desierto el 17 de enero de 1991, la base operaba las 24 horas del día para los Harriers y los OV-10, abastecía de combustible a los helicópteros durante su retorno y servía como base de desvío de emergencia para otras aeronaves.

Los equipos de mantenimiento operaban desde tiendas de campaña. Los cambios de motor y el resto del mantenimiento se realizaban en la rampa hasta que se construyeron cuatro hangares de expedición tipo capullo (concha de almeja) sobre losas de cemento. Estos facilitaban el mantenimiento durante las inclemencias del invierno y brindaban protección contra los sofocantes vientos shamal. Las luces de los hangares les otorgaban un inquietante resplandor amarillo, visible a kilómetros de distancia por la noche, una medida de camuflaje para futuras operaciones.

Los marines se alojaban en tiendas de campaña con estructura de madera instaladas en el aparcamiento y en el interior del estadio de fútbol. Los palcos de prensa y las tribunas acristaladas del estadio servían como oficinas y salas de preparación para los escuadrones. Las condiciones de vida básicas eran bastante buenas para los marines de la KAAAB.

Los despegues a intervalos cortos, los patrones de aterrizaje cortos y la capacidad de integrarse con cualquier tipo de tráfico contribuyeron a la eficiencia de las operaciones. Durante un ejercicio, 24 AV-8B se recuperaron en tres minutos y medio en esta única pista. Los OV-10 y los Harriers se integraron fácilmente en el patrón de tráfico gracias a sus capacidades en pistas cortas. Se produjeron ralentizaciones ocasionales cuando un KC-130 o un avión convencional aterrizaba y tenía que rodar hacia atrás para despejar la pista. Si un accidente hubiera ensuciado la pista, los Harriers podrían haber operado con normalidad en la pista restante.

Estacionarse junto a la pista permitía a los aviones acceder directamente desde sus posiciones para iniciar sus carreras de despegue. Los despegues se realizaban normalmente a 120 nudos con flaps automáticos (25°) para preservar la superficie deteriorada de la pista y reducir la cantidad de objetos extraños que el viento lanzaba sobre la aeronave estacionada. Dado que el recorrido era inferior a 1500 pies, independientemente de la carga de combate, podíamos comenzar desde prácticamente cualquier punto de la pista. Los aterrizajes verticales en plataforma o a 60 nudos en la primera mitad de la pista eran habituales.

Una combinación de AV-8B aerotransportados y de plataforma rápida proporcionó apoyo continuo durante el punto álgido de la Tormenta del Desierto. Una sección (dos aeronaves) despegaba o se recuperaba de la Base Aérea KAA cada 15 minutos, mientras que otros Harriers permanecían en tierra en Tanajib, con un tiempo de respuesta de diez minutos. Los AV-8B transportaban rutinariamente seis Rockeyes y una carga completa de munición de 25 mm.

Desde el aire, utilizaban radios de voz seguras para comunicarse con el Centro de Operaciones Aéreas Tácticas (TAOC) para obtener una actualización sobre la amenaza en ruta a un punto de control antes de pasar al Centro de Apoyo Aéreo Directo (DASC). Al sobrevolar la frontera con Kuwait, a una altitud de 20.000 a 25.000 pies, el DASC les había informado sobre su objetivo y los había transferido a un controlador aéreo avanzado (aerotransportado) —FAC(A). Al acercarse al objetivo, todos cambiaron a voz clara para un mejor control terminal.

Los FAC(A) en los F/A-18D marcaban los objetivos con cohetes Zuni de fósforo blanco de cinco pulgadas, y los Harriers realizaban picados de 45° desde unos 20.000 pies. El lanzamiento de bombas entre 13.000 y 8.000 pies mantenía a los aviones a salvo del fuego terrestre y permitía al FAC(A) o al compañero de flanco vigilar los misiles tierra-aire. Desde el principio, aprendimos que disparar bengalas señuelo durante la aproximación era una mala idea; delataban nuestra posición. La densa y omnipresente neblina, que solía ocultar los aviones hasta unos 7.000 pies, era nuestra mejor defensa, y comenzamos a lanzar bengalas solo cuando nos desviábamos del objetivo, intentando desviar a los artilleros de nuestro compañero de flanco que nos seguía mientras realizaba su pasada.

Se redujeron los ángulos de picado y las altitudes de lanzamiento del apoyo aéreo cercano para facilitar el control de los FAC terrestres en el humo y la neblina y garantizar la identificación del objetivo. El 21 de febrero, comenzamos a realizar ataques con napalm a baja altura (la primera vez en la guerra que los lanzamos por debajo de 2400 metros) contra las líneas de trincheras iraquíes, preparándonos para el asalto y las operaciones de penetración de la 2.ª División de Infantería de Marina durante el primer día de la guerra terrestre. Utilizamos un ángulo de picado de 10°, lanzando a 300 metros sobre el nivel del suelo a 500 nudos, desviándonos bruscamente del objetivo. Nuestros cañones de 25 mm, con 300 proyectiles, también resultaron letales en estos ataques.

Los F/A-18D fueron un verdadero recurso. Los OV-10, nuestros antiguos FAC(A) de reserva, no fueron lo suficientemente rápidos, reactivos ni capaces de sobrevivir en esta fase de la preparación para el campo de batalla. Sin embargo, los OV-10 demostraron su valía durante este período, utilizando sus sistemas infrarrojos de vanguardia para mantener una vigilancia las 24 horas. Al comenzar la guerra terrestre, retomaron la misión FAC(A).

