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domingo, 12 de abril de 2026

Análisis de las funcionalidades de las distintas variantes del F-35


 

Despegue corto, aterrizaje vertical y polémica horizontal

Global Strategy Report, 26/2022

Resumen: La aparición en los presupuestos de un programa para sustituir a los Harrier de la Armada parece indicar que se adquirirán F-35B. Los inconvenientes del programa, la dependencia industrial, el coste del sistema y las posibles alternativas, como los drones o los helicópteros de ataque, son argumentos en contra de esta compra. Sin embargo, el aumento de los presupuestos de Defensa, la situación geopolítica de España, las capacidades que se perderían, un análisis más concienzudo del coste y el éxito de exportación del cazabombardero dejan patente sus bondades.

Para citar como referencia: Supervielle, Federico (2022), «Despegue corto, aterrizaje vertical y polémica horizontal», Global Strategy Report, No 26/2022.


La posible adquisición del F-35B para nuestra Armada puede ser el único asunto que despierte más pasiones que un partido de la Selección. Al menos, entre los aficionados a los asuntos militares aunque, por su vistosidad, es de los pocos temas de esta índole que alcanza una repercusión algo mayor, con la participación de algunos políticos y noticias en medios generalistas.

El borrador de presupuestos generales del Estado para 2023 ha vuelto a sacar el tema a la luz con la aparición del superproyecto 2023 14 03 1012: «Avión sustituto del AV-8B y C-15M – 2ª Fase». El C-15M es la denominación del Ejército del Aire para sus F-18, que ya cuentan con otra partida de 4.500 millones de euros. La partida conjunta para los AV-8B y la segunda fase de F-18 está valorada en 6.250 millones de euros. Respecto al relevo de los C-15M podría haber debate, pues los basados en Canarias supimos el año pasado que serán relevados por modelos modernos de Eurofighter. Sin embargo, solo un avión puede relevar al Harrier: el F-35 Lightning II en su versión STOVL (despegue corto y aterrizaje vertical). Por tanto, todo parece indicar que los 4.500 millones serán para renovar la mayoría de los F-18 peninsulares por más Eurofighter, mientras que la partida de 6250 millones supondrá la compra conjunta de F-35B para la Armada y un número relativamente reducido de F-35A para el Ejército del Aire.

Gasto, inversión y Defensa

Las compras de armamento suelen discutirse enfrentando la necesidad de contar con un determinado sistema a su precio, algo especialmente señalado en el caso del F-35B por su elevado coste, que trataremos más adelante. Si bien toda adquisición debe analizarse desde un punto de vista presupuestario, esta mentalidad tiene el peligro de caer en la trampa de considerar la seguridad como algo cuantitativo, cuando la seguridad es una cualidad, no una cantidad.

Esto es fácil de entender desde la perspectiva de la disuasión: una gran parte de nuestra seguridad depende de la percepción que tenga un potencial enemigo sobre nuestras capacidades. La derivada inmediata de esto es que la seguridad no se puede tasar y, sobre todo, que no cabe esperar retorno alguno de ella. Esta segunda trampa, también habitual, es en la que a menudo recaemos al defender una industria de Defensa nacional. Por supuesto, una industria militar propia, hasta cierto punto independiente, es una ventaja estratégica de primer orden; sin embargo, no podemos considerar los costes de nuestra Defensa «inversiones», como si esperásemos un retorno de ellos. Los costes de la Defensa son «gastos», a fondo perdido. El retorno de ese gasto es la seguridad, ese concepto intangible que no nos devolverá dinero… al menos, no directamente. Haciendo un símil algo simplista, la seguridad y la Defensa son como el seguro de un coche. Nadie paga el seguro esperando un retorno de su «inversión»; pagamos el seguro con el objeto de que, cuando tengamos un accidente, nos saque del aprieto. Habrá gente dispuesta a pagar un seguro a todo riesgo y otros que solo lo tendrán a terceros, pero ni unos ni otros esperan ganar dinero pagando el seguro. El presupuesto de Defensa es equivalente, con la particularidad de que, en lugar de evitarnos pagar los daños, pretende asegurar la supervivencia misma del Estado y muchos de sus ciudadanos.

El concepto de disuasión es también fundamental para comprender por qué muchas de las adquisiciones de material bélico están «infrautilizadas», otro de los argumentos habituales en contra de determinadas compras. El conflicto armado es el último recurso, aquel al que se acude cuando todo lo demás ha fallado y, desde el punto de vista estrictamente militar, la disuasión es la única herramienta para no llegar al conflicto. Por tanto, aunque pueda parecer contradictorio, el arma más efectiva puede ser la que no se ha usado nunca, porque la capacidad y voluntad de emplearla impidieron que el potencial enemigo se atreviera siquiera a llegar al conflicto.

En relación con este asunto, debemos tener en cuenta que la disuasión se ejerce mediante el conjunto de las Fuerzas Armadas —y la voluntad política y otras capacidades no estrictamente militares—, con lo que es importante que el diseño de la fuerza sea equilibrado. No tendría sentido una adquisición que pusiera en entredicho la operatividad de otras capacidades igual de necesarias. Hace poco más de un año, nada nos hacía prever un aumento de entidad en los presupuestos de Defensa y el propio AJEMA nos decía que «desde 2008 el presupuesto asignado a la Armada solo alcanza de media para el 70% del sostenimiento mínimo imprescindible»[i]. En esa situación, acometer un programa de gran entidad, teniendo que paliar un 30% de infrainversión durante década y media, y renovar una parte importante de las capacidades de la Armada, se antojaba demasiado ambicioso. Aun así, como veremos, la pérdida de capacidad sería tal que el debate continuaba abierto. Con la aparente tendencia positiva de los presupuestos de Defensa en los próximos años, la adquisición del F-35B bien puede encajar en el diseño de una Flota equilibrada.

El aumento de los presupuestos de Defensa es una buena noticia, como mínimo para empezar a paliar quince años de recortes, pero no es suficiente. Y no lo es porque la cantidad sea escasa —afirmación que merecería su propio estudio—, porque no llegue al ya famoso acuerdo OTAN del 2% del PIB o por otras cuestiones cuantitativas. Precisamente para permitir el diseño y adquisición de una fuerza equilibrada y eficaz, los presupuestos de Defensa no pueden renovarse de año en año. El más mínimo programa de armamento tiene varios años de duración y algunos de los más grandes duran décadas. Para diseñar una fuerza capaz de acometer las misiones que se le encomienden y ejercer la disuasión necesaria, los planificadores necesitan conocer el presupuesto de los próximos cinco, diez o, incluso, veinte años. Si bien la tendencia actual parece ser una de aumento, ¿qué ocurrirá si hay cambio de gobierno? ¿Y si hay otra crisis económica o financiera? ¿Qué pasará si Rusia es derrotada en Ucrania y Europa no percibe amenaza? Si los planificadores diseñan la fuerza en base al presupuesto que estiman para dentro de unos años, pero este se reduce, en el momento de la reducción nos veremos abocados a recortar, sin opción a elegir qué capacidades podemos reducir o perder. Al no contar con un presupuesto estable, renovamos capacidades a medida que podemos y esto nos permite, en teoría, perder las mínimas posibles. Pero también nos impide elegir cuáles damos de baja y, así, España ha perdido su capacidad de patrulla marítima o los aviones especializados en guerra electrónica. Podría darse el caso de que un presupuesto boyante nos haga adquirir una capacidad beneficiosa pero no fundamental y un recorte posterior nos haga perder una capacidad absolutamente esencial. La Defensa se debe planificar a largo plazo y, para ello, necesita unos presupuestos a largo plazo.

Por último, no podemos cerrar este epígrafe sin citar, aunque sea brevemente, la situación particular de España. Algunos países de nuestro entorno pueden concebir su Defensa desde un punto de vista puramente conjunto, pues sus únicas amenazas son compartidas con el resto de miembros de la Alianza. Sin embargo, la situación geográfica española, que tantas ventajas nos otorga o nos debería otorgar, también supone que España tenga que estar preparada para acometer ciertas amenazas de forma individual. A pesar de la insistencia en foros internacionales sobre la importancia del «Flanco Sur», la realidad es que ciertos asuntos solo nos incumben a nosotros e, incluso, como ocurrió en la crisis de Perejil, podemos encontrarnos con supuestos aliados haciéndonos la zancadilla[ii]. Es por ello que España no puede renunciar a algunas capacidades con la mentalidad de aportar otras a la Alianza y esperar que sus carencias sean paliadas por los demás miembros. En la medida de lo posible, España tiene que ser capaz de garantizar su propia Defensa, al menos en todos aquellos escenarios en los que no pueda asegurar la participación de la OTAN en su favor. El ala fija embarcada, como veremos, es fundamental en este sentido.

Una cuestión de capacidad

Las capacidades que aporta el ala fija embarcada son incuestionables: disuasión, control del mar, cobertura aérea, operaciones anfibias, ataque a suelo y ataque a buques. La disuasión a nivel estratégico que proporciona un grupo de combate encabezado por un portaeronaves es difícilmente superable salvo por armas nucleares. Ni siquiera el submarino, elemento de negación por excelencia y el sistema de armas más furtivo del mundo, genera la misma disuasión a nivel estratégico. Las capacidades del portaeronaves le permiten proyectar más poder, más lejos, que cualquier submarino no armado nuclearmente. El submarino, ideal para negar al enemigo el uso de ciertos espacios marítimos, no puede ejecutar el amplio abanico de misiones de un grupo aeronaval. Aunque sea solo porque menos de diez marinas en el mundo cuentan con ala fija embarcada, el hecho de disponer de esta capacidad automáticamente las convierte en marinas de primera división a ojos de cualquier rival.

La capacidad de control del mar que pueden ejercer las unidades de superficie se ve aumentada exponencialmente con el ala fija embarcada. El horizonte se amplía con la altura y la presencia de unidades de combate aéreo propias permite operar con cierta libertad a otras aeronaves como helicópteros o, incluso, aviones basados en tierra como los de patrulla marítima, que en ciertos escenarios pueden requerir escolta. Esa cobertura aérea no siempre podrá otorgarse por el Ejército del Aire operando desde sus bases en tierra. Incluso con capacidad de reabastecimiento en vuelo, operar en determinadas zonas podría ser imposible y, en muchas otras, extraordinariamente ineficiente. Desde luego, se podría renunciar a esas operaciones «lejanas», pero eso sería, en esencia, una pérdida de capacidades que mermaría nuestra disuasión, pues el enemigo sabría que no podríamos acometerlas; y una alternativa menos para los decisores, tanto políticos como militares, encargados de solucionar la crisis o el conflicto.

