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miércoles, 11 de marzo de 2026

Serbia: Sus MiG-29 portan el CM-400AKG chino y hay revuelo

Avión de combate MiG-29 serbio avistado con misiles CM-400AKG chinos, lo que redefine el equilibrio del poder aéreo en los Balcanes.



Defense News Aerospace 2026



Una imagen recientemente difundida parece mostrar un MiG-29SM de la Fuerza Aérea Serbia equipado con misiles aire-tierra de largo alcance CM-400AKG chinos. De confirmarse, esta configuración podría ampliar significativamente el alcance de ataque de Serbia y alterar el equilibrio del poder aéreo regional en los Balcanes.

El 9 de marzo de 2026, una sola imagen circulando en redes sociales ha llamado la atención sobre lo que parece ser un MiG-29SM de la Fuerza Aérea Serbia que porta misiles aire-tierra de largo alcance CM-400AKG chinos. Esta configuración, de confirmarse, representaría una notable evolución en la estrategia de la aviación de combate de Belgrado. La relevancia de esta imagen radica no solo en la posible aparición de una nueva munición, sino también en la sugerencia de que Serbia podría estar ampliando el papel operativo de su flota Fulcrum, pasando de la vigilancia aérea y la interceptación a ataques de precisión a distancia. En el contexto europeo, este desarrollo sería importante, ya que asociaría un arma de ataque aérea china de alta velocidad con un caza de primera línea operado en los Balcanes. Sin embargo, por el momento, no se ha emitido ninguna confirmación oficial del gobierno, por lo que la evaluación se basa en la imagen disponible. Una imagen circulante parece mostrar un MiG-29SM de la Fuerza Aérea Serbia portando misiles de ataque de largo alcance CM-400AKG chinos, lo que sugiere una posible expansión de la capacidad de ataque a distancia de Serbia si se confirma (Fuente de la imagen: Redes sociales).

La importancia del avistamiento no reside tanto en la imagen en sí como en lo que puede indicar sobre el progreso de la integración de armas. En la aviación militar, la visibilidad de un misil bajo el ala o la estación del fuselaje de un caza no demuestra automáticamente la certificación operativa completa, pero puede indicar que al menos parte del proceso de gestión de pertrechos, compatibilidad de pilones y autorización de transporte ha avanzado. Si Serbia efectivamente ha integrado el CM-400AKG en su avión MiG-29SM, esto implicaría que la plataforma se está adaptando para un conjunto más amplio de misiones que incluye el ataque a distancia, en lugar de limitarse a su función tradicional de avión de superioridad aérea y alerta de reacción rápida.

El misil visible en el centro de la imagen constituye un elemento central del desarrollo reportado. El CM-400AKG ha sido descrito en la literatura china sobre exportaciones como un arma de ataque de alta velocidad, lanzada desde el aire, diseñada para atacar objetivos fijos de alto valor y, en algunas descripciones, objetivos marítimos. Las referencias técnicas disponibles generalmente indican un diámetro de aproximadamente 0,4 metros y un alcance de entre 100 y 240 kilómetros, con configuraciones de ojiva que, según se informa, incluyen una de tipo fragmentación explosiva de 150 kilogramos y una variante de penetración de 200 kilogramos. Estos parámetros sugieren que el misil representa más que una simple adición simbólica, posicionándolo como un arma de distancia de seguridad diseñada para atacar objetivos defendidos desde rangos de lanzamiento que podrían reducir la exposición de la aeronave a los sistemas de defensa aérea de corto alcance. La terminología aplicada al CM-400AKG requiere especial precisión. En el discurso público, el misil se caracteriza frecuentemente como hipersónico, mientras que algunos informes también lo describen como balístico. Una formulación más rigurosa lo identificaría como un misil de ataque aéreo de muy alta velocidad, con un perfil de lanzamiento a gran altitud y una trayectoria de ataque terminal pronunciada que le confiere características cuasibalísticas o semibalísticas. Las descripciones técnicas chinas disponibles respaldan la evaluación de que su velocidad y perfil de vuelo difieren notablemente de los de los misiles de crucero aéreos más convencionales. Sin embargo, no justifican que se consideren definitivamente todas las afirmaciones de rendimiento reportadas.