Al desviarse del objetivo, las aeronaves se reincorporaron al ascenso, cambiaron a voz segura para transmitir una evaluación de daños por bombas al DASC y luego regresaron a casa bajo el control del TAOC. Las aeronaves que despegaban desde la Base Aérea KAAAB generalmente permanecían en el aire durante una hora; los vuelos desde Tanajib duraban entre 35 y 45 minutos. Las comunicaciones, el comando y el control fueron eficaces durante toda la operación.

Los SeaBees y los Marines construyeron un sitio avanzado de expedición para 12 AV-8B en un extremo de la estrecha pista de 1824 metros en Tanajib, una base de helicópteros de la Arabian American Oil Company se ubicaron a 64 kilómetros al sur de la frontera con Kuwait. Instalaron un sistema de abastecimiento de combustible expedicionario y capacidad de rearme, además de un centro de operaciones, una zona de alojamiento y tiendas de campaña. Los camiones transportaban combustible y municiones por las bien mantenidas carreteras saudíes. Se identificaron otros puntos de acceso a lo largo de la carretera principal norte-sur hacia Kuwait y la carretera Tap-line para su posible uso. Estos eran, por lo general, paradas de camiones que permitían el estacionamiento de aeronaves fuera de la carretera principal y un fácil acceso para los camiones de abastecimiento de combustible y municiones.

Las operaciones de vuelo desde Tanajib demostraron las ventajas de una base avanzada dispersa, algo poco común desde la Segunda Guerra Mundial. Las aeronaves aterrizaron tras su primera salida desde la Base Aérea KAAAB, se reabastecieron, se rearmaron y realizaron una o dos salidas más antes de regresar a la Base Aérea KAAAB, lo que aumentó la capacidad de respuesta y el apoyo aéreo disponible para las fuerzas terrestres de la Coalición. El reabastecimiento y el rearme en Tanajib también permitieron a las tripulaciones de la Base Aérea KAAAB realizar tareas de mantenimiento sin verse obligadas a realizar tareas de lanzamiento y recuperación. Las operaciones de helicópteros y Harriers en Tanajib continuaron con techos de 60 metros y una visibilidad de 800 metros, utilizando una instalación portátil de aproximación terrestre operada por el escuadrón de control de tráfico aéreo de la Infantería de Marina.

Se desarrollaron planes para utilizar el aeródromo de Al Jaber, en el suroeste de Kuwait, una vez que las fuerzas terrestres lo hubieran abierto. Aunque los aviones de la Coalición habían causado graves daños en el campo, las pistas y calles de rodaje restantes estaban en condiciones suficientes para proporcionar los 450 a 767 metros de pista necesarios para las operaciones sin restricciones de los Harriers. Los Harriers planeaban moverse al son de los cañones para continuar el apoyo a medida que las fuerzas terrestres avanzaban.



Se programó que los Harriers se mantuvieran en reserva para misiones de apoyo aéreo cercano durante los intensos combates previstos para las fases terrestres de la Tormenta del Desierto, pero el enemigo los obligó a entrar en combate al comienzo mismo de la guerra aérea. Cuando las baterías de artillería iraquíes comenzaron a bombardear las posiciones de los Marines en la ciudad fronteriza de Khafji en la mañana del 17 de enero, el VMA-311 desplegó su división de alerta (cuatro aviones), seguida de una división del VMA-542 y otra del VMA-231. Los aviones destruyeron la artillería iraquí, y los AV-8B volaron día y noche durante el resto de la guerra.

El VMA-331 se mantuvo en reserva en el Nassau a la espera de un asalto desde el mar (Operación Sable del Desierto); a mediados de febrero, el escuadrón apoyó el asalto a la isla de Failaka (Operaciones Daga/Tajo del Desierto). El 25 de febrero, el escuadrón programó 74 salidas diarias en apoyo de la Tormenta del Desierto.

Los Harriers del Grupo de Aviones de Infantería de Marina-13 (Avanzada) inicialmente realizaron ataques aéreos profundos sobre Kuwait, con un alcance de hasta 210 millas en una dirección, sin aviones cisterna ni tanques de desembarco. Posteriormente, los AV-8B escoltaron helicópteros y realizaron misiones de reconocimiento armado y apoyo aéreo cercano. La carga normal de munición consistía en cañones completamente cargados, además de misiles Rockeye Mk 20, bombas Mk 82 de 227 kg o dos misiles Maverick guiados por láser. Inicialmente, la aeronave transportaba misiles aire-aire AIM-9M Sidewinder, pero los descargó tras la desaparición de la amenaza aérea en la primera semana de la guerra.

Los Harriers lanzaron 2,7 millones de kg de munición; la alta frecuencia de salidas contribuyó a este tonelaje. Si no se encontraban objetivos, la aeronave regresaba con las bombas, se reabastecía y volvía a despegar.



Cinco AV-8B y dos aviadores se perdieron en acción directa del enemigo. Cuatro aeronaves fueron víctimas de misiles tierra-aire (SAM) no observados; una se estrelló contra el suelo durante un lanzamiento de armas nocturno. Al parecer, ninguno de los pilotos de los AV-8 derribados vio venir los misiles. En todos los casos en que un piloto vio un SAM, logró evadirlo.

Tres de las pérdidas se debieron a SAM sin humo que no fueron observados. Dos de las aeronaves fueron impactadas mientras sobrevolaban un objetivo que se había operado durante una hora sin reacción; la otra se debió a una "curva de aprendizaje/pérdida de conocimiento de la situación" en la que un piloto, en su tercera misión de combate, se preocupó por un problema de la aeronave y fue impactado al sobrevolar por tercera vez el mismo punto en la playa.

La cuarta aeronave fue impactada por un SA-7 disparado desde el hombro cuando el piloto ignoró o no escuchó una llamada de advertencia de su compañero.