Las operaciones anfibias son, simple y llanamente, inviables sin ala fija embarcada. En escenarios muy cercanos a territorio nacional, se podría plantear una operación conjunta con apoyo del Ejército del Aire pero, una vez más, eso deja la capacidad disuasoria cercana a cero. Una de las premisas indispensables para una operación anfibia es la sorpresa y, si el enemigo conoce los pocos puntos en la que esta se puede realizar, estarán defendidos y la operación no será viable. Tampoco hay que desdeñar el adiestramiento específico, la doctrina y la experiencia de los pilotos navales en operaciones tanto puramente navales como anfibias. Otros pilotos podrán realizarlas, pero difícilmente al mismo nivel sin un adiestramiento y formación que los convertiría, esencialmente, en pilotos navales.

La pérdida de capacidades que supondría no contar con una fuerza anfibia creíble merecería un artículo por sí misma, pero citaremos a continuación algunas de las más destacadas. Las operaciones anfibias permiten emplear la mar como espacio de maniobra y los barcos como medio de transporte. La mayoría del comercio mundial se hace por mar porque es la forma más eficiente de mover grandes cantidades de material, algo también aplicable a una fuerza de combate. La fuerza naval, y por tanto la anfibia, no requiere del apoyo de un tercer Estado para operar, ampliando las posibilidades. Permanecer en aguas internacionales evita una posible escalada y la gran movilidad de una agrupación naval, que puede rondar las 300 millas náuticas al día, le permite situarse cómodamente en una posición no vulnerable ni amenazante desde la que acceder rápidamente a su objetivo. La inmensidad de la mar otorga otra gran ventaja: la sorpresa. Ni siquiera con la tecnología actual es fácil encontrar una flota en medio del océano. La disuasión que genera una fuerza anfibia no se puede lograr mediante otros métodos, ya que determinadas operaciones solo se podrán ejecutar con una fuerza anfibia. La fuerza anfibia también obliga al enemigo a repartir sus esfuerzos defensivos, pues puede ser atacado en casi cualquier lugar en casi cualquier momento: permite abrir segundos frentes, flanquear y buscar las posiciones más favorables.

En cuanto a la capacidad de ataque a suelo y ataque a tierra, ya existe en la Flota por otros métodos, pero la aviación de ala fija embarcada ofrece alternativas que, en función de la situación táctica, serán más adecuadas. También ofrece la posibilidad de realizar un ataque combinado con distintas armas y/o desde distintas direcciones, dificultando enormemente la defensa al enemigo[iii].

Ni tan bueno ni tan malo

Las propias capacidades del avión suelen ser objeto de debate alrededor del F-35. El programa, como cabe de esperar de uno de tamaña entidad, atravesó varios baches en los primeros años. Muy posiblemente, muchos de ellos derivados de la necesidad de obtener tres aviones con capacidades muy distintas a partir de un único proyecto. De hecho, el resultado final es que los tres modelos solo son iguales en un 20-25%, según el general jefe del programa[iv]. Sin embargo, la larga lista de usuarios debería por sí sola derribar las teorías conspiratorias de que se trata de un aparato plagado de problemas que los EE.UU. han vendido a Estados vasallos a cambio de protección. Estados Unidos, Reino Unido, Italia, Israel, Japón, Países Bajos, Australia, Corea del Sur y Noruega ya operan el F-35, mientras que Dinamarca, Canadá, Bélgica, Polonia, Singapur, Finlandia y Suiza, al menos, se unirán muy pronto al club. El Lightning II va camino de los 1.000 aparatos y las 600.000 horas de vuelo[v]. Para hacernos una idea, el F-15 llevaba unos 1.200 aparatos en 2007, tras tres décadas de operación[vi].

A pesar de la evidente apuesta de la mayoría de las fuerzas armadas occidentales por el F-35, todavía podemos encontrar argumentos que dudan de sus bondades, por lo que citaremos algunas aquí. La furtividad (stealth) del F-35 a sensores tanto radáricos como infrarrojos le convierte, posiblemente, en el avión de combate más difícil de detectar del mundo: se le estima una superficie equivalente radar un 50% menor que la de un ave[vii]. Por supuesto, el avión no es invisible, pero ser difícil de detectar le otorga dos ventajas: la de violar las defensas aéreas enemigas y la de atacar a otro avión antes de ser detectado. La primera, enmarcada dentro del SEAD (supresión de las defensas aéreas enemigas), es posiblemente la misión más específica y para la que mejor preparado está el F-35. La combinación de furtividad y capacidad de armamento le habilita para hacer ataques de primera ola, eliminar defensas que otros no podrían penetrar y permitir así que le sigan olas de ataque menos sofisticadas.

La furtividad unida a la consciencia situacional que el sistema otorga al piloto pone al F-35 al nivel de los aviones más avanzados en combate aire-aire. Esto es especialmente importante pues, aunque se vende como un avión multirol es, en origen, un avión de ataque a suelo. El avión de superioridad aérea de los EE.UU. es el F-22 y otros países que operan F-35 mantienen sus aviones especializados aire-aire: Eurofighter en Reino Unido e Italia o F-15 en Japón e Israel, por ejemplo. Sin embargo, la furtividad y las ayudas al piloto permiten al F-35 enfrentarse a estos aviones de generaciones anteriores en combate aéreo. Esto no quiere decir que, a priori, futuros diseños de quinta generación y siguientes, especializados en superioridad aérea, deban mejorar al F-35 en estas misiones. La consciencia situacional viene apoyada por una enorme capacidad de guerra electrónica para la que otros aviones necesitan contar con pods específicos. En el Lightning II, esta capacidad está completamente integrada en todos los modelos, afinando aún más sus prestaciones tanto de ataque a suelo como de combate aéreo. Por último, para el caso concreto que nos atañe, no debemos olvidar que la mejora en capacidades puramente aeronáuticas respecto al Harrier es de varios órdenes de magnitud. El AV-8B+, también un avión de ataque a suelo, se ve en desventaja en combate aéreo contra casi cualquier avión moderno debido a su alcance, techo, trepada o velocidad, a pesar de unas armas y sensores que no son desdeñables. En el F-35 estas características siguen siendo inferiores a las de muchos aviones de cuarta generación, pero su ventaja en furtividad, sensores y consciencia situacional iguala o invierte la balanza.

Por último, debemos citar otro enorme salto adelante que trae el F-35, y es que esas ayudas al piloto y consciencia situacional lo convierten en un centro de mando volante, pudiendo ejercer de comandante de la escena de acción, gestionando otros muchos actores de forma equivalente a las tareas que realizan aviones de mando y control, pero con la ventaja de no ser un blanco ideal para el enemigo.

En cuanto a la posible adquisición por la Armada española, se debe considerar el número limitado de aparatos que, a priori, se podrían adquirir. La cantidad que se baraja suele ser una docena, que es el número de Harrier con los que cuenta la Novena Escuadrilla actualmente. Este número tiene obvias limitaciones, pues supondría una disponibilidad aproximada de seis aviones. Con esa cantidad sería casi imposible, por ejemplo, mantener una cobertura aérea permanente sobre una agrupación naval. También se podrían ver negadas las ventajas del avión en un desembarco anfibio por no poder hacer las salidas necesarias para mantener la superioridad aérea contra una fuerza aérea oponente más anticuada pero con mayor disponibilidad de aparatos.

Sin embargo, estas realidades irrefutables han de ser matizadas. No estamos hablando de tener más o menos capacidad, sino de tener o no capacidad, y la diferencia es enorme. Por poner un ejemplo con otro sistema, son mucho más parecidas una marina con nueve submarinos y una con tres que esta última y una que no tenga submarinos. Puede parecer contradictorio, pues entre las primeras hay el doble de diferencia, pero la marina que tiene tres submarinos puede hacer misiones con submarinos. Podrá hacer menos, pero puede, y eso ensancha enormemente el abanico de posibilidades, genera disuasión y siembra la duda en el enemigo. Tiene pocos aviones, pero ¿y si cuando le voy a atacar están en el aire? ¿Y si están en alerta en cubierta?

Además, no contar con ala fija embarcada supondría un cambio radical en la estructura de la Flota. Sin ala fija embarcada, la Infantería de Marina no tendría razón de ser, ni los tres buques anfibios. La Armada tendría que reestructurar su fuerza, los escoltas no serían tan necesarios y se perdería gran parte de la capacidad oceánica y prácticamente toda la capacidad de proyección, pues serían necesarias unidades menores con más pegada, pero incapaces de operar lejos de sus bases.

Para hacer la guerra hacen falta tres cosas

El F-35 es un avión caro. Esta afirmación merece un análisis de los costes de adquisición y, sobre todo, operación, que son los que podrían hipotecar el presupuesto de la Armada durante décadas. También veremos que, sin dejar de ser un sistema gravoso, no lo es, ni mucho menos, en comparación con sus rivales.

Uno de los números más citados en las discusiones sobre el F-35 es el precio por aparato, con la particularidad de que no se trata de un número, sino de varios. El precio que anuncia la empresa es muy inferior al precio oficial que da el Pentágono y este, a su vez, es inferior al precio que podemos extrapolar de las ventas al exterior. Esto debemos entenderlo desde el legítimo interés de la empresa por anunciar su producto, pero tiene otra causa: el fabricante desconoce qué añadidos, armas, sistemas complementarios, asistencia u otros productos se van a incluir en el contrato, por lo que anuncia el precio de la plataforma más básica. Tomando como base la adquisición por Suiza de 36 aparatos, el precio final real de cada avión, incluyendo todo lo necesario para volar y operar, es cerca del doble de lo que anuncia el fabricante. Esto nos da un precio aproximado para el modelo B de 200 millones por avión[viii]. Si bien los programas de este calibre nunca son iguales y los «añadidos» (munición, repuestos, etc.) pueden variar, por no hablar de las fluctuaciones de las respectivas monedas, tomaremos este número como referencia conservadora. Cualquier precio inferior o posibles retornos industriales serían ventajas añadidas.

Tabla 1: precio en millones de dólares de los distintos modelos de F-35 según el fabricante, el Departamento de Defensa de Estados Unidos y el coste de venta a Suiza[ix].

A partir de estos datos podemos hacer una primera aproximación al número de aparatos que incluiría el superproyecto 2023 14 03 1012, que recordemos cuenta con 6.250 millones de euros. Si la Armada recibe doce unidades por un total de 2.300 millones, el Ejército del Aire podría recibir unos 26 aparatos a 149 millones cada uno. Otras posibles combinaciones serían 15 y 22; o 18 y 18. Recordemos que esto es un cálculo relativamente pesimista y, posiblemente, los precios fueran algo menores.