Su arquitectura de guiado reportada también contribuye a su relevancia operativa. Las descripciones relacionadas con la exportación indican que el misil utiliza una arquitectura de guiado que combina navegación inercial y actualizaciones satelitales, con modos de guiado terminal opcionales que, según se ha informado, incluyen infrarrojos, televisión y localización por radiación pasiva. En términos prácticos de aviación, esto significa que el arma es adecuada para una secuencia de ataque en la que la aeronave de lanzamiento no necesita permanecer cerca del objetivo durante la fase terminal. Es importante desde el punto de vista operativo porque mejora la capacidad de supervivencia de la plataforma de lanzamiento, reduce el tiempo de exposición dentro de zonas de combate hostiles y permite que la aeronave emplee un perfil de disparo y giro tras el lanzamiento, en lugar de adentrarse en el espacio aéreo defendido.

Para la flota de MiG-29SM de Serbia, la importancia reside en la transformación del perfil de la misión más que en la novedad de su fuselaje. El MiG-29 se concibió originalmente como un caza bimotor de superioridad aérea optimizado para alta agilidad, ascenso rápido e intercepción en primera línea. Los aviones modernizados de Serbia ya han demostrado una dotación de armamento más amplia que las primeras variantes Fulcrum de referencia, pero la posible incorporación del CM-400AKG impulsaría aún más esta evolución al asignarle al avión una función de ataque más pronunciada. En términos doctrinales, esto acercaría al MiG-29SM serbio a un verdadero perfil de empleo multifunción, donde la generación de salidas, la precisión de navegación, la gestión de parámetros de lanzamiento, la capacidad de supervivencia electrónica y la transferencia de objetivos se vuelven tan importantes como el rendimiento clásico de un caza fuera o dentro del alcance visual.

A nivel táctico, un MiG-29 armado con un misil de alta velocidad de separación puede generar presión operativa sin penetrar necesariamente en las capas más densas del sistema de defensa aérea del adversario. Incluso un inventario modesto de este tipo de armas puede complicar la planificación defensiva, ya que permite ataques contra activos fijos como puestos de mando, instalaciones de radar, nodos logísticos, depósitos de municiones, puentes o infraestructura de bases aéreas desde posiciones que acortan la exposición y reducen el tiempo de reacción de los defensores. El comportamiento de vuelo reportado del misil, especialmente su fase terminal de alta energía, también plantearía un desafío de interceptación diferente al de las amenazas subsónicas más lentas, lo que lo hace relevante no solo como activo de ataque, sino también como herramienta de señalización coercitiva.

A nivel regional, la aparición de un arma de este tipo en los cazas serbios probablemente se interpretaría como un avance hacia una mayor letalidad en distancias de seguridad y una capacidad de ataque de precisión más creíble. No transformaría por sí solo a Serbia en una potencia aérea regional dominante ni eliminaría las persistentes limitaciones asociadas con el tamaño de la flota, el mantenimiento, la disponibilidad de pilotos o la antigüedad de la plataforma. Sin embargo, obligaría a los planificadores militares vecinos a considerar más seriamente el refuerzo, la dispersión, la recuperación de la pista, la capacidad de supervivencia del radar y la resiliencia de la infraestructura militar fija. En ese sentido, los efectos psicológicos y de planificación del misil podrían ser casi tan importantes como su alcance físico.

La dimensión estratégica y geoestratégica es igualmente importante. Si esta integración es genuina y operativamente significativa, Serbia estaría ilustrando un modelo de desarrollo de fuerza particularmente híbrido que combina aviones de combate de diseño ruso, municiones de ataque chinas lanzadas desde el aire y una trayectoria de modernización más amplia que también ha incluido la adquisición de plataformas occidentales. Esta postura reforzaría la preferencia de Belgrado por la diversificación de las adquisiciones y la flexibilidad estratégica, en lugar de la dependencia exclusiva de una sola esfera industrial de defensa. En términos europeos más amplios, la importancia residiría en la aparición de tecnología de ataque de alta velocidad de origen chino en una flota regional de cazas que opera en un escenario políticamente sensible, una combinación que sería seguida de cerca tanto por los planificadores militares como por los responsables políticos interesados ​​en la alineación de la defensa, el control de la escalada y la difusión de armas avanzadas de distancia de seguridad.