Desafortunadamente, la tecnología que le otorga al Harrier su capacidad STOVL (sus toberas ubicadas centralmente) lo hace vulnerable a los misiles guiados por infrarrojos. Las bengalas de alta tecnología, las toberas más frías y los sistemas de alerta de proximidad de misiles, actualmente en desarrollo, reducirán la vulnerabilidad a los SAM sin humo con buscadores de calor. Aunque no es el objetivo de este artículo comparar diferentes aeronaves, la tasa de pérdidas de los Harriers fue comparable a la de otros aviones monomotores, y algunos bimotores, dadas las curvas de aprendizaje de los pilotos y la amenaza.

Después del 23 de febrero, cuando las fuerzas terrestres traspasaron las barreras e irrumpieron en Kuwait, los Harriers se concentraron en el apoyo aéreo cercano. Bombardeando, y en ocasiones simplemente intimidando al enemigo para que mantuviera la cabeza agachada con pases de ametrallamiento simulados, los AV-8 estaban en su elemento.



Temprano en la mañana del 26 de febrero, una sección de Harriers y una sección de A-6E sorprendieron a los iraquíes en el abandonaron la ciudad de Kuwait. Bombas bien colocadas bloquearon la carretera norte y prepararon el terreno para dos días de ataques continuos y acelerados contra las fuerzas que se retiraban por la "Carretera de la Muerte". Las hostilidades cesaron abruptamente durante la tarde del 27 de febrero, mientras los Harriers se dedicaban intensamente a apoyar a los marines en tierra y a bombardear a las fuerzas iraquíes en retirada por la carretera norte hacia Irak.

El VMA-311 permaneció en posición durante un mes tras el alto el fuego para apoyar a las unidades terrestres restantes. El Destacamento VMA-513 "B", de regreso a bordo del Tarawa, y el VMA-331, a bordo del Nassau, zarparon de regreso a casa. El resto de los escuadrones se reubicaron en Estados Unidos, tras aviones cisterna KC-10 o en portaaviones de la Armada estadounidense.

Tras un período de prácticas de aterrizaje en portaaviones (FCLP) por piloto, el VMA-231 y la mayor parte del VMA-542 volaron a Rota, España, para abordar el USS John F. Kennedy (CV-67) y el USS Saratoga (CV-60) para un vuelo de diez días sin vuelo a Estados Unidos. Dado que aterrizar el AV-8B a bordo de un buque no es diferente que aterrizarlo en una plataforma, todo transcurrió con normalidad para los pilotos del Harrier, y la tasa de abordaje fue del 100 %. A 320 kilómetros de la costa estadounidense, los AV-8B despegaron de cubierta para su último tramo de regreso a casa.

Los AV-8B realizaron 9353 salidas y acumularon 11 120 horas durante las Operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto. Las tasas de capacidad de misión promediaron el 90 % durante la guerra. Los equipos de mantenimiento pudieron mantener de cinco a diez aviones por escuadrón en la reserva de mantenimiento y, aun así, cumplir con el programa de vuelo. Los tiempos de respuesta entre salidas promediaban 20 minutos para el gas y el armado. Los AV-8B con base en tierra realizaban hasta 120 salidas diarias, con un máximo de 160.

El número total de salidas programadas por la orden de tarea aérea (ATO) de las Fuerzas Conjuntas rara vez se realizaba; muchas se cancelaban debido a que los requisitos del Comandante de las Fuerzas Conjuntas se satisfacían a lo largo del día. Sin embargo, en una ocasión, con solo 45 minutos de aviso, se lanzaron 30 salidas adicionales de AV-8B desde la Base Aérea KAAAB para contrarrestar a las fuerzas iraquíes. No había ninguna otra aeronave táctica disponible para reaccionar con tan poca antelación. Este aumento repentino fue posible gracias a que los espacios de alojamiento y mantenimiento estaban cerca de la aeronave y a que la base se encontraba a solo 20 minutos de Kuwait.



Los FOD tuvieron un efecto mínimo en la disponibilidad de las aeronaves. Durante las operaciones, solo tres motores sufrieron daños menores que se podían combinar (limar, pulir y equilibrar las palas) y se reincorporaron inmediatamente al programa de vuelo; otros dos motores sufrieron FOD por error de mantenimiento o fallo de material. El desgaste acelerado y los daños previstos por la ingestión de arena nunca se produjeron, ni la arena ni el polvo afectaron negativamente a los equipos de aviónica.

Reactiva, flexible y letal, una fuerza expedicionaria STOVL multiplica la fuerza. La generación actual de aviones STOVL, liderados por el Harrier II Plus, proporciona una capacidad expedicionaria letal y versátil, con ahorros en costos operativos y de apoyo. Basándonos en años de operaciones exitosas con el Harrier, y considerando las exigencias de la guerra litoral, el papel de la aviación expedicionaria, avanzada y táctica STOVL solo puede aumentar.

1 Los aviones cisterna KC-130 del Cuerpo de Marines de los EE. UU. solían estar disponibles en las rutas de reabastecimiento en vuelo establecidas, principalmente para su uso por los EA-6B y F/A-18 de la Infantería de Marina con base en la Base Aérea Sheik Isa. Los AV-8B podían usarlos si era necesario, pero nuestro procedimiento operativo estándar era dejarlos para las otras aeronaves; con el puesto de avanzada de Tanajib tan cerca, no los necesitábamos.

viernes, 24 de enero de 2025

Conflictos americanos: Operación Just Cause (1989)

Panamá, 1989; la operación "Just Cause" 
Escrito por Tom Cooper 
26 de agosto 2007 a las 10:34 AM 



Breve historia de la intervención de EE.UU. en Panamá, en diciembre de 1989. 