En el caso de la Armada, es F-35B o nada, con lo que no tiene mucho sentido compararlo con otros aviones, pero merece la pena detenernos a explicar por qué el F-35 no es un avión caro. Al menos, en comparación. Como hemos señalado más arriba, es difícil comparar programas de este calibre por las particularidades de adquisición e implantación en cada país. Sin embargo, en 2021 tuvimos conocimiento de un estudio que analizaba, precisamente, el coste total de adquirir un caza o cazabombardero moderno. Suiza, país poco sospechoso de amiguismo geoestratégico, llegó a la conclusión de que el F-35 les saldría más barato que el Eurofighter, el Rafale o el F-18 Superhornet[x]. En su estudio analizaron tanto el coste de adquisición como el coste total del programa durante treinta años y el F-35 resultó el más económico en ambas categorías. La compra saldría por 4.600 millones de euros, 1.800 millones más barata que su inmediato competidor… que ni siquiera era el Eurofighter. Para hacernos una idea, el coste total del programa se estima en 14.000 millones, con lo que queda patente la importancia de ponderar los costes de operación, que en este caso son el doble que los de adquisición.

El precio de operación es uno de los asuntos más polémicos sobre el F-35. Hasta hace unos pocos años, el precio por hora de vuelo superaba los 40.000 $, duplicando a los teens (F-15, F-16, F-18) y, teniendo en cuenta que el modelo B es más caro, posiblemente triplicando al Harrier. Sin embargo, el coste por hora de vuelo en 2020 se redujo a 33.600 $, con el compromiso de bajar de la barrera de los 30.000 $ en 2023 y el objetivo, marcado hace años, de alcanzar los 25.000 $ en 2025, con lo que se acercaría mucho al F-15[xi]. Aunque esos compromisos no se cumplan —y desde luego no es fácil—, la reducción es importante si se analiza el precio de una forma algo más realista: el coste por hora de misión.

Un primer análisis debe dilucidar si una entidad, pongamos la Armada, puede permitirse el número de horas de vuelo mínimo para que tenga sentido la adquisición. Con la perspectiva presupuestaria de hace un año, esto bien podría ser dudoso e, incluso hoy, merita un concienzudo estudio. Sin embargo, una vez alcanzado ese mínimo, es decir, una vez es viable el proyecto, el coste por hora de vuelo es engañoso. ¿Por qué? Porque una misión de cuatro horas que requiere una pareja de F-35, costará unos 240.000 €, pero ¿cuánto costará sin F-35? Pues según la misión, es posible que para conseguir los mismos objetivos se requieran: un avión de mando y control, una pareja de aviones especializados en guerra electrónica, cuatro aviones de superioridad aérea y dos aviones de ataque a suelo. El ejemplo más claro sería una misión SEAD. Difícilmente será más barato realizar la misión sin F-35 que con ellos: suponiendo una media de 15.000 € por hora de vuelo para todos estos aviones, el total de la misión serían unos 540.000 €. En muchos escenarios, además, los F-35 sobrevivirían, mientras que del paquete de aviones combinados se perderían uno o varios, añadiendo su precio, el —incalculable— valor de la vida de sus dotaciones y el coste de la formación de estas a la ecuación. Por supuesto, debemos recordar que sin F-35B, la Armada simplemente no podrá realizar ninguna de estas misiones.

Sucedáneos del caviar

Las alternativas al F-35B en la Armada más comúnmente citadas son los drones y los helicópteros de ataque pero, de las capacidades que aporta el ala fija embarcada, la realidad es que no pueden proporcionar casi ninguna. Por supuesto, la capacidad de disuasión es mucho menor, pues recordemos que la disuasión es una percepción del contrario y, por muy avanzados que fueran los drones o helicópteros, jamás causarían la misma impresión que un ala embarcada de Lightning II. La cobertura aérea sería inexistente, pues cualquier avión de combate tripulado, incluso con tecnología muy anticuada, estaría en superioridad frente a drones o helicópteros. De la misma manera, el apoyo a operaciones anfibias se vería limitado a una capacidad de ataque a tierra muy inferior a la del F-35B, sobre todo en entornos disputados, pero sin aportar a la necesaria superioridad aérea. Drones y helicópteros serían derribados sin apenas esfuerzo por un rival con superioridad aérea. La capacidad de ataque a otras fuerzas navales, al igual que a tierra, se podría mantener, aunque muy diluida, mientras que se podría hablar de cierto aporte al control del mar, pero nada comparable.

Los avances en aeronaves no tripuladas están permitiendo el desarrollo de modelos cada vez más capaces, pero aún no existe un aparato no tripulado para combate aéreo y lo más probable es que tardemos bastantes años en verlo. Las misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento son las más adecuadas para los drones, seguidas por las misiones de ataque a suelo en escenarios no disputados. Poco a poco, veremos a los drones ejecutar nuevas tareas, pero inicialmente estas estarán enmarcadas en un sistema de sistemas que incluya vehículos tripulados. Por ejemplo, un dron que haga de sensor y/o arma para un avión de combate. Sin embargo, un dron totalmente autónomo para combate aéreo está lejos de ser una realidad. Por otra parte, EE.UU. lleva desarrollando el F-35 desde finales del siglo pasado. Desarrollar un sistema no tripulado de capacidades mínimamente parecidas puede llevarle varias décadas a la industria de Defensa más poderosa del mundo, ya no digamos a cualquier otra.

Finalmente, respecto a los drones se debe hacer una apreciación: hasta el momento han dado muy buen resultado en entornos no disputados, pero llegado el caso, es muy dudoso que puedan operar en conflictos de media o alta intensidad. Esto se debe no solo a que les sea negado el espacio aéreo por un enemigo con capacidad aire-aire —o capacidad antiaérea en general—, sino porque los drones dependen de su enlace de datos, ya sea satelital o en frecuencias radio más comunes, para operar. En un conflicto entre Estados con cierta capacidad, es perfectamente posible que el entorno electromagnético esté tan saturado o negado por una de las dos partes que sea muy complicado operar drones, y eso sin entrar en las posibilidades cibernéticas de negación o, incluso, destrucción o secuestro.

Por último, las posibles alternativas al ala fija embarcada no aportarían muchos de los intangibles que sí nos daría el F-35B: acceso a la tecnología más avanzada del mundo, conocimiento de tácticas y tendencias en el ámbito aeronaval, intercambios de personal, posibles compensaciones industriales, interoperabilidad con la gran mayoría de nuestros aliados, etcétera. Algunas de estas cuestiones son clave, por ejemplo, si España pretende aportar con conocimiento de causa al programa FCAS, el futuro sistema de combate aéreo europeo, encabezado por un avión de sexta generación. Difícilmente se podrá desarrollar un avión de sexta cuando la experiencia de nuestros pilotos, mantenedores, generadores de doctrina, ingenieros y resto del personal se limita a aviones de cuarta generación.

El mito del botón rojo

Antes de las conclusiones es casi obligatorio abordar otro argumento muy manido en contra de adquisiciones como la del F-35, que no es otro que el del veto a su uso en determinadas condiciones o contra determinados rivales. Este argumento parece tener su origen en las restricciones que EE.UU. puso a España durante la guerra de Sidi Ifni.

En primer lugar, comparar la situación actual con la de la España de Sidi Ifni es un tanto atrevido. No solo han pasado más de sesenta años, sino que España es ahora una democracia respetada en todo Occidente y miembro de pleno derecho de la OTAN donde, a pesar de titulares amarillistas, goza de una muy buena relación con EE.UU., como evidencia la presencia cada vez mayor de unidades norteamericanas en bases españolas. Pero, además, el material que se vetó entonces era material cedido, no material adquirido por un Estado con el propósito, evidente, de emplearlo como mejor le parezca. Si EE.UU., o cualquier otro país, pretendiera limitar el uso —dentro de lo razonable— del material que vende, dejaría de ser un vendedor fiable, pues ¿quién va a comprar algo que no puede usar cuando lo necesite?

En segundo lugar, los sistemas de armas, por muy modernos y tecnológicos que sean, no tienen un botón remoto de apagado. Eso, sencillamente, no existe. Esto no quita que se pudieran ejercer presiones diplomáticas e incluso amenazar con sanciones o cortar suministros de repuestos y munición, pero eso es algo que puede suceder en cualquier caso y sobre lo que siguen pesando las puntualizaciones del párrafo anterior.

En tercer lugar, ¿cuál es la alternativa a comprar a EE.UU.? ¿Diseñar y construir todo en España? Ni siquiera Francia o Reino Unido se acercan a esa posibilidad. Tener una industria de Defensa fuerte es, sin duda, una ventaja pero, siendo realistas, España tendrá que seguir adquiriendo una parte importante de sus sistemas —o sus patentes— en el exterior en el futuro previsible. La alternativa, por tanto, sería pasar a depender de otro país. Muchos citan a nuestros socios europeos, algo curioso cuando de Perejil hace cincuenta años menos que de Sidi Ifni y la postura que adoptó el gobierno de Chirac es bien conocida. Cualquier país, europeo o no, en el caso de un conflicto de España con un tercero, apoyará al contendiente que más le interese, por lo que solo podemos hacer lo que esté en nuestra mano para que la diplomacia española mantenga a nuestros aliados y socios de nuestro lado.

En cuarto y último lugar, cabe preguntarse qué hacemos con nuestras Fuerzas Armadas si no podemos fiarnos de los Estados Unidos. Pocos sistemas de armas no tienen componentes o munición en los que no participe EE.UU. Solo en la Armada podemos citar algunos de los más importantes: sistemas de combate Aegis, misiles, torpedos, GPS, sistemas de comunicaciones y cifra, radares, sónares y un largo etcétera.

Conclusiones

En este artículo hemos pretendido dejar patente que perder la capacidad de ala fija embarcada supondría, inevitablemente, una reorganización completa de la Flota, pasando de ser una fuerza oceánica y con algo de capacidad de proyección a una marina prácticamente costera que tendría que limitarse a negar el espacio marítimo cercano al enemigo, sin apenas poder generar efectos más allá. Sin ala fija no hay buques anfibios, ni Infantería de Marina; la necesidad de escoltas se ve muy reducida y deberíamos pivotar hacia una Flota con mucho poder destructivo pero escasa resiliencia, basada en submarinos y lanchas lanzamisiles. Si bien estos sistemas tienen su utilidad, la «oferta» de misiones que la Armada pone en manos de los decisores políticos se vería reducida a su mínima expresión.