Lo que esta imagen podría revelar en última instancia no es simplemente la incorporación de un nuevo misil, sino un cambio en la filosofía del poder aéreo serbio. Si el MiG-29SM se ha adaptado para emplear el CM-400AKG, Serbia estaría reorientando parte de su fuerza de cazas hacia una función de ataque a distancia más fiable, que combina la velocidad y la capacidad de respuesta de un interceptor tradicional con el alcance y el poder disuasorio de una munición de precisión moderna. Hasta que se emita una confirmación oficial, la moderación sigue siendo apropiada, pero las implicaciones ya son considerables: el panorama aéreo de los Balcanes ya no estaría determinado únicamente por el número de cazas y la preparación para la vigilancia aérea, sino cada vez más por la capacidad de lanzar ataques aéreos rápidos y de largo alcance con poca alerta y un impacto político considerable.

Escrito por Teoman S. Nicanci – Analista de Defensa, Grupo de Reconocimiento del Ejército

viernes, 27 de febrero de 2026

Desastre: Piloto de la USAF vende secretos y entrenamiento del F-35 a China






El FBI acaba de arrestar a un ex mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que pasó 26 meses en Beijing entrenando a pilotos de combate chinos.

Pero la historia que todos desconocen no es el arresto. Es la red detrás de él.

Gerald Eddie Brown Jr. Indicativo de llamada "Runner". 65 años. 24 años en la Fuerza Aérea. Voló el F-4, F-15, F-16 y A-10. Comandó unidades responsables del lanzamiento de armas nucleares. Tras jubilarse en 1996, se convirtió en instructor de simulador contratado, entrenando a pilotos estadounidenses para volar el F-35 Lightning II.

En agosto de 2023, inició negociaciones para entrenar a pilotos de la Fuerza Aérea Popular de Liberación (FALP). Su intermediario lo conectó con la red de Stephen Su Bin, ciudadano chino que se declaró culpable en 2016 de conspirar con hackers del EPL para robar 65 gigabytes de datos clasificados de Boeing y de importantes contratistas de defensa. Los objetivos: el C-17, el F-22 y el F-35.

Léelo otra vez.

La misma red que robó los planos del F-35 reclutó al hombre que entrenó a los estadounidenses para volarlo y lo envió a Beijing para enseñar a los pilotos chinos cómo luchar contra él.

Primero roba la máquina. Luego, adquiere la mente del instructor.



Brown llegó a China en diciembre de 2023. Primer día: tres horas respondiendo preguntas sobre la Fuerza Aérea de EE. UU. Segundo día: reunión informativa personal con oficiales de la Fuerza Aérea Popular de China (FAEPL). Permaneció veintiséis meses. Regresó a suelo estadounidense en febrero de 2026 y fue arrestado ayer en Jeffersonville, Indiana.

No es una anomalía. La inteligencia de Five Eyes emitió una advertencia conjunta en junio de 2024 sobre el reclutamiento sistemático del EPL de pilotos de combate occidentales a través de empresas fantasma. Se identificaron al menos 30 expilotos británicos. El exmarine Daniel Duggan fue arrestado en 2022 por los mismos cargos. ¿Su conexión? Stephen Su Bin. El mismo nodo. Otro activo.

La pregunta que Washington no quiere que se haga: ¿Cómo un hombre con experiencia en armas nucleares y acceso a un simulador del F-35 negocia con la red de un hacker chino convicto, vuela a Beijing, entrena a pilotos enemigos durante más de dos años y sólo es arrestado cuando regresa voluntariamente caminando a casa?

Puedes arrestar a Brown. Puedes condenarlo.
No se puede desentender lo que él enseñó. Ese conocimiento ahora reside permanentemente en la Fuerza Aérea Popular de Liberación del Ejército Popular de Liberación. Se institucionalizará. Se intensificará.