La relación entre Panamá y EE.UU. ya se había desarrollado desde el siglo 19, mientras que Panamá aún era parte de Colombia. En 1903 el primer contrato para la construcción de un canal que conectaba al Pacífico y el Atlántico y se firmó a finales del mismo año, los EE.UU. también apoyaron la independencia de Panamá de Colombia. Cuando el Canal de Panamá se terminó, la zona circundante quedó bajo control de EE.UU., y fue gobernado por un gobernador de EE.UU.. En total, Panamá se convirtió inmediatamente en un protectorado de EE.UU., y el canal se convirtió en el factor más importante en la economía del país.

Sin embargo, la situación política en Panamá nunca fue estable, y varias veces Washington se vio obligado a desplegar tropas. Finalmente, en 1978, el entonces dictador panameño, Torrijos, firmó un acuerdo con EE.UU. El presidente Carter, con la que se acordaba una completa retirada de las tropas de EE.UU. de la Zona del Canal el 31 de diciembre de 1999, a cambio de elecciones libres que se organizan en el país. Este acuerdo controvertido no iba a ser realizado plenamente, aun cuando las tropas de EE.UU. de hecho se retiraron de la Zona del Canal en 1999: en 1981, Torrijos murió en un accidente de helicóptero, y no hubo elecciones. En cambio, entre 1982 y 1985 nada menos que cinco gobiernos diferentes gobernaron en ciudad de Panamá, antes de que el comandante de la Guardia Nacional, coronel Manuel Noriega, se estableciera en el poder.

Noriega ya había desde mediados de 1960, algunas conexiones con la CIA, pero siempre siguiendo sólo sus propios intereses: ya en ese momento estaba involucrado en actividades dudosas e ilegales, como el contrabando de drogas, lavado de dinero, y venta de secretos militares de EE.UU. a Cuba. También se recibieron informes sobre sus conexiones con la organización guerrillera M-19 de Colombia. Con el tiempo, Noriega empezó abierta y directamente antagonizar incluso EE.UU., y en 1989 las tropas de EE.UU. desplegadas a lo largo del Canal de Panamá estaban bajo creciente presión que obligó a las autoridades panameñas de Noriega a declarar emergencia.

Mientras tanto, la exGuardia Nacional Panameña se desarrolló en las Fuerzas de Defensa de Panamá (PDF), y aumentaron a varios batallones con un total de 6.000 soldados con entrenamiento diferente. Los dos mejores unidades fueron el Batallón 2000, y una pequeña compañía de paracaidistas. La Fuerza Aérea de Panamá (PANAF) era un arma aérea en miniatura, con 500 oficiales y soldados alistados, 21 helicópteros Bell 205A-1, y algunos medios de transporte ligeros, principalmente la tarea de las misiones de vuelo de suministro de las diferentes bases en la selva. El PANAF tenía tres pequeñas unidades, el "Escuadrón de Transporte", Escuadrón de Rescate ", y" Transporte Aéreo Militar ", desplegados en Torrijos/Tocumén y aeropuertos de Río Hato, sino también en ocho pistas pequeñas de todo el país.

Los preparativos de EE.UU. 
A finales de 1989 las tropas de EE.UU. se basaban en las siguientes bases en Panamá: Fort (Ft.) Knobbe, la Base Aérea de Howard, Rodman y NAS, al norte del Canal; BAM Albrook y Fort Clayton al norte de la ciudad de Panamá, y Quarry Heights en la ciudad. Hubo bases adicionales, como Ft. Sherman, al oeste de Ciudad de Panamá, y Ft. Randolph, Ft. Gulck, Ft. William F. Davis, y Colón, al oeste de Ciudad de Panamá.

Ya durante la primera ronda de aumento de las tensiones debido a Noriega, en 1988, el Pentágono preparaba planes para una intervención en Panamá, la operación "Lanza Azul". Sin embargo, esto sólo vio las tropas de EE.UU. ser re-desplegados en los puntos más importantes de todo el país. La "Lanza azul" nunca se realizó, sin embargo, que ya han causado varias unidades adicionales de EE.UU. sean enviadas a Panamá.

En la primavera de 1989 se decidió que el XVIII Cuerpo Aerotransportado sería la base para la futura intervención en Panamá, y luego los preparativos para la creación de la "Fuerza de Tarea Conjunta de Panamá" (JTFP) se iniciaron. Durante el verano de 1989 la 193a Brigada con sede en la Zona del Canal se vio reforzada con 10.300 soldados, la séptima división de infantería, con 13.000 soldados (de los cuales los primeros 1.500 llegaron ya en mayo) la 1 ª Brigada de la 82 División Aerotransportada, y el Regimiento 75o iban a seguir. Con el fin de ocultar el tamaño del despliegue de todas las unidades y sus equipos fueron trasladados a Panamá con transportes C-5B y C-141B de la CAM, en la operación de "Nimrod Dancer", durante el cual también helicópteros AH-6 Little Bird y AH 64A Apache de la 1ra Cpy/1st Bn Aviación Rgt./7th ID, así como AH-1S y UH-60As del Regimiento de Aviación 123a. fueron trasladados inmediatamente después de la llegada, todos los helicópteros estaban escondidos en hangares diferentes alrededor de la Howard AFB. Posteriormente, también los primeros aviones de combate y de transporte llegaron, entre ellos el 61st MAW, equipado con C-22, C-130, y CASA.212s, así como helicópteros adicionales del 1er SOW y el Ala Compuesta 24a. Desde hace algún tiempo los EE.UU. considera desplegar también ocho F-16Cs del 388o TFW a Panamá, pero no había un peligro considerable de estos golpes a las en el caso de los combates en torno a la Base Aérea de Howard, y la idea fue abandonada. Sin embargo, seis A-7DS del TFG 180a (Ohio ANG) ya estaban en el aeródromo, e iban a demostrar su valor.