Respecto a si «aporta la aviación de ala fija embarcada algo que no se pueda conseguir por otros medios», la respuesta es rotunda: sí. No se trata de decidir si compramos el F-35B o buscamos alternativas para realizar los mismos cometidos; la decisión es si compramos el F-35B o perdemos (muchas) capacidades, sin paliativos.

En cuanto a si «compensa el beneficio que aporta en relación con el esfuerzo en recursos, coste, riesgo o vulnerabilidad», la respuesta es que no buscamos un beneficio, sino una seguridad, y la seguridad no es cuantitativa. Es indudable que los riesgos y vulnerabilidades de sistemas como el F-35 están más que paliados por sus ventajas cuando todo el que puede está adquiriendo el avión estadounidense. La situación geopolítica española exige que nuestras Fuerzas Armadas estén capacitadas para llevar acciones en todo el espectro del conflicto sin contar con apoyo exterior y, para eso, el ala fija embarcada es fundamental.

En palabras de Napoleón, para hacer la guerra hace falta dinero, dinero y dinero. A falta de una ley presupuestaria de la Defensa que permita la planificación a largo plazo, la situación parece dar pie al optimismo y, en esta coyuntura, la Armada no puede bajo ningún concepto perder la capacidad de operar con aviones desde la mar para seguir siendo una marina de guerra de primera categoría. Esto no quita que existan otras necesidades perentorias y que el diseño de la Flota deba ser armónico.

Bibliografía

Alcaraz-Perez Ros, J. D. (2022): «Los inconvenientes del portaaviones y de la aviación de ala fija embarcada: ¿es el F-35B una buena opción para la Armada española?», Global Strategy, 19 de octubre. Disponible en https://global-strategy.org/los-inconvenientes-del-portaaviones-y-de-la-aviacion-de-ala-fija-embarcada-es-el-f-35b-una-buena-opcion-para-la-armada-espanola/

Axe, D. (2016): «The F-35 Is Actually Three Different Warplanes», Vice, 15 de marzo. Disponible en https://www.vice.com/en/article/xygyna/the-f-35-joint-strike-fighter-is-actually-three-separate-planes

Carrasco, B. (2020): «El jefe de la Armada alerta: “Si no existe un aumento del presupuesto, perderemos capacidades”», Infodefensa, 26 de noviembre. Disponible en https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/3125456/jefe-armada-alerta-no-existe-aumento-presupuesto-perderemos-capacidades

Davies S. y Dildy, D. (2007): F-15 Eagle Engaged: The world’s most successful jet fighter, Osprey.

Grazier, D. (2020): «Selective Arithmetic to Hide the F-35’s True Costs», PoGo, 21 de octubre. Disponible en https://www.pogo.org/analysis/2020/10/selective-arithmetic-to-hide-the-f-35s-true-costs

Lockheed Martin (2021): «Producing, Operating and Supporting a 5.th Generation Fighter», F-35 Lightning II, citado en Supervielle (2021a).

Lockheed Martin (2022): «Fast Facts», F-35 Lightning II. Disponible en https://www.f35.com/f35/about/fast-facts.html

McCarthy, N. (2016): «The Hourly Cost Of Operating The US Military’s Fighter Fleet», Forbes, 16 de agosto. Disponible en https://www.forbes.com/sites/niallmccarthy/%202016/08/16/the-hourly-cost-of-operating-the-u-s-militarys-fighter-fleet-infographic/?sh=%20799577f7685f

Naegele, T., Parham, D. y Tsukamoto, M. (2019): «The B-2 at 30: Improving with Age», Air Force Magazine, 1 de julio. Disponible en https://www.airandspaceforces.com/article/the-b-2-at-30-improving-with-age/

Reim, G. (2021): «Lockheed agrees to $30,000 per flight hour cost for F-35A by FY2023», Flight Global, 13 de septiembre. Disponible en https://www.flightglobal.com/fixed-wing/lockheed-agrees-to-30000-per-flight-hour-cost-for-f-35a-by-fy2023/145448.article

Soriano, G. (2021): «Suiza comprará el F-35, el candidato más barato a su programa de cazas», Infodefensa, 2 de julio. Disponible en https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/3123061/suiza-comprara-f-35-candidato-barato-programa-cazas

Supervielle Bergés, F. (2021a): «Ala fija embarcada: ¿quimera o necesidad», Revista General de Marina, junio de 2021, pp. 947-959.

Supervielle Bergés, F. (2021b): «Defensa antimisil (ASMD) en la Armada española», Federico Supervielle Bergés: Escritor, marino de guerra, 9 de marzo Disponible en https://www.fsupervielle.com/post/defensa-antimisil-asmd

Villarejo, E. (2017): «El satélite español que surgió tras la crisis con Marruecos de Perejil», ABC, 23 de noviembre. Disponible en https://www.abc.es/espana/abci-satelite-espanol-surgio-tras-crisis-marruecos-perejil-201711230351_noticia.html


[i] Carrasco (2020).

[ii] Villarejo (2017).

[iii] Supervielle (2021b).

[iv] Axe (2016).

[v] Lockheed Martin (2022).

[vi] Davies y Dildy (2007).

[vii] Naegele, Parham y Tsukamoto (2019).

[viii] Supervielle (2021a), p. 954.

[ix] Datos de la primera columna de Lockheed Martin (2021), citados por Supervielle (2021); la página web ya no existe. Datos de la segunda columna de Grazier (2020). Datos de la venta a Suiza de Soriano (2021) cambiados a dólares el 17 de noviembre de 2022.

[x] Soriano (2021).

[xi] Reim (2021).

martes, 31 de marzo de 2026

Japón: La reorganización de la Fuerza Aérea de Autodefensa

Desarrollo de la aviación táctica de las Fuerzas Armadas Japonesas

Revista Militar



Aviones de combate japoneses F-15J


La Constitución japonesa impone importantes restricciones a la política militar, el estatus y el empleo de las Fuerzas de Autodefensa. Sin embargo, no prohíbe la implementación de diversos programas ni el desarrollo de diversas ramas y servicios. En concreto, el Ministerio de Defensa japonés está implementando varios programas importantes destinados a modernizar y mejorar las Fuerzas Aéreas de Autodefensa.


Indicadores actuales

La Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón (JASDF) tiene un propósito y una misión similares a los de las fuerzas aéreas de otros países. Sin embargo, existen algunas diferencias debido a las restricciones actuales y las necesidades de seguridad nacional.

La misión principal de la Aviación Táctica es proteger las fronteras aéreas del país de diversas amenazas. También debe apoyar a las unidades y formaciones de otras ramas de las fuerzas armadas durante sus operaciones de combate. Teniendo en cuenta estas metas y objetivos, se formó la estructura de la Fuerza Aérea y se determinó su composición. Según los datos disponibles, la aviación de combate de la Aviación Táctica comprende siete alas (regimientos) con diversos tipos de aeronaves. Estas comprenden 12 escuadrones con cazabombarderos de diversos modelos. Durante las operaciones de combate, deben recibir el apoyo de escuadrones para la alerta temprana aerotransportada, el reconocimiento y otras misiones. Los escuadrones de entrenamiento y transporte también desempeñan un papel importante en la Aviación Táctica.


Un par de F-2A japoneses

El caza F-15J, una modificación especial de las Fuerzas Armadas Japonesas, es el principal avión de combate de este país. Siete escuadrones operativos operan aproximadamente 200 de estos aviones. Se encargaron entre 150 y 155 unidades a Estados Unidos. El resto de los aviones se construyeron bajo licencia y se denominan F-15DJ.

Tres escuadrones más están equipados con cazas F-2A/B, una versión modificada y con licencia del F-16 estadounidense, tanto en configuración básica como de entrenamiento de combate. Hay hasta 64 F-2A monoplaza y menos de 30 F-2B biplaza.

A finales de la década pasada, las Fuerzas Armadas recibieron sus primeros aviones de combate F-35A de fabricación estadounidense. Hasta la fecha, se han entregado 42 de estos aviones. También se están adquiriendo F-35B con capacidad de despegue corto. Hasta el momento, no se han recibido más de 3 a 5 de estos aviones del fabricante, pero se esperan más.

Quinta generación

Cabe destacar que Japón se unió al programa estadounidense de desarrollo y producción del caza F-35 hace bastante tiempo. Los contratos se firmaron a principios de la década de 2010. Posteriormente, la industria japonesa asumió el papel de proveedor de diversos instrumentos y dispositivos. Además, se ha establecido una línea de ensamblaje adicional en la planta de Mitsubishi Heavy Industries en Nagoya.


Uno de los primeros cazas F-35A para Japón

Actualmente, el F-35, en sus dos variantes, ocupa un lugar central en los planes de modernización de la aviación de combate de Japón. Según los contratos vigentes, Japón recibirá un total de 147 de estas aeronaves, incluyendo 105 F-35A y 42 cazas de despegue corto F-35B.

Los primeros pedidos de equipo estadounidense se realizaron a principios de la década pasada. Desde entonces, Japón ha financiado el ensamblaje de varias aeronaves anualmente. Dependiendo de diversos factores, el gasto en el F-35 ha fluctuado año tras año, pero se estabilizó hace varios años. Así, a partir de 2022, cada presupuesto incluye la compra de ocho aviones F-35A. Sin embargo, el gasto en los cazas de la versión B aún no ha alcanzado los niveles planificados y está en constante evolución.

Hasta la fecha, incluyendo el año que finaliza en 2025, Japón ha encargado 71 aviones F-35A y 27 F-35B. Este total representa 98 ​​aeronaves, o casi dos tercios del plan de producción total. Se espera que los próximos pedidos, por 49 aviones, se reciban antes de que finalice la presente década.

A pesar de todo esto, Estados Unidos ha construido y entregado menos de un tercio del número previsto de cazas a Japón. Se espera que las entregas continúen al menos hasta mediados de la próxima década. Sin embargo, no se puede descartar que el programa de adquisiciones enfrente diversos problemas que afecten negativamente su plazo de finalización.

Según los planes conocidos de las Fuerzas Armadas Japonesas, los nuevos F-35A/B reemplazarán gradualmente la flota actual. La llegada de un gran número de nuevas aeronaves permitirá retirar la flota obsoleta y anticuada de F-15J/DJ y F-2A/B. Varios escuadrones existentes se rearmarán.