El daño ya está hecho. La única pregunta es si Runner corrió solo.

sábado, 7 de febrero de 2026

Guerra Fría: La captura del Sidewinder

La "captura" del AIM-9B 




El 24 de septiembre de 1958, una formación de F-86 taiwaneses, armados con lo que parecían largos cohetes en forma de aguja, atacó a un grupo de MiG-17 chinos sobre el estrecho de Taiwán. En un breve pero intenso combate aéreo, los viejos Sabres derribaron varios MiG en rápida sucesión. El misil aire-aire AIM-9 Sidewinder había hecho su debut en combate. El enfrentamiento conmocionó a los soviéticos. Conocían el Sidewinder, pero su propia tecnología de misiles estaba años por detrás de la occidental, y esa brecha acababa de quedar expuesta de la forma más brutal posible.



Cuatro días después, el problema del combate aire-aire se convirtió en una oportunidad. En otro intenso combate aéreo, un Sidewinder impactó contra un MiG-17 chino, pero no detonó. En cambio, se incrustó intacto en el fuselaje del avión, como una flecha. El avión chino aterrizó sin problemas y el AIM-9 fue directo a Moscú. Los ingenieros soviéticos lo consideraron un «curso universitario» en desarrollo de misiles y trabajaron afanosamente para copiar sus secretos. En menos de dos años, el Vympel K-13, también conocido como AA-2 Atoll, entró en servicio en la Unión Soviética.



Este notable acontecimiento tiene varios precedentes históricos. El ejemplo más reciente es la recuperación de un misil aire-aire chino PL-15E de ultra largo alcance, prácticamente intacto, en Punjab durante la Operación Sindoor (escaramuza indo-pakistaní de 2025). Así como el Sidewinder capturado redujo una importante brecha para los soviéticos, este PL-15E representa un gran triunfo de inteligencia para los indios (y para Occidente). Ahora todas las miradas están puestas en una sola cosa: ¿podrán los ingenieros indios igualar el ritmo soviético y descifrar los secretos del PL-15E para obtener resultados, tal vez para el misil aire-aire Astra 2 de fabricación nacional, en menos de dos años?

domingo, 19 de octubre de 2025

Indonesia invertirá 9 mil millones USD en J-10 chinos

El ministro de Defensa afirma que Indonesia comprará aviones de combate J-10 de Chengdu



 
Chengdu J-10C (foto: War Thunder)

Yakarta (ANTARA) - El ministro de Defensa, Sjafrie Sjamsoeddin, dijo que Indonesia pronto comprará el avión de combate Chengdu J-10 de fabricación china.

"Volaremos a Yakarta pronto", dijo Sjafrie cuando nos encontramos en Yakarta el miércoles.

Sin embargo, Sjafrie no reveló más detalles sobre el tiempo de compra o el vuelo del avión de combate.

Anteriormente, el jefe de la Oficina de Relaciones Públicas de la Secretaría General del Ministerio de Defensa de Indonesia (Kemenhan), general de brigada TNI Frega Wenas Inkiriwang, dijo que el avión de combate Chengdu J-10 de fabricación china que el Ministerio de Defensa quería comprar todavía estaba siendo estudiado por la Fuerza Aérea de Indonesia.

"Mientras tanto, la Fuerza Aérea de Indonesia está estudiando el J-10. Queremos las mejores plataformas de equipamiento de defensa", declaró Frega durante una reunión en la oficina del Ministerio de Defensa en el centro de Yakarta el jueves (18/9).

El proceso de revisión se llevó a cabo para garantizar que la compra del avión de combate J-10 fuera apropiada para fortalecer la defensa aérea de Indonesia.

Frega también confirmó que el Ministerio de Defensa aún no ha discutido el monto presupuestario que el gobierno gastará para comprar aviones de combate del País de la Cortina de Bambú.

El Chengdu J-10C dispara un cohete (foto: Military Watch)

Para su información, circula información sobre la compra por parte del gobierno de un avión de combate chino, el Chengdu J-10. Esta información circula en varias redes sociales, incluyendo la cuenta de Instagram @isds.indonesia .

En la publicación de la cuenta del 2 de septiembre de 2025 , se explicó que el presidente Prabowo Subianto planeaba comprar 42 aviones de combate.