 
Mapa de la Operation Just Cause (clic para ampliar)  

Después de la llegada del séptimo ID y helicópteros del 123o Regimiento de Aviación - en noviembre de 1989 - también de 12 AH-6, diez MH-6, siete MH-47Es y 17 MH-60K Night Hawks del 617a Destacamento de Aviación. (Operaciones Especiales y el 160to Grupo de Aviación) fueron llevados a la Base Aérea Howard en Panamá, sin que nadie se diera cuenta. En total, el 18 de diciembre - como el 7mo ID finalmente estableció su Sede en adelante Howard - el Ejército de EE.UU. tenía no menos 167 helicópteros, pero diferentes en el país.

Para la operación contra el régimen de Noriega - que llegaría a ser conocido como "Just Cause" - el Ejército de los EE.UU. y el Comando de Operaciones Especiales de la USAF habían creado diversas fuerzas de tarea (TF). La TF "Hawk", con sede en la Base Aérea de Howard, por ejemplo, consistió en la primera Bn 288o y 123o Bn del 1er Rgt de Aviación. En Río Hato el "Wolf Team" se organizó en torno AH-6 y AH-65As de la AD 82), la tarea de apoyo a los rangers que iban a saltar por encima de dos campos de aviación panameños. El Comando de Operaciones Especiales de la USAF (USAFSOC) movilizó a la 23rd Air Force entera - incluyendo las unidades equipadas con EC-130, AC-130, MH 53Js, y MH-60CS para el apoyo de Just Cause.

El plan de la operación contra Panamá era muy complicado y vio amplio despliegue de tropas, pero no menos 4.400 de las diferentes unidades especiales del Ejército, Fuerza Aérea y de la Marina de Guerra, incluyendo a los Rangers, los operadores de Delta Force, y los sellos, que eran rápidamente la captura de once puntos neurálgicos de todo el país, la captura de los principales dirigentes, y des-armar a los militares y las autoridades locales de seguridad.

 
AH-64A Apache y el ATGM AGM-114 Hellfire fueron utilizados en operaciones de combate por primera vez durante la Operación "Causa Justa". Aquí, un Apache del Ejército de EE.UU. es visto durante las pruebas de la HMMS Hellfire (sistema de misiles Modular Hellfire). (Ejército de los EE.UU.) 

Raiders de la tormenta 
La última razón para la invasión de EE.UU. de Panamá entregó un fallido golpe de Estado contra Noriega, organizada el 3 de octubre de 1989: dos días después, Panamá declaró la guerra a los EE.UU.. El 16 de diciembre las tropas de EE.UU. fueron objeto de varios disparos, mientras que en curso un civil en Ciudad de Panamá, y un joven oficial fue asesinado. El presidente de EE.UU. George W. Bush ordenó la ejecución de "Just Cause": las tropas ya estacionadas en bases diferentes en todo el país entraron en sus posiciones de partida en la tarde del 19 de diciembre. Al mismo tiempo, en los EE.UU., 1,700 rangers del 75 Regimiento. y 3.300 paracaidistas de la 82da AD fueron a bordo de 13 C-130 Hércules de transporte, escoltado por varios helicópteros de combate AC-130 A del SOS 711 y AC-130H Spectre artillados del 16 de SOS, y varios interceptores F-15C Eagle.

En marcha para Panamá el Hércules de la primera ola se repostar en el aire por dos aviones HC-130 N petroleros de la novena SOS, el HC-130Ns también suministró varios otros - "especializado" - Hercules, tales como CE-130Es, y los otros nueve C-130 que le siguieron. A su paso una flota de 77 C-141Bs y 12 C-5B fue a seguir con más tropas y equipo pesado - con el apoyo de numerosos camiones cisterna KC-135 y al menos un E-3A AWACS Sentry. La parte trasera compuesta por más McDonnell F-15C con su propia cisterna, y dos Lockheed F-117A avión "stealth".

El ataque fue iniciado por dos F-117As, que alrededor de las 23:00 hora local lanzaron dos GBU-24 frente al CG de Noriega en Río Hato. Esta operación causó más adelante muchas discusiones, ya que fue declarado como una falla por parte del público, mientras que las bombas cayeron justo donde se espera que hagan - ya que la intención era para ellos para crear confusión.

Sin embargo, en lugar de crear confusión, las bombas alertaron a los panameños, de modo que cuando el 13 C-130 cargados con tropas de la TF "Red" llegaron a Río Hato se encontraron con el fuego de varias ametralladoras pesadas ZPU-4, calibre 14.7mm. Antes dos escoltas AC-130 pudieron intervenir, el 8 de SOS MC-130E que conducen a la formación de Hércules fue alcanzado por fuego desde tierra, obviamente, y obligado a hacer un aterrizaje de emergencia con sólo tres motores en funcionamiento. Los helicópteros de combate - poco después articulados por dos AC-130As cada uno de los AFRes SOS 711 y 919a que vinieron desde la Howard AFB - entonces comenzó la supresión de las defensas antiaéreas y esto permitió a los transportes Hércules soltar a los rangers de un nivel de 600ft/200m solamente. Debido a una serie de mucha carga de aterrizaje soldados en la pista de cemento, 35 de ellos resultaron heridos, pero en general se las arreglaron para recuperarse rápidamente y atacar a la principal terminal de Río Hato, la cual fue asegurada entre la una y cincuenta y las tres horas de 20 de diciembre.