Futuro lejano

Desde la década del 2000, las Fuerzas Armadas y la industria japonesas han estado explorando la posibilidad de crear su propio caza de nueva generación. El primer resultado de este trabajo fue el ATD-X experimental, o X-2, construido por Mitsubishi Heavy Industries a mediados de la década de 2010. En 2016, voló por primera vez y facilitó varios estudios de investigación importantes.

El trabajo en el X-2 experimental sentó las bases para el diseño del caza FX o F-3 completo. Se esperaba que Mitsubishi completara el desarrollo de esta aeronave a principios de la década de 1920, con un prototipo que se construiría en 2024-25. La producción en serie estaba prevista para después de 2030.

Sin embargo, la complejidad y el coste generales de este proyecto obligaron a la Fuerza Aérea Japonesa a reconsiderar sus planes. En diciembre de 2022, anunciaron el fin del desarrollo independiente del nuevo caza. En su lugar, Japón decidió unir fuerzas con el Reino Unido e Italia en el marco del nuevo Programa Aéreo de Combate Global (GCAP). El acuerdo correspondiente se firmó en diciembre de 2023.



Según se informa, el programa GCAP se basará en los desarrollos británicos e italianos del proyecto BAE Tempest, así como en el trabajo japonés del proyecto FX. Entre 2024 y 2025, los tres países planearon realizar estudios preliminares y definir los requisitos clave para la futura aeronave. Se espera que el desarrollo a gran escala comience entre 25 y 26.

El concepto de diseño para el próximo FX

Se espera que el uso de tecnologías existentes de programas existentes acelere el diseño del nuevo avión GCAP. Se planea construir y operar el primer prototipo de caza del nuevo tipo en 2027-28. Se espera que la producción en serie comience en la primera mitad de la década de 1930 y que el avión entre en servicio en 2035. Queda por ver si se lograrán todos estos planes.

La transición completa de las unidades de combate al nuevo avión GCAP tendrá lugar en la segunda mitad de la década de 1930 y posiblemente continúe durante la próxima década. El nuevo equipo reemplazará a los cazas F-15 y F-2 restantes.

Desarrollo planificado

Así pues, a pesar de todas las restricciones, Japón no abandona el desarrollo de su Fuerza Aérea de Autodefensa. Este proceso implica diversas actividades, y sus planes se han definido para los próximos 10 a 15 años. Se espera que esto permita a la Fuerza Aérea de Autodefensa mantener y mejorar todos sus indicadores clave de rendimiento, en consonancia con las necesidades de seguridad nacional.

En los próximos años, las Fuerzas Armadas tienen la intención de seguir operando el equipo existente de modelos relativamente antiguos. Para ello, se realizarán las reparaciones necesarias de mitad de vida útil y mayores para mantener el rendimiento y prolongar su vida útil. Sin embargo, algunos equipos se retirarán gradualmente del servicio.


Una maqueta del futuro avión GCAP, 2024.

Hace varios años, el Aviación Táctica comenzó a operar los cazas F-35A/B más modernos. Para mediados de la próxima década, se espera que las unidades reciban cerca de 150 de estos aviones. Estos reemplazarán una parte significativa de la flota actual. Este reemplazo mantendrá la dotación del escuadrón al nivel requerido y mejorará significativamente sus capacidades de combate.

La siguiente etapa de la modernización del Aviación Táctica será la adquisición de aviones GCAP avanzados. Este proceso está previsto para la segunda mitad de la década de 1930 y durará varios años más. Conducirá a la retirada completa del equipo obsoleto y, probablemente, a un renovado crecimiento en los indicadores clave de rendimiento (KPI).

Mediante dos programas modernos, las Fuerzas Armadas Japonesas modernizarán su equipo y mejorarán sus capacidades. La edad promedio de su equipo también disminuirá, lo que también tendrá un impacto positivo en la situación general. Sin embargo, es importante recordar que otras ramas de las Fuerzas de Autodefensa se están desarrollando junto con las Fuerzas Armadas Japonesas.

Las razones y los requisitos previos para este desarrollo de las Fuerzas Armadas y otras estructuras son bastante claros. Japón se preocupa por su seguridad y pretende apoyar a su socio clave, Estados Unidos. Para lograrlo, necesita unas fuerzas armadas modernas con una amplia gama de activos y sistemas para llevar a cabo diversas misiones de combate y apoyo.

La lista de posibles adversarios de Japón y Estados Unidos es bien conocida. Las Fuerzas de Autodefensa Japonesas se preparan para un hipotético enfrentamiento con las fuerzas armadas de China y Corea del Norte. Para ello, necesitan aeronaves modernas, buques de diversas clases y diversos sistemas de ataque y defensa.

Si bien las fuerzas armadas de Corea del Norte tienen capacidades limitadas, el Ejército Popular de Liberación de China es numeroso y está bien equipado. La presencia de un adversario tan potencial impone mayores exigencias a las Fuerzas de Autodefensa Japonesas. Estas están intentando tomar las medidas oportunas, incluyendo la compra de nuevas aeronaves. El éxito de estos programas solo se conocerá a medio plazo, en las décadas de 2020 y 2030. 

lunes, 23 de marzo de 2026

Guerra contra Irán 2026: SAM iraní impacta en F-35

Un caza F-35 de EE.UU. dañado supuestamente por Irán realiza un aterrizaje de emergencia, según fuentes

Por Haley Britzky y Oren Liebermann, CNN
1 min de lectura
12:00 ET (16:00 GMT) 19 de marzo de 2026

CNN  — 

Un caza F-35 estadounidense realizó un aterrizaje de emergencia en una base aérea de Estados Unidos en Medio Oriente tras ser alcanzado por lo que se cree que fue fuego iraní, según dos fuentes familiarizadas con el asunto.

El capitán Tim Hawkins, portavoz del Comando Central de EE.UU., declaró que el caza furtivo de quinta generación se encontraba “realizando una misión de combate sobre Irán” cuando se vio obligado a efectuar un aterrizaje de emergencia. Hawkins señaló que la aeronave aterrizó sin contratiempos y que el incidente está bajo investigación.




“La aeronave aterrizó de forma segura y el piloto se encuentra en condición estable”, añadió Hawkins. “Este incidente está siendo investigado”.

De confirmarse, este incidente marcaría la primera vez que Irán logra impactar una aeronave estadounidense en el marco de la guerra iniciada a finales de febrero. Tanto Estados Unidos como Israel están utilizando cazas F-35 en el conflicto. Cada una de estas aeronaves tiene un coste superior a los US$ 100 millones.

Este aterrizaje de emergencia se produce en un momento en que altos funcionarios estadounidenses continúan afirmando haber logrado un éxito generalizado en su campaña contra Irán. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró el jueves por la mañana que Estados Unidos está “ganando de manera decisiva” y que las defensas aéreas de Irán han sido “arrasadas”.

viernes, 27 de febrero de 2026

Desastre: Piloto de la USAF vende secretos y entrenamiento del F-35 a China






El FBI acaba de arrestar a un ex mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que pasó 26 meses en Beijing entrenando a pilotos de combate chinos.

Pero la historia que todos desconocen no es el arresto. Es la red detrás de él.

Gerald Eddie Brown Jr. Indicativo de llamada "Runner". 65 años. 24 años en la Fuerza Aérea. Voló el F-4, F-15, F-16 y A-10. Comandó unidades responsables del lanzamiento de armas nucleares. Tras jubilarse en 1996, se convirtió en instructor de simulador contratado, entrenando a pilotos estadounidenses para volar el F-35 Lightning II.

En agosto de 2023, inició negociaciones para entrenar a pilotos de la Fuerza Aérea Popular de Liberación (FALP). Su intermediario lo conectó con la red de Stephen Su Bin, ciudadano chino que se declaró culpable en 2016 de conspirar con hackers del EPL para robar 65 gigabytes de datos clasificados de Boeing y de importantes contratistas de defensa. Los objetivos: el C-17, el F-22 y el F-35.

Léelo otra vez.

La misma red que robó los planos del F-35 reclutó al hombre que entrenó a los estadounidenses para volarlo y lo envió a Beijing para enseñar a los pilotos chinos cómo luchar contra él.

Primero roba la máquina. Luego, adquiere la mente del instructor.



Brown llegó a China en diciembre de 2023. Primer día: tres horas respondiendo preguntas sobre la Fuerza Aérea de EE. UU. Segundo día: reunión informativa personal con oficiales de la Fuerza Aérea Popular de China (FAEPL). Permaneció veintiséis meses. Regresó a suelo estadounidense en febrero de 2026 y fue arrestado ayer en Jeffersonville, Indiana.

No es una anomalía. La inteligencia de Five Eyes emitió una advertencia conjunta en junio de 2024 sobre el reclutamiento sistemático del EPL de pilotos de combate occidentales a través de empresas fantasma. Se identificaron al menos 30 expilotos británicos. El exmarine Daniel Duggan fue arrestado en 2022 por los mismos cargos. ¿Su conexión? Stephen Su Bin. El mismo nodo. Otro activo.

La pregunta que Washington no quiere que se haga: ¿Cómo un hombre con experiencia en armas nucleares y acceso a un simulador del F-35 negocia con la red de un hacker chino convicto, vuela a Beijing, entrena a pilotos enemigos durante más de dos años y sólo es arrestado cuando regresa voluntariamente caminando a casa?

Puedes arrestar a Brown. Puedes condenarlo.
No se puede desentender lo que él enseñó. Ese conocimiento ahora reside permanentemente en la Fuerza Aérea Popular de Liberación del Ejército Popular de Liberación. Se institucionalizará. Se intensificará.

El daño ya está hecho. La única pregunta es si Runner corrió solo.

martes, 10 de febrero de 2026

F-35: La configuración complica la instalación del radar APG-85

La configuración actual del F-35 complica la instalación del radar APG-85


Por Frank Wolfe || Aviation Today





Los montajes de radar en la nariz del caza Lockheed Martin F-35 son diferentes para el actual AN/APG-81 de Northrop Grumman y el futuro radar AN/APG-85, también de Northrop Grumman, una diferencia que ha ayudado a complicar el despliegue del nuevo radar que debía entregarse con el F-35 Lote 17 pero que ahora puede entregarse más tarde, posiblemente en el Lote 20 en los próximos dos años.

Los montajes de radar en la nariz del caza Lockheed Martin F-35 son diferentes para el actual AN/APG-81 de Northrop Grumman y el futuro radar AN/APG-85, también de Northrop Grumman, una diferencia que ha ayudado a complicar el despliegue del nuevo radar que debía entregarse con el F-35 Lote 17 pero que ahora puede entregarse más tarde, posiblemente en el Lote 20 en los próximos dos años.