Según el medio de comunicación francés Intelligenceonline, citado por la cuenta de Instagram de ISDS, el contrato de compra del J-10 se retrasó debido a problemas de financiación. El contrato se renovará mediante un plan de pagos con China.

Anteriormente, el Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Indonesia, Mariscal del Aire TNI Mohamad Tonny Harjono, también dijo que tres nuevos aviones de combate de la Fuerza Aérea de Indonesia fabricados por la compañía francesa Rafale estaban programados para llegar a Indonesia en febrero de 2026.

"El plan es que entre febrero o marzo (de 2026), recibamos primero el primer lote de tres aviones", dijo el mariscal Tonny en la base aérea de Halim Perdanakusuma, Yakarta, el sábado (13/9).

Tonny explicó que la llegada de los aviones de combate Rafale tenía como objetivo aumentar la capacidad de defensa aérea de la Fuerza Aérea de Indonesia, que anteriormente había sido reforzada con varios aviones de combate, como el T-50, el Hawk 100/200, el Sukhoi Su-30 y el F-16.

( Entre )



Después de haber aprobado un presupuesto de 9.000 millones de dólares, el Ministro de Finanzas aún no ha recibido información detallada sobre la compra del avión J-10



Avión de combate Chengdu J-10C (foto: defensetalks)

Purbaya aún no conoce los detalles del presupuesto para el avión a reacción Chengdu J-10.


Yakarta (ANTARA) - El ministro de Finanzas, Purbaya Yudhi Sadewa, admitió que aún no conoce los detalles del presupuesto para la compra de aviones de combate Chengdu J-10 de fabricación china por parte del Ministerio de Defensa (Kemenhan).

Según Purbaya, aprobó la solicitud del ministro de Defensa, Sjafrie Sjamsoeddin, de un presupuesto de 9 mil millones de dólares. Sin embargo, el ministro de Finanzas no pudo confirmar si el Ministerio de Defensa utilizaría los fondos para la compra de aviones de combate J-10.

"Ya hemos aprobado la compra del año que viene. No sabemos qué modelo utilizaremos para esto (la compra de aviones de combate J-10)", dijo Purbaya en Yakarta el miércoles.

Purbaya declaró que volvería a verificar la compra del avión de combate Chengdu J-10, incluido el plan de importar el avión de fabricación china.

"No sé si esto es nuevo o no. Lo mencionado debería haberse incluido en el presupuesto. Pero tengo que confirmar si tiene intención de volver a importar el año que viene o cuándo. De todas formas, hemos cumplido con lo que él (el Ministro de Defensa) solicitó hasta ahora", añadió.

Avión de combate Chengdu J-10C (OTAN: Firebird) (infografía: Kompas)

Anteriormente, el ministro de Defensa, Sjafrie Sjamsoeddin, dijo que el avión de combate Chengdu J-10, de fabricación china, pronto volaría en Yakarta.

Sin embargo, Sjafrie no reveló más detalles sobre el tiempo de vuelo del avión de combate.

Cronología del plan de compras

Por otra parte, el jefe de la Oficina de Información de Defensa de la Secretaría General del Ministerio de Defensa, el general de brigada Frega Wenas Inkiriwang, dijo que el avión de combate Chengdu J-10 de fabricación china que el Ministerio de Defensa quiere comprar todavía está siendo revisado por la Fuerza Aérea de Indonesia.

"Mientras tanto, la Fuerza Aérea de Indonesia está estudiando el J-10. Queremos las mejores plataformas de equipamiento de defensa", declaró durante una reunión en el Ministerio de Defensa en Yakarta el jueves (18/9).

El proceso de revisión se llevó a cabo para garantizar que la compra del avión de combate J-10 fuera apropiada para fortalecer la defensa aérea de Indonesia.

También confirmó que el Ministerio de Defensa aún no ha discutido el presupuesto que el gobierno gastará para comprar aviones de combate del País de la Cortina de Bambú.

La información sobre la compra del avión de combate chino Chengdu J-10 por parte del gobierno de Indonesia circuló inicialmente en varias cuentas de redes sociales.