 
Cartel del frente del CG de la 6ta Compañía de Infantería Mecanizada de la PDF en Rio Hato. La compañía, equipada con APC V-300, se convirtió en el principal blanco del asalto aerotransportado por parte de miembros del 75th Ranger Regiment

Poco después, los transportes pesados arribaron ​​por primera vez, trayendo refuerzos y evacuar a las víctimas. Durante este ataque de los Rangers perdieron 2 muertos y 27 heridos (además de 35 soldados heridos durante el aterrizaje), mientras que el PDF perdieron 34 muertos y 260 capturados. La TF "Red" - ahora con el apoyo de varias AH-AH 64As y 6s-en avión desde la Base Aérea de Howard, y el SOS 711 AC-dos 130As - entonces comenzaron a prepararse para su próxima tarea.

Unidades especiales 
Simultáneamente con el desembarco de los Rangers en Río Hato, las tropas de EE.UU. en otras partes de Panamá se convirtieron en un activo. Un grupo comando capturó la estación de televisión en el Cerro Azul, y lo puso fuera del aire (la estación más tarde fue reactivada, aunque bajo control de EE.UU.).

Alrededor de cuarenta y cinco minutos después de las doce horas del 20 de diciembre una TF del Ejército de los EE.UU. iba a ser volado por tres helicópteros UH-60As desde Albrook AFB a la Pacora-Puente, algunos 15 km al norte del campo de aviación de Tocumen/Torrijos, con el fin de bloquear la eventual contraataque por el Batallón 2000 de las PDF. Durante el inicio los helicópteros fueron atacados por tropas panameñas desplegadas en todo el campo de aviación: no hubo daños y continuaron de forma segura. Ya durante el aterrizaje cerca de Puente de Pacora los estadounidenses vieron una columna del Batallón 2000 acercarse: las tropas desplegadas con rapidez y luego atacaron. Los primeros vehículos panameños fueron destruidos por lanzadores M-136, y dos AC-130 se unieron con sus armas de fuego calibre 20, 40 y 105 mm. Dentro de pocos minutos, casi todos los vehículos blindados del Batallón 2000 fueron destruidas y dispersas las tropas. Ese fue el final de la única operación panameña que podría convertirse en una amenaza significativa para las tropas de EE.UU..

Mientras tanto, 4 equipos SEAL de la USN se desplegaron desde Howard AFB a bordo de helicópteros MH-53J III Pave Low y MH-60G de la vigésimo SOS para atacar a la pequeña pista de aterrizaje en Punta Paitilla, donde iban a evitar que Noriega saliera de Panamá a bordo de su avión privado. Los SEALs se lanzaron al agua a unos cuatro kilómetros de la costa, y utilizaron botes Zodiac para llegar a la playa. Posteriormente, operadores adicionales fueron desplegados directamente por los helicópteros en el aeródromo.

Inicialmente, el ataque SEAL fue un gran éxito y varias avionetas fueron utilizados para bloquear la pista de aterrizaje, mientras que el jet ejecutivo de Noriega iba a ser puesto fuera de combate. Sin embargo, el pobre reconocimiento y numerosos re-despliegue de unidades de las PDF en los últimos días antes del inicio de "Just Cause", entonces casi dieron lugar a una catástrofe. En el momento en que los SEALs estaban a punto de desactivar el LearJet Noriega, fueron objeto de un contraataque fuerte de las fuerzas de seguridad de las PDF y perdieron cuatro operadores los que murieron en un corto y rápido tiroteo. Sólo una rápida reacción del Ejército de los EE.UU., que desplegaron refuerzos de bases cercanas a bordo de varios helicópteros - como un Pave Hawk de la 55 ª SOS - salvaron al pequeño equipo de la aniquilación. Al final, Punta Paitilla fue asegurada, aunque el Pave Hawk fue dañada por fuego desde tierra.

 
Fotos nocturnas de los SEALs de aterrizaje en el aeródromo de Patilla. (EE.UU. Departamento de Defensa) 
 
SEALs de la USN en el aeródromo de Patilla rápidamente pusieron al LearJet Noriega fuera de acción. (Departamento de Defensa de EE.UU.) 

Alrededor de 01:10 horas de la TF "Red Tango", que constaba de rangers con base en Hunter Army Airfield, saltaron sobre Tocumén/Torrijos. Esta operación fue todo un éxito y el campo de aviación fue asegurado dentro de sólo 15 minutos, de manera que los siguientes transportes pudieron empezar a aterrizar allí ya alrededor de 0130hrs. Sin embargo, el personal de seguridad local tomaron a 347 civiles de un avión brasileño como rehenes y los estadounidenses necesitan varias horas de negociaciones para que se rindieran. Mientras tanto, alrededor de 02:10 horas la próxima ola de 20 C-141 de transporte Starlifter saltaron los paracaidistas de la AD 1 ª Brigada 82a en Torrijos. Uno de los transportes fue dañado por el fuego de tierra, pero el salto fue un éxito, incluso si algunas tropas desembarcaron en las marismas cercanas. Poco después, también de ocho tanques ligeros Sheridan fueron soltados, y muy pronto la TF Red Tango fue capaz de empezar a avanzar, a pesar de algunos pequeños destacamentos de la PDF, cerca de la pista de aterrizaje: éstos fueron tratados principalmente por un AC-130 y varios AH-6 y AH 64s.

Alrededor de 05:00 horas dos batallones adicionales de la AD 82a fueron retirados y ahora los EE.UU. tenía un total de 7.000 soldados en el terreno en Panamá - además de los ya apostados allí: esto hizo posible que el Ejército de los EE.UU. iniciara una serie de las operaciones ofensivas. De ese modo el primer UH-60As fueron utilizados para desplegar un batallón a la captura de La Viejo, los rangers - junto con los Sheridan - luego se trasladaron en la misma dirección.