“El APG-81 es diferente al APG-85 y, por lo tanto, entregar el avión, tal como está configurado actualmente, con un radar APG-85 versus un radar APG-81 es un desafío”, dijo el representante Rob Wittman (R-Va.) en una entrevista en la Cámara de Representantes el 3 de febrero.

"La configuración del mamparo es clave porque ambos radares son muy diferentes", dijo. "Recuerde, la configuración del mamparo permite la colocación del radar hacia la actitud del conjunto, y la actitud del conjunto marca la diferencia en el mundo sobre cómo funciona el radar".

Una montura dual para acomodar el APG-85 o el APG-81 tardaría dos años en implementarse, dijo una fuente a la publicación hermana Defense Daily.

"Lo sé todo, pero la entrega del avión es clasificada", dijo Wittman cuando se le preguntó si sabía si era cierto que Lockheed Martin ha estado entregando F-35 a los servicios militares desde junio pasado sin radares, incluidos todos los F-35A. "No puedo hablar sobre el estado del avión, así que tendrás que acudir a la Fuerza Aérea, al cliente, y preguntarles al respecto".

7Wittman, presidente del panel de Fuerzas Tácticas Aéreas y Terrestres del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, ha estado vigilando el programa F-35 y el equipo contratista desde el otoño de 2024 por los retrasos en la entrega del APG-85, incluidas lo que, según dijo, han sido llamadas telefónicas mensuales desde entonces con el jefe de la oficina ejecutiva del programa F-35. El teniente general de la Marina Gregory Masiello se convirtió en director ejecutivo del programa F-35 en julio del año pasado. Sucedió al teniente general de la Fuerza Aérea Michael Schmidt, ahora retirado, quien se desempeñó como jefe de la Oficina del Programa Conjunto del F-35 entre julio de 2022 y julio de 2025.

"Hablé con Lockheed ayer y están trabajando con Northrop para que APG-85 se entregue aún más rápido", dijo Wittman el 3 de febrero. "Están haciendo algunas cosas para intentar integrarlo con Technology Refresh-3 [TR-3] y Block 4".

Hace casi un año y medio, Wittman dijo que se había reunido con Northrop Grumman para discutir la necesidad de reducir el tiempo de prueba para el APG-85, que, según dijo, había aumentado de tres días a 78 días, parte de un conjunto más amplio de desafíos involucrados en la construcción de un radar basado en nitruro de galio que necesitaba refrigeración y potencia mejoradas en la nariz del F-35.

Wittman dijo que "han condensado el régimen de pruebas" y "han podido truncar algunas de esas cosas" para acelerar la entrega. "Hemos estado en Lockheed, así como en Northrop, para seguir comprimiendo el cronograma", dijo. "Me gustaría verlos comprimirlo aún más. Creo que pueden hacerlo".

El APG-85 debe negar al adversario el uso del espectro electromagnético y permitir una mejor precisión de las armas y apuntar a los radares aéreos y de superficie del adversario a mayores distancias.

"Es un radar increíblemente avanzado", dijo Wittman sobre el APG-85. "Las matrices que contiene le dan mucha más potencia, por lo que tenemos que actualizar el motor. Creo que necesitamos alrededor de 82 kilovatios de potencia en comparación con lo que está produciendo ahora. El APG-85 es clave para el Bloque 4, y es clave para las capacidades de actualización del software TR-3 y la integración con el sistema de imágenes, el Sistema de Apertura Distribuida".

Hace más de dos años y medio, el ahora teniente general retirado de la Fuerza Aérea Richard Moore, entonces subjefe de personal para planes y programas del servicio, dijo que “nos estamos acercando mucho al nuevo radar del F-35” y que el APG-85 sería “un aumento dramático en nuestra capacidad” sobre el radar APG-81, que Northrop Grumman construye en Linthicum, Maryland.

"Espero que lo hagan [la entrega del APG-85] tan rápido como sea humanamente posible y que el sistema funcione", dijo Wittman el 3 de febrero. "No quiero que lo entreguen, si será operativamente deficiente porque entonces el avión se quedará en la pista".

Las entregas de F-35 a unidades estadounidenses en el campo desde junio pasado han tenido los soportes APG-85, que no se ajustan al APG-81. Pero las entregas del F-35 sin radar no han afectado las ventas a países socios extranjeros que tienen el APG-81 en sus aviones, dijo la fuente, añadiendo que, sin un radar, tuvo que añadirse peso adicional en el morro para equilibrar el avión durante el vuelo. Los F-35 sin radar han podido volar, siempre que estén acompañados por otros F-35, vinculados con datos y equipados con el APG-81, dijo la fuente.

El 3 de febrero, una portavoz de la Fuerza Aérea dijo que el desarrollo conjunto y la integración del avanzado APG-85 por parte de la Fuerza Aérea, la Armada y el Cuerpo de Marines ayudarán a derrotar las “amenazas adversas aéreas y de superficie actuales y proyectadas”.

"Este radar avanzado será compatible con todas las variantes del avión F-35", según la Fuerza Aérea. "Debido a razones de seguridad del programa, estamos protegiendo cualquier información adicional con medidas de seguridad mejoradas".

Las entregas del F-35 se reiniciaron en julio de 2024 después de una interrupción a finales de 2023 debido a problemas de software con el TR-3, que permitirá la integración de docenas de nuevos sensores y armas para la actualización del Bloque 4.

En enero de 2023, Northrop Grumman reveló el desarrollo del APG-85 para el Bloque 4 F-35 a partir del Lote 17, pero la compañía y el programa F-35 no han revelado niveles de financiación ni detalles del contrato para el radar.

lunes, 1 de septiembre de 2025

Maniobras: F-16 indonesios en combate aéreo contra F-35 australianos

Combates aéreos entre los F-16 de la Fuerza Aérea Indonesia y los F-35 de la RAAF destacan en el Ejercicio Ausindo Eagle 2025


 

Ejercicio entre el F-16C/D de la Fuerza Aérea Indonesia y el F-35A de la RAAF (fotos: Fuerza Aérea Indonesia)

La Fuerza Aérea Indonesia (TNI AU) y la Real Fuerza Aérea Australiana (RAAF) realizaron un ejercicio de combate aéreo (combate aéreo) entre el F-16 Fighting Falcon y el F-35 Lightning II como parte del Ejercicio Conjunto Elang Ausindo 2025 en la Base Aérea Roesmin Nurjadin, Pekanbaru, el lunes 25 de agosto de 2025. Este ejercicio brindó la oportunidad de fortalecer la interoperabilidad y probar las capacidades de ambas fuerzas aéreas en escenarios de combate modernos.


Las diferencias en las características de las dos aeronaves hicieron que el entrenamiento fuera aún más desafiante. El F-16 de la Fuerza Aérea Indonesia, conocido por su agilidad en el aire, se enfrentó al F-35 de la RAAF, una aeronave de quinta generación con aviónica superior y sistemas de sensores avanzados.


El director de Latma Elang Ausindo de la Fuerza Aérea Indonesia, coronel Pnb Adhi Safarul Akbar, destacó que esta actividad representa una valiosa oportunidad para que los pilotos de la Fuerza Aérea Indonesia mejoren sus habilidades de combate y conozcan las características de la última generación de aeronaves. "Mediante este ejercicio, nuestros pilotos pueden evaluar directamente las fortalezas y debilidades de sus oponentes", afirmó.


Este ejercicio también refleja la Fuerza Aérea Indonesia (TNI AU) que es AMPUH (Adaptativa, Moderna, Profesional, Superior y Humanística) como lo enfatizó el Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Mariscal del Aire TNI M. Tonny Harjono, SE, MM así como la implementación de los programas prioritarios de la TNI AU, especialmente en la mejora de la calidad de los recursos humanos para estar preparados para enfrentar los desafíos de las futuras operaciones aéreas.

martes, 17 de diciembre de 2024

F-35: El último caza pilotado americano

El último piloto de combate

El nuevo avión de combate F-35 es tan sofisticado, tan automatizado, está tan conectado que está alimentando un debate: ¿Los pilotos aún necesitan volar?
Por Kevin Gray | Popular Science


Spencer Lowell

En un asfalto polvoriento, a unas 20 millas del centro de Phoenix, el Capitán Joseph Stenger está parado en un calor de 30 grados, apenas sudando. Un piloto de caza de 32 años con el pelo peinado hacia atrás, los ojos firmes y los antebrazos tiesos que ves en los carteles de las películas, admira una pieza igualmente impresionante de maquinaria voladora: el caza F-35 Lightning II. Con su traje de vuelo verde y una altura de poco más de 1.8 metros, Stenger está casi cara a cara con este jet amenazante.

Es su trabajo descubrir qué puede hacer en el combate y enseñarlo a cientos de otros pilotos de combate. El F-35 comenzó a llegar aquí en la Base Luke de la Fuerza Aérea el invierno pasado. Es el caza más sofisticado que se haya construido. Es sigiloso, por lo que puede parecer del tamaño de una pelota de golf al radar enemigo, si se detecta en absoluto. También puede bloquear el radar enemigo, o hacer que parezca que hay 100 objetivos del tamaño de una pelota de golf en el cielo. Puede viajar a Mach 1.6. Lleva un cañón de 25 mm, misiles aire-aire, dos bombas guiadas de 2.000 libras y cuatro bombas externas guiadas por láser. Pero lo que realmente lo diferencia es su cerebro, 8 millones de líneas de código de software -más que cualquier caza de la historia- que fusionan los sistemas de navegación, comunicación y focalización.

Stenger lo explica así: en jets antiguos, tiene que operar manualmente cosas como el radar (apuntándolo al suelo para buscar misiles disparados hacia él o hacia el cielo, para buscar aviones enemigos). Él tiene que monitorear un enlace de datos de alta velocidad para comunicaciones de avión a avión y mensajes de texto de tropas terrestres. Él o su tipo de armas del asiento trasero debe recoger los datos antes de bloquear un objetivo y disparar. "Puedes imaginar que lleva mucho tiempo y requiere mucho procesamiento cognitivo", dice Stenger.


Spencer Lowell

El F-35 de un solo asiento hace gran parte de esto para él, al fusionar y automatizar docenas de sensores. Así que, por ejemplo, si su sensor de calor detecta un misil enemigo que se dirige hacia él, sonará un timbre, "como un timbre", dice, y una voz de computadora dirá: "Misil a la izquierda, nueve en punto". Cuando Stenger mira allí, aparece un círculo verde en el escudo facial de su casco, identificando el sitio del misil, junto con su velocidad y tiempo para impactar. Solo mirando el círculo, Stenger puede apuntar con su arma y disparar al enemigo, y luego escapar del misil. Seis cámaras externas también capturan una vista de 360 grados fuera del jet y lo alimentan a su escudo facial. Si Stenger mira hacia abajo, puede ver a través del suelo de la cabina de vuelo.