Se afirmó que el 2 de septiembre de 2025 el presidente Prabowo Subianto planeaba comprar 42 aviones de combate.

Un medio de comunicación francés explicó que el contrato de compra del J-10 se retrasó debido a problemas de financiación y se dice que el contrato ahora se continuará a través de un plan de pago de China.

jueves, 12 de junio de 2025

Proyección de poder aéreo: La posibilidad de ataques aéreos chinos desde el espacio

Avión cohete chino ataca prácticamente desde el espacio: es muy posible

Roman Skomorokhov || Revista Militar




 
El 26 de diciembre de 2024, China sorprendió al mundo al lanzar al aire no uno, sino dos nuevos prototipos de cazas que encarnan su visión de los sistemas aéreos de próxima generación: el Chengdu J-36 y el Shenyang J-XX/J-50.


 

A través de una cadena de filtraciones cuidadosamente dosificadas —porque, seamos sinceros, si alguien sabe guardar secretos militares, es el Imperio Celestial—, China ha dejado entrever una jugada que nadie vio venir. Dos aeronaves, completamente nuevas, salieron a la luz: un enorme avión sin cola y con ala en forma de diamante, identificado como J-36 (fuselaje número 36011), fabricado por Chengdu, y otro de menor tamaño —aunque igualmente imponente— de ala lambda, desarrollado por Shenyang, conocido de forma extraoficial como J-XX o J-50.

Que China estuviera trabajando en su propia visión de un sistema de combate aéreo de sexta generación era un secreto a voces. Pero nadie esperaba que dieran este paso tan pronto. Y mucho menos, que lo hicieran con semejante contundencia.

Primero, porque todos asumían que Estados Unidos marcaría el rumbo en este terreno. Su programa NGAD (Next Generation Air Dominance) había dominado el discurso sobre los cazas del futuro, y parecía cuestión de tiempo hasta que los norteamericanos se llevaran el primer aplauso. Pero China se adelantó.

Segundo, porque no se trató de una única plataforma experimental. China reveló dos programas distintos, desarrollados por dos fabricantes competidores, que avanzan en paralelo en investigación, desarrollo y producción. Chengdu y Shenyang, ambos trabajando al unísono, pero por caminos separados, hacia una misma meta: redefinir el dominio aéreo.

Y así, de un momento a otro, China no solo presentó su primer caza de sexta generación. Presentó también el segundo. Con apenas unas horas de diferencia.

No hay otra forma de decirlo: 2025 arrancó con China en el centro del escenario de la aviación militar global. Mientras otros hablaban del futuro, ellos lo pusieron a rodar por la pista.




Hoy, todas las miradas están puestas en una sola silueta: la del Chengdu J-36. No porque sepamos exactamente qué es —todo lo contrario—, sino porque lo que rodea a esta máquina está envuelto en una neblina de misterio, lo que, en tiempos como estos, es casi una invitación a imaginar. Diseño, capacidades, propósito… el J-36, creación inesperada de Chengdu Aerospace Corporation (CAC), nos deja espacio para especular, y eso lo hace aún más fascinante.

Lo que sí se ha filtrado —en fotos y videos cuidadosamente controlados— revela un avión con diseño de ala en diamante, sin superficies de cola. Un auténtico “ala volante” futurista. En sus primeras apariciones, el J-36 estaba propulsado por dos motores turbofán, pero luego surgieron imágenes que mostraban un tercer motor, algo que abrió una cascada de preguntas.

En cuanto a su tamaño, el J-36 es considerablemente más grande que el ya imponente J-20, también desarrollado por Chengdu. Algunos analistas estiman una longitud de 23 metros y una envergadura de 19,2 metros, lo que lo ubica por encima del J-20, que mide 20,3 m de largo con una envergadura de 12,88 m. A partir de eso, se proyecta un peso máximo al despegue (MTOW) de entre 50 y 60 toneladas.

¿Y qué clase de caza necesita ese tonelaje? Para ponerlo en contexto, el Su-34 ruso, que es más un bombardero táctico que un caza puro, tiene un peso bruto al despegue de 45 toneladas. Y aquí estamos hablando de un supuesto caza de superioridad aérea, con una masa comparable —o incluso superior— a la de un bombardero pesado.