A las 08:30 hrs otro batallón fue enviado a bordo de helicópteros de Tinajitas, donde dos unidades de PDF fueron destruidos rápidamente. Dos horas más tarde un tercer batallón capturó Ft. Cimmaron, neutralizando los restos del Batallón 2000 (a un costo de un muerto y varios heridos): esta unidad de la PDF con mala suerte estuvo bajo ataques constantes por parte de AC-130 durante la noche y mientras tanto, perdió casi todos sus vehiculos, así como la mayoría de las tropas.

La 82da División Aerotransportada en Acción 
Algunos elementos de la 82 División Aerotransportada fueron enviados a Panamá ya desde el 17 de octubre, donde fueron puestos bajo el mando de la 3ra Brigada/7ma División de Infantería, y apostados en los fuertes Sherman y Clayton, así como en la Base Aérea de Howard. Desde las 00.38hs estas tropas atacaron bases de la PDF en Coca Solo y Fort Espinar, así como en la Península de Colón, lo que limitó los tiroteos. Alrededor de las 01:00 hrs secciones de la 82da División Aerotransportada atacaron la cárcel El Renacer. Ellos fueron desplegados con la ayuda de dos helicópteros UH-1H del 1er Batallón/228vo Regimiento de Aviación, el tercero UH-1 aterrizó algunas tropas fuera de la prisión, que bloqueó la carretera que llevaba allí. Toda la operación fue apoyada por dos OH-58C y un solo AH-1S, que atacaron a los guardias en el cuartel cercano de la PDF. Un ataque similar se ejecutó en contra de la cárcel de Gamboa, donde también estaba un agente de la CIA arrestado por los panameños. La tercera prisión- en Modelo, cerca de la Comandancia - fue atacada por los operadores de la Delta Force, que perdieron uno de sus AH-6 por armas de fuego pequeñas.

 
Delta Force en Panamá 

La batalla por la Comandancia 
La Brigada de Infantería 192o se volvió activa en torno a 01:00 hrs, cuando un ataque contra La Comandacia iba a ser iniciado. La operación tuvo que ser pospuesta durante 15 minutos, mientras las tropas de la PDF cerca de la Base Aérea Howard abrieron fuego en respuesta a los desembarques de EE.UU.. Como las tropas de EE.UU. condujeron en dirección a La Comandancia, se encontraron bajo fuego pesado y perdieron dos vehículos blindados M-113s: los soldados sobre el terreno tuvieron que utilizar todas la potencia de fuego en la mano, más el apoyo de AC-130Hs del 16 SOS con el fin de ser capaz de continuar su avance. Durante este ataque, los Spectre mostraron una nueva táctica, denominada "Top Hat", en el que dos helicópteros volaban círculos concéntricos alrededor del objetivo, volando en una formación casi 15 metros el uno del otro, y luego se concentraba el fuego de todas sus armas en contra de la mismo objetivo. Varias veces al abrir fuego contra las posiciones de la PDF a pocos metros de las tropas de EE.UU., el helicóptero, la tripulación de la 711a, 919a, y SOS 16a demostrado sus capacidades más allá de cualquier duda, y varios fueron condecorados después.


 
Intenso fuego se virtió en la Comandancia desde el aire y la tierra destruyendo el edificio por completo: el lugar no se vio afectado no sólo por helicópteros de combate y las tropas de la Brigada de Infantería 192a, sino también los Rangers, y AH-6 y AH64s, el último de los cuales utiliza una serie de ATGM Hellfire y cohetes Hydra. Especialmente la pequeña y maniobrable AH-6 demostraron su valía fuera de toda duda, ya que podía volar profundamente entre las calles, a menudo poniendo diferentes partes del edificio bajo el fuego de menos de 20 metros. Las tropas panameñas obstruyeron La Comadancia y las casas cercanas para no darse por vencido, pero tuvieron que ser neutralizados en una batalla brutal, que no había terminado antes de las 17:30 hrs. Durante los combates ninguna de las partes podía cuidar mucho de los civiles que viven en los barrios, y hay informes de que hasta 220 personas inocentes fueron asesinados por ambos bandos durante los intensos combates en esta zona.

La Brigada de Infantería 192a también estuvo involucrado en el ataque contra el Fort Armador. Esta operación fue planeada inicialmente para ser ejecutado con la ayuda de helicópteros, pero al final la mayor parte de las tropas llevaron a la batalla en varios autobuses. El resto de este grupo de trabajo se desplegó por helicópteros alrededor de 01:00 horas, pero fue objeto de un intenso fuego y tuvo que luchar una dura batalla - en la que también dos civiles estadounidenses murieron - con el fin de proteger la ciudad pequeña donde las familias militares de EE.UU. altas vida: el Fort Armador sólo se logró en torno a 16:05 hrs.

Tan pronto como comenzaron los enfrentamientos, tres EC-130E (RR) Rivet Riders de la 193a SOG (estacionado en Harrisburg) se utilizaron para emitir una señal de televisión en la que los civiles panameños fueron informados sobre las razones de la operación, y se los llamó a permanecer en sus casas.

Éxito rápido 
En total, durante las primeras 24 horas de "Just Cause" las tropas de EE.UU. aseguraron todos sus objetivos iniciales, y en los días siguientes fueron ocupados todo el establecimiento de la ley y el orden. Durante los combates, dos AH-6 se perdieron (uno derribado y el otro accidentado después de volar sobre cables de alta tensión), así como un único MH-6, y el 123o Regimiento de Aviación perdió un sola OH-58C. Una solo piloto del Ejército de los EE.UU. y dos pilotos de la Fuerza Delta fueron muertos. No menos, de 41 helicópteros de EE.UU. - de un total de 167 usados - fueron dañados por el fuego de tierra en un grado u otro, pero todos, excepto un UH-60A - que también hizo un aterrizaje forzoso - fueron reparados en 24 horas. La mayoría de los helicópteros afectados participaron en las partes más riesgosas de la operación, y en general sus tripulaciones re-aprendieron las lecciones de Granada, que demostró que sin los helicópteros blindados son muy vulnerables a cualquier tipo de fuego. A excepción de los helicópteros, también once C-130 fueron dañados por el fuego antiaéreo.