Lockheed Martin, el contratista de defensa que fabrica el F-35, entregará miles de estos aviones en las próximas décadas a la Marina de los EE. UU., Los Marines y la Fuerza Aérea. La USAF tomará 1,763, y Stenger ayudará a entrenar a los aspirantes a pilotos F-35 que pasarán por las puertas de color arena de Luke. Con más de 200 horas de vuelo en el F-35 hasta el momento, él lo sabe tan bien como cualquier piloto de la Fuerza Aérea aquí. Cuando no está en la línea de vuelo, pasa días en salas de información clasificada, leyendo manuales tácticos sobre las capacidades del F-35. Él puede marcar los atributos del jet como un nuevo enamorado.

Stenger y la mayoría de los demás militares ven el avión como la clave de la continua superioridad aérea de Estados Unidos, y sin embargo, también podría significar el comienzo del fin de una profesión estadounidense icónica. El F-35 es tan de alta tecnología, tan automatizado, tan inteligente, tan conectado, que en mayo, el secretario de la Marina, Ray Mabus, declaró: El F-35 "debería ser, y casi seguro será, el último aviones de combate de ataque tripulados que el Departamento de Marina alguna vez comprará o volará ".

"Si aparece otro caza tripulado, genial. Si no, eso apesta para la próxima generación ".

Para Mabus y otros, el trabajo de un piloto de combate ha cambiado a lo largo de los años. Los pilotos ya no se acercan sigilosamente a las colas, entrenan sus puntos de mira y disparan. Recopilan información de pantallas que parecen iPads o pantallas de cascos. Los sensores electrónicos, la guerra en red y los misiles guiados por radar aire-aire pueden derribar a los combatientes enemigos desde 100 millas de distancia. La mayoría de las veces, los pilotos en un conflicto nunca se ven en absoluto. Si ese es el caso, muchos discuten, ¿por qué no tener los pilotos en el suelo, escaneando las mismas pantallas y empujando los mismos botones, fuera del peligro?

Stenger ha considerado esta pregunta antes. Como piloto en Afganistán, voló más de 330 horas de combate, haciendo cosas como volar combatientes talibanes y casas de seguridad, sacar misiles lanzadores y proporcionar cobertura a las fuerzas de la coalición. Y, sin embargo, en sus nueve años en la Fuerza Aérea, nunca ha estado en una pelea de perros o incluso se ha encontrado con un caza enemigo o cualquier tipo de avión enemigo. Cuando se enfrenta al argumento de los aviones de combate no tripulados, toma una línea filosófica. "No ofrecería una conjetura porque soy un capitán, y mi trabajo es pilotar el F-35", dice. "Y eso es lo que voy a hacer. Si aparece otro caza tripulado, genial. Si no, bueno, eso apesta para la próxima generación porque nunca llegarán a saber cómo es ser un piloto de combate ".

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Luke es típicamente una base ocupada de la Fuerza Aérea. Cada 15 minutos, el aire del desierto retumba con el sonido de los aviones que despegan y aterrizan. Durante los últimos 32 años, ha servido como una importante base de entrenamiento para los F-16 Fighting Falcons que se sientan en filas interminables debajo de toldos en la línea de vuelo. Esos aviones se eliminarán gradualmente a medida que lleguen los F-35 y los apretarán por espacio.

Durante el entrenamiento de vuelo, los estudiantes de Stenger aprenden muchas habilidades, y las peleas de perros todavía están entre ellos. Con 1.7 millones de acres de Desierto de Sonora y 57,000 millas cúbicas de espacio aéreo a su disposición, Stenger puede orquestar el tipo de escenarios tácticos de combate aéreo que se ven en Top Gun. "Podemos establecer distancias de 100 millas para el entrenamiento de combate aire-aire", dice Stenger, sentado en una oficina desnuda del segundo piso, donde se mudó en julio. En el entrenamiento, Stenger enfrentaría a dos de sus estudiantes de F-35 contra cuatro pilotos de caza F-16. (Esta es la misma clase de aviones de combate que poseen Rusia y China, y el tipo que podría enfrentarse al F-35.) "Empleas las tácticas que te enseñaron, y las matarás antes de que te vean". Stenger dice, "mucho más allá del alcance visual".


El capitán de la Fuerza Aérea Joseph Stenger tiene más de 200 horas volando en el F-35.
Spencer Lowell

Esa frase es crucial para el argumento de los aviones de combate no tripulados. Casi todos los enfrentamientos aire-aire en el planeta han estado más allá del alcance visual desde principios de los años noventa. Es alrededor de la época en que los ejércitos modernos comenzaron a confiar en la guerra en red: un sistema que combina localizadores satelitales GPS, radar infrarrojo, enlaces seguros de datos para comunicación terrestre y aire-aire, aviones de vigilancia como el E-3 Sentry de Boeing y, por supuesto, misiles aire-aire guiados por radar.

A medida que la guerra en red ha aumentado, los incidentes de combate aéreo han disminuido. Desde 1990, solo 54 aviones de combate han sido derribados en todo el mundo, dice John Stillion, miembro del Centro de Evaluaciones Estratégicas y Presupuestarias, y ex oficial de la Fuerza Aérea, que reunió una base de datos de todas las victorias aéreas confirmadas entre 1965 y 2013 .

Por supuesto, la geopolítica puede explicar parcialmente esa tendencia. Pocos estados con aviones de combate han estado en guerra en ese período. Pero Stillion argumenta que la tecnología también está impulsando el cambio. El aumento en el vuelo impulsado por sensores y el disparo fuera de rango visual, dice, ha hecho que los puntos fuertes tradicionales de un jet -algo como la alta velocidad, la aceleración y la maniobrabilidad- sean menos importantes de lo que alguna vez fueron. Lo que más importa ahora, argumenta en un artículo reciente, "Tendencias en el combate aire-aire: implicaciones para la futura superioridad aérea", son sensores, armas potentes y de largo alcance, alcance de vuelo de la aeronave y conectividad de red.

"Esas son cosas normalmente asociadas con los bombarderos de largo alcance", dice Stillion. "Así que tal vez nuestros futuros aviones de combate se asemejen a plataformas de ataque de largo alcance no tripuladas".

Es una posición interesante, que tiene sentido tanto técnico como fiscal. Los aviones no tripulados pueden hacer, y de alguna manera hacerlo mejor, todo lo que un avión de combate tripulado puede. Pueden permanecer en alto las 24 horas a la vez, mientras que los cazas tripulados se limitan a la cantidad de tiempo que un piloto puede permanecer en un asiento de la cabina abarrotado, varias horas en el mejor de los casos. Además, los drones no necesitan ser entrenados y entrenados, como lo hacen los pilotos. Y terminar esa práctica podría ahorrar mucho dinero.


El F-35 Lightning II utiliza 8 millones de líneas de código de software y puede alcanzar Mach 1.6.
Spencer Lowell

El costo del entrenamiento puede ser asombroso: la Fuerza Aérea gasta $ 14,183 por hora para volar un solo F-35A, de acuerdo con el presupuesto del Departamento de Defensa 2015. Eso es solo en el entrenamiento en tiempos de paz. Presupuestando 13 horas de tiempo de la tripulación por mes, lo que equivale a $ 2.2 millones por año, para el entrenamiento de un equipo. Cuando su programa de entrenamiento F-35 se ejecute por completo en unos pocos años, Luke tendrá 144 de esos aviones. Cada escuadrón en la base estará compuesto por 24 aviones con varios cientos de personal de apoyo. Cuando haces los cálculos, las personas son caras y poco prácticas.

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Aunque muchos coinciden en que el papel de los aviones de combate y, en consecuencia, de los pilotos de combate, cambiará en el futuro, cómo se desarrollará eso es tema de debate. Stillion argumenta que el avión de combate de la próxima generación debería parecerse más a los bombarderos de ataque de largo alcance. Esos aviones son más grandes que los cazas, de lejos. Podrían llevar un equipo, uno incluso lo suficientemente grande como para intercambiar turnos, pero no tendrían pilotos de caza, per se. En cambio, el bombardero estaría equipado con misiles de largo alcance y un complemento de cuatro drones, cada uno de los cuales tendría su propio radar avanzado y misiles de mediano alcance.

En un futuro combate aéreo contra naciones como China o Rusia, Stillion imagina a esos drones volando en una línea de piquete en lo más profundo del territorio enemigo, y actuando como vigías. El atacante seguiría unas 100 millas detrás de ellos. La tripulación controlaría los drones y los usaría para duplicar el rango de detección del sensor del bombardero. Como lo representa Stillion, en un duelo contra ocho aviones de combate. En ese punto, el equipo de bombarderos dispararía misiles de largo alcance (buenos para cerca de 250 millas), eliminando hasta seis jets enemigos a la vez.

Stillion no está solo en la reinvención del combate aéreo. El sitio experimental Skunk Works de Lockheed Martin en California tiene docenas de técnicos que combinan sistemas no tripulados con inteligencia artificial. Su proyecto secreto Minion está desarrollando un dron de reconocimiento, como los drones avanzados de Stillion, que también atascaría el radar enemigo, lanzaría bombas guiadas por GPS y dispararía un microondas de alta potencia para desactivar la electrónica. "Podría proyectar hacia adelante donde hay un momento en el que puede reemplazar la capacidad cognitiva humana con inteligencia artificial", dice Bob Ruszkowski, director de dominación aérea avanzada y sistemas no tripulados en Skunk Works. Pero también cree que siempre habrá una necesidad de "una mezcla de personas tripuladas y no tripuladas trabajando juntas".

Los ingenieros de Northrup Grumman también se concentran en el problema. Su avión de combate no tripulado experimental X-47B ya ha realizado despegues y aterrizajes con éxito desde un portaaviones (así como también ha hecho reabastecimientos en el aire). La compañía cree que un dron de peleas de perros está a solo años de distancia.

Lo que podría retrasar el progreso son las cuestiones éticas que surgen cuando se habla de los aviones de combate de drones. "A veces la guerra se trata de romper cosas, y en ocasiones se trata de matar gente", dice Heather Penney, piloto de caza de la Guardia Aérea F-16 que desplegó dos veces en Irak. "Incluso con aviones piloteados remotamente, todavía hay humanos en el circuito. Independientemente de lo bueno que Siri pueda llegar a ser en su teléfono, no creo que nosotros, como sociedad, lleguemos al punto en el que confiemos en las plataformas armamentísticas para tomar decisiones autónomas sobre la vida y la muerte ".