Y no olvidemos los tres motores. Una decisión que ha generado tanto desconcierto como teorías. Algunos apuntan a la falta de empuje suficiente de los propulsores chinos más avanzados, como los WS-15, que, según datos disponibles, generan unos 16.000 kgf de empuje cada uno. En comparación, los motores del Su-34 —AL-31F-M1— entregan alrededor de 13.000 kgf. Sobre el papel, los WS-15 superan esa cifra. Pero claro, está el eterno talón de Aquiles de la ingeniería china: la fiabilidad.

Si el J-36 necesitara realmente tres motores para alcanzar su rendimiento esperado, algo no cuadra con la idea de un caza ágil y maniobrable. Con dos WS-15 debería poder despegar… pero no necesariamente combatir con la agilidad que exige el dogfight moderno. Y sin maniobrabilidad, ¿sigue siendo un caza? O estamos, tal vez, ante un nuevo tipo de plataforma, más cercana a un bombardero sigiloso, un lanzador de armas hipersónicas, o incluso un nodo aéreo de guerra electrónica o control de enjambres.

Lo cierto es que, por ahora, el J-36 no despeja las dudas. Las multiplica.
Y eso lo hace aún más intrigante.


La elección de tres motores en el diseño del J-36 no es un simple capricho de ingeniería. Es, en muchos sentidos, una anomalía en el mundo de la aviación de combate moderna, donde la eficiencia, la maniobrabilidad y la reducción de peso mandan. Pero China, una vez más, parece estar jugando con sus propias reglas.

Una posibilidad es que Chengdu esté apostando al desarrollo definitivo del WS-15, el motor de quinta generación chino que promete empuje suficiente para mantener vuelo supersónico sostenido y mejorar radicalmente la relación empuje-peso. Pero lo interesante aquí no es solo el empuje. La adición de un tercer motor podría tener objetivos mucho más ambiciosos.

Más allá de mover una estructura pesada, tres motores significan también una enorme generación de energía eléctrica. Y eso podría ser la clave. Porque un caza de sexta generación no solo debe volar: debe ver más, procesar más, comunicarse más y defenderse más. Sistemas de guerra electrónica avanzados, sensores multifrecuencia, radares AESA, enlaces de datos de alta capacidad, e incluso armamento defensivo de nueva generación —como láseres de alta energía (HEL) o microondas de alta potencia (HPM)— requieren una cantidad colosal de energía y refrigeración.

Visto así, la configuración del J-36 parece mucho menos una rareza y mucho más una pieza central del concepto chino de guerra aérea del futuro. Un sistema de combate aéreo en red, donde el J-36 no es solo un avión de combate, sino el cerebro aéreo que coordina enjambres de UAVs, guía misiles inteligentes, y opera de forma autónoma junto a otras aeronaves, tripuladas o no.

Incluso si su rol se limitara únicamente a actuar como nodo de mando y control, el J-36 necesitaría una capacidad de procesamiento de datos y transmisión en tiempo real sin precedentes. Eso implica potencia bruta, capacidad de enfriamiento, redundancia, y arquitectura electrónica avanzada. Porque controlar un enjambre aéreo no es simplemente cuestión de presionar botones: es gestionar inteligencia, amenazas, objetivos, y trayectorias múltiples en fracciones de segundo.

Por eso, uno o dos motores quizá serían suficientes para una plataforma especializada en tareas limitadas, como el despliegue de drones. Pero China parece querer más: que cada J-36 sea un centro de mando volador, un sistema multirole de largo alcance, capaz de operar por sí solo o en conjunto, y hacer todo eso con autonomía operativa y sostenida.

Y en ese camino, no se descarta que futuras versiones del J-36 estén propulsadas por motores de ciclo variable (VCE), una tecnología emergente que permite que las turbinas operen a velocidades distintas según la necesidad. Esto no solo mejora la eficiencia del combustible, sino que permite gestionar de forma más inteligente el flujo de energía a los distintos subsistemas electrónicos del avión.

Con un peso estimado al despegue de entre 50 y 60 toneladas, el J-36 se sitúa en un terreno poco habitual para un caza. Esa envergadura se traduce en una enorme capacidad interna de combustible y espacios generosos para armamento, lo que le da alcance estratégico y capacidad de carga pesada.

Pero aquí surge la pregunta inevitable: ¿sigue siendo esto un caza? Porque todo en el J-36 —su tamaño, sus motores, su misión, sus sistemas— apunta más bien a una nueva categoría híbrida, algo entre caza, bombardero, centro de mando y lanzador estratégico.

Tal vez no estamos viendo el futuro de los cazas…
Sino el nacimiento de otra cosa completamente distinta.



Por ahora, todo lo que sabemos sobre el alcance y la capacidad de carga del J-36 está cubierto por una neblina de especulación. Pero, incluso en ausencia de cifras oficiales, hay pistas suficientes para armar el rompecabezas.

El objetivo estratégico parece claro: cubrir la primera cadena de islas —Japón, Taiwán, Filipinas e Indonesia— sin depender del reabastecimiento en vuelo. Para ello, el J-36 debería contar con un alcance significativo, lo bastante amplio como para entrar y salir del espacio aéreo hostil con autonomía plena. Y si se incorpora armamento de largo alcance, como misiles de crucero o armas aire-superficie de precisión, el radio de acción se extendería hasta la segunda cadena de islas, abarcando buena parte del sudeste asiático.

En cuanto a su carga útil, se espera que el J-36 esté equipado con una bahía interna de grandes dimensiones, capaz de alojar una variada gama de municiones. Entre ellas, destacan los nuevos misiles aire-aire de ultra largo alcance, como el PL-17, con un alcance estimado de más de 300 kilómetros, además de bombas guiadas por precisión y misiles de crucero lanzados desde el aire.

Pero insistimos: el J-36 no debe entenderse como un caza convencional. Su papel está diseñado para ser el centro de gravedad de un ecosistema aéreo mucho más amplio, que incluiría enjambres de drones, algunos quizás del tamaño de pequeños cazas tripulados, integrados y controlados en tiempo real desde esta plataforma.

Y aquí es donde empiezan a surgir las teorías sobre su enigmático tercer motor.
Tres versiones. Tres formas de intentar entender el propósito de esa decisión poco ortodoxa.

Versión 1: el motor adicional es necesario para mover al gigante.
Con un peso estimado cercano a 60 toneladas, el J-36 requeriría un empuje considerable solo para maniobrar como lo haría un Su-35, uno de los cazas más ágiles de gran tamaño. Pero incluso así, la física es inflexible: la maniobrabilidad del J-36 es, como mínimo, cuestionable. Su tamaño, su masa y su configuración aerodinámica no apuntan a una plataforma diseñada para el combate cercano. Velocidad y alcance, tal vez. ¿Agilidad? Difícil.

Versión 2: el tercer motor es una fuente de energía, no de velocidad.
Más allá de la propulsión, este motor adicional podría estar diseñado para alimentar sistemas de alta demanda energética: radares de largo alcance, sensores múltiples, enlaces de datos de gran ancho de banda, sistemas de guerra electrónica, e incluso armas de energía dirigida como láseres o microondas, necesarias para defensa activa o control de drones en enjambre.

Esta hipótesis tiene lógica. El avión se convierte así en una plataforma de comando, un servidor aéreo en red con capacidades ofensivas y defensivas que trascienden el combate tradicional. Pero incluso esta versión tiene puntos débiles: la complejidad, la fiabilidad, el mantenimiento en combate… todo eso se multiplica con un motor adicional.

Y luego está la versión 3. La más atrevida. La más difícil de comprobar, pero imposible de descartar del todo: el tercer motor no es lo que parece.

Tal vez no sea un motor en el sentido clásico. Tal vez sea una cubierta para otro sistema, un contenedor modular, una bahía adicional camuflada, un emisor de energía, o incluso una plataforma de lanzamiento para drones miniaturizados o sistemas hipersónicos. En un avión diseñado para engañar radares y desinformar al enemigo, nada puede descartarse por completo.

Porque si algo queda claro con el J-36, es que no se trata simplemente de un caza más. Es una declaración estratégica envuelta en