Después de los principales elementos de los PDF fueron neutralizados en las primeras 24 horas, en los días siguientes sólo algunos pequeños tiroteos se produjeron, durante el cual las tropas de EE.UU. siempre han podido contar con gran ayuda de la población local: los civiles panameños nos alegramos de la ayuda en la búsqueda de simpatizantes y miembros del régimen de Noriega, y muchos voluntarios ayudaron a mostrar la dirección correcta, o punto a los que se esconden entre la población civil.

El 25 de diciembre, el grupo de trabajo Cóndor fue organizado para apoyar a los recién llegados a 2da Brigada/7ma División de Infantería, pero estas unidades no iban a ver más los intensos combates. Como cuestión de hecho, el resto de la "Causa Justa", sobre todo vieron las implementaciones diferentes de la Fuerza Delta, los elementos de los cuales estaban ocupados con la caza de Noriega. El dictador logró escapar en varias ocasiones - aunque el Ejército de los EE.UU. fue en busca de él de forma simultánea en varios lugares - hasta que finalmente se refugió en la Embajada de El Vaticano. El edificio fue rodeado inmediatamente por las tropas de EE.UU., y más negociaciones siguieron, que resultaron en la entrega de Noriega a General de EE.UU. Thurman, el 3 de enero de 1990: el dictador fue llevado de inmediato a bordo de un helicóptero MH-60G Night Hawk que lo esperaba y lo trasladó a la Base Aérea Howard . Una vez en lo que entonces era todavía oficialmente un territorio de EE.UU., Noriega fue detenido por agentes de la DEA y trasladados en avión a Florida a bordo de un MC-130 de la octava SOS. Toda la operación duró menos de 30 minutos. En los días siguientes, pero no menos de 900 miembros del régimen de Noriega y sus partidarios fueron arrestados también.

La operación "Just Cause" concluyó el 31 de enero de 1990. En ese momento, la mayoría de los que participan tropas de EE.UU. fueron desde hace mucho tiempo de vuelta en casa, o al menos no en marcha: fueron reemplazados por varias unidades de la Policía Militar, desplegado en la operación de "promover la libertad", que se ha continuado con la búsqueda para los partidarios de Norriega. Los parlamentarios hicieron amplio uso de helicópteros para implementaciones rápidas de todo el país, y dos de ellos se estrelló durante una tormenta, el 21 de febrero, matando a once soldados de la División de Infantería 7 y el 228o Regimiento de Aviación.

 
Marines en las calles de Panamá 

En total, los EE.UU. sufrieron una pérdida de 23 soldados durante la operación "Just Cause", los elementos de la PDF y otros militares y aparato de seguridad panameños perdieron 202 soldados, todo el equipo pesado, y la mayoría de los aviones y helicopteros.

Hasta hoy, los EE.UU. envía varios miles de millones de dólares EE.UU. en la economía panameña, con el fin de apoyar la recuperación del país. Varios de los antiguos partidarios de Noriega lograron salir, y algunos de ellos fueron decisivos en la causa de algunos disturbios menores. En diciembre de 1990, por ejemplo, el ex "comandante" Eduardo Hassan lideró un motín de unos 100 soldados de la recién fundada PDF: esto fueron sofocados rápidamente por las tropas de EE.UU. todavía estacionados en Panamá. El 31 de diciembre de 1999, el Canal de Panamá fue dado oficialmente al control panameño y las últimos tropas de EE.UU. se retiraron del país.

Orden de la batalla de unidades de vuelo de EE.UU. de la operación "Just Cause" 
SOCOM ("Fuerza de Tarea Conjunta del Sur") 
23a de la Fuerza Aérea 
- 16th SOW/8th SOS Black Birds, 3 MC-130E, 
- 16th SOW/9th SOS Night Wings, 2 HC-130N 
- 16th SOW/16th SOS Ghost Riders, 7 AC-130Hs 
- 16th SOW/20th SOS Green Hornets, 5 MH-53J 
- 16th SOW/55th SOS Night Hawks, 4 MH-60G 
(Todos los elementos de la SOW 16a fueron colocados en Hurlburt AFB) 

- 193rd SOG, 4 EC-130E(RR), de Hurlburt AFB 
- 711th SOS (AFRes.), 3 AC-130A, de Duke Field y Howard AFB 
- 919th SOG, 5 AC-130Hs, de Duke Field y Howard AFB 
- 160th Avn. Grp/TF.160, 12 AH-6, 10 MH-6, 10 MH-47E, 17 MH-60K 

USAF 
- TFW 37, F-117A, de Tonopah AFB 
- 24 de CW, OA-37B, de Howard AFB 
- C-130, C-141 y C-5 años de 21 diferentes escuadrones de MAC 
- 830o MAW Division/61st Aire, C-22, C-130, CASA.212 
- 388o TFW, F-16Cs, de Hill y la Base Aérea Howard 
- 180o Gobierno Federal de Transición (ANG), A-7D, de Toledo (Ohio) 
-? AWCW, 3 E-3A, con sede en? 
- 26 escuadrillas de reabastecimiento de combustible con diferentes KC-135 

Ejército de EE.UU. 
- 123o Regimiento de Aviación/Brigada de Aviación séptima división de infantería, volando AH-1S y UH-60As 
- Brigada de Aviación de la 82da División Aerotransportada, volando AH64A y OH-58Cs 
- 1er Batallón /288vo Regimiento de Aviación, volando AH-1S y UH 60As. 

ACIG