Penney sabe que funciona bien. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, como novato en la Guardia Nacional Aérea D.C., y su primera piloto de caza, se encontró en la Base Aérea Andrews despegando en un F-16. Sus pedidos ese día: Derribar el vuelo 93 de United Airlines, lleno de pasajeros y secuestradores, rumbo a la capital de la nación. Ella no tenía municiones. Más bien, se le encomendó una misión suicida: Ram el avión si fuera necesario. Los pasajeros terminaron tomando el vuelo ellos mismos.

"Nunca confiaremos en una plataforma de armas para tomar decisiones de vida o muerte".

Penney, que trabaja como director de los sistemas de superioridad aérea de la USAF en Lockheed, cree personalmente que el concepto de Stillion tiene mucho sentido. "Pero hay muchas cosas tecnológicas que van con él", dice. Entre los más importantes está el desarrollo de armas de energía dirigida: láser que viajarán a la velocidad de la luz para sacar aviones y destruir enlaces y comunicaciones de datos de red. Todas las naciones importantes -los EE. UU., China, Rusia, la mayoría de los países europeos- los están persiguiendo.

Entonces, si la mayor parte de su fuerza aérea está compuesta de drones, y dependen de enlaces de datos, y si el enemigo puede freír esos enlaces con un pulso eléctrico, entonces su dron dice: "Ya no estoy hablando con mi piloto; Voy a volar a casa porque eso es lo que estoy programado para hacer '", dice Penney. "Entonces el chico malo ni siquiera necesita derribarlo". El efecto es el mismo. Han ganado el espacio aéreo ".

Los pilotos reales, por otro lado, trabajarán hacia un objetivo de misión incluso cuando el espacio de batalla se degrade, dice Penney. "Pueden sentarse con elegancia, de manera e intención, y en la medida de sus posibilidades". Penney también cree que solo los humanos, no los zánganos, pueden descubrir cómo meterse en la cabeza del enemigo y meterse con él de una manera que lo paraliza. "Tu trabajo es crear confusión en el enemigo", dice Penney, "ponte en su línea para que tomes mejores decisiones más rápido de lo que él es, haciendo que se equivoque tras error". Por eso, dice ella, nada puede afectar al ser humano cognición. Hasta aquí.

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Después de mi gira con Stenger, justo cuando el sol de Arizona está comenzando a calentar las millas de asfalto de Luke, me dirijo a un tramo de carretera recién pavimentado en un rincón de la base. Las cosas son tranquilas. Hay un raro descanso de tres días en el cronograma de vuelo y los equipos están aprovechando el tiempo de inactividad. A pesar del calor del mediodía, los equipos de aviadores juegan al voleibol en un foso de arena. Otros se sientan en mesas de picnic, a la sombra de los pinos, beben Coca-Colas y miran los juegos. La escena es tan directa de Top Gun que evoca una pista de acompañamiento de Kenny Loggins (aunque los aviadores corpulentos no tienen ninguno de los movimientos de Maverick e Iceman).

Cerca se encuentra un edificio de estuco de dos pisos con un atrio elevado y un techo inclinado que se asemejan a las alas de un jet. Recientemente construido, parece una escuela secundaria del sudoeste, pero es un centro de capacitación de $ 47 millones. En su interior huele a alfombra nueva y alberga unas 18 aulas, un auditorio con capacidad para 240 personas, una gran cantidad de cubículos aún por ser utilizados y, detrás de puertas de seguridad dobles fuertemente vigiladas, espacio para 12 nuevas, lo último en tecnología, simuladores de vuelo F-35 que cuestan $ 23 millones cada uno.


El Teniente Coronel Rhett Hierlmeier de la Fuerza Aérea entrena a los pilotos de combate de F-35.


El teniente coronel Rhett Hierlmeier dirige las operaciones del centro. El piloto de 38 años de edad solía volar F-15C Eagles fuera de Okinawa, principalmente alrededor del Pacífico y Guam y Japón, y más tarde F-22. Ambos aviones son aviones de combate aire-aire. "Así que en los últimos 10 años, realmente no hemos hecho mucho para que lo hagamos", dice, sentado en una oficina dispersa en el segundo piso, con vistas a docenas de cubículos vacíos. "Los despliegues fueron realmente sobre presencia, demostración de fuerza". Señala que la última vez que un piloto de caza de la Fuerza Aérea de Estados Unidos derribó un avión enemigo fue a finales de los 90, durante las Guerras de los Balcanes. "Con Iraq, esos tipos terminaron enterrando sus aviones debido a nuestra presencia superior", dice.

Un ex instructor de la Academia de la Fuerza Aérea, Hierlmeier voló el F-35 por primera vez tres semanas antes. Su trabajo aquí es entrenar a un cuadro instructor que luego puede entrenar a cientos de pilotos estadounidenses, así como pilotos de ocho países de la coalición que se han unido para comprar el F-35. Incluyen Australia, Noruega, Canadá, Turquía, los Países Bajos y Dinamarca. La clase actual es pequeña, incluyendo cuatro estadounidenses, tres noruegos y un italiano, pero crecerá hasta 300 pilotos cada año.

Hierlmeier me conduce a través de dos puertas cerradas y entra en una sala vertiginosa que parece sacada de un libro del Dr. Seuss: cada 15 pies aproximadamente, arcos asimétricos pintados en desorientadores rojos y grises, retroceden por el pasillo, flanqueados por luces azules de la policía. Hierlmeier no está seguro de por qué, pero parecen confundir a los intrusos. Desde altavoces ocultos, una canción de Thin Lizzy domina nuestra discusión: Las bebidas fluirán y la sangre se derramará / y si los niños quieren pelear, será mejor que los dejes. Cuando pregunto si es para amplar pilotos estudiantes, Hierlmeier, que habla en serio, dice: "No. Hay muchas conversaciones clasificadas que tienen lugar detrás de estas paredes. Está destinado a encubrirlos ".

Nos detenemos en una puerta doble del tamaño de un muelle de carga. Hierlmeier lo abre en lo que parece un paseo en un parque de diversiones. Una cúpula blanca, de 11 pies de diámetro, se encuentra en el medio de la habitación, rodeada por un enorme marco de acero y 25 proyectores de alta definición. Una réplica de la carlinga F-35 se encuentra en las pistas que desaparecen en la cúpula. Pregunto si puedo tomar una foto. No, dice Hierlmeier. Pero él sí me invita a sentarme en la cabina, cosa que hago. Es como estar sentado en un automóvil deportivo italiano de poca altura. Antes de que lleguen a pilotar un F-35 real, los alumnos pilotos primero deben pasar un mes en clase practicando en monitores de computadora con joysticks. Luego hacen 30 horas dentro de estos simuladores, cascos puestos. Esos cascos, hechos por el contratista de defensa Rockwell Collins, están hechos a medida para cada piloto y cuestan más de $ 400,000 cada uno. "Es como llevar una laptop en la cabeza", dice Hierlmeier sobre su poder de computación.


DENTRO DEL CASCO F-35

El casco Gen III, por el contratista Rockwell Collins, ofrece varias características nuevas, que incluyen: Seis cámaras externas alimentan el video a la pantalla facial, lo que permite a los pilotos ver a través del avión; un sistema de pistas permite a los pilotos apuntar armas con sus ojos; la visión nocturna incorporada permite ver en la oscuridad; y un sistema de advertencia de misiles explora tierra y aire, alertando a los pilotos de las amenazas.
Ilustración de Peter Sucheski

Los sims son la experiencia de realidad virtual más avanzada del planeta. Un piloto salta a la cabina y rueda hacia la cúpula de la pista. Charla. Charla. Charla. Una vez dentro, los proyectores disparan imágenes de nubes y sombras con calidad de Google Earth, montañas que pasan apresuradamente, barrios polvorientos a 30,000 pies de profundidad. Hay pistas de aterrizaje rurales, jets enemigos adelante y misiles zumbando a su manera. Es una vista envolvente de 360 ​​grados con efectos de sonido. Al igual que los propios F-35, los simuladores están conectados a un servidor de tierra seguro y vinculados entre sí. De esa forma, los pilotos pueden entrenar juntos, en cuartos separados, en misiones tácticas. Estos sims se vincularán algún día a otros simuladores de aviones de combate en las bases de entrenamiento de la Fuerza Aérea en los EE. UU.

Y ahí es donde se pone interesante. Hierlmeier es un estudiante de tecnología y creció leyendo ciencia ficción y viendo Stars Wars. De pie fuera de la cabina, mira hacia la cúpula oscura y dice que cree que un día combatiremos a nuestros enemigos desde dentro de una de estas cosas. Cuando pregunto qué va a tomar, dice rotundamente, "Ancho de banda".

"Espero que veamos un día en que el hombre no esté en la máquina, pero él está al tanto".

El ancho de banda es un gran desafío para la guerra en red. Y volar un avión no tripulado desde el suelo requiere enviar y recibir cantidades masivas de datos en tiempo real. Así que los ingenieros se centran en cosas como la mejora de la inteligencia artificial para que los aviones puedan actuar con más autonomía, reduciendo así el ancho de banda de comunicación. Si conseguimos que las máquinas piensen por sí mismas, podemos equiparlas con un objetivo de misión, reglas de enfrentamiento, escenarios de batalla, y luego enviárselos en camino. Solo solucionando los problemas de IA y autonomía de operaciones, y el procesamiento integrado, dice Ruszkowski, podemos "reducir la congestión de comunicaciones y el ancho de banda de uso". Skunk Works lo ha demostrado con sistemas automáticos de prevención de colisiones en tierra y evitación de colisiones aéreas. Si Ruszkowski y su equipo pueden extender esas capacidades a los cazas furtivos de la próxima generación, dice, sería un gran avance resolver el problema: "Creemos que esa es la base de los futuros sistemas militares".

Hierlmeier, flanqueada por un par de contratistas de Lockheed Martin y una persona de relaciones públicas de la Fuerza Aérea que toca su teléfono inteligente, se apoya en la cabina y considera ese futuro. "No quiero ser el tipo de la caballería del caballo al comienzo de la Primera Guerra Mundial", dice. "Espero ver un día en que el hombre no esté en la máquina, en el avión, pero el hombre está al tanto. Tenemos que abrazar eso. Veo un día en que conduces hacia esta cúpula y peleas la lucha desde aquí mismo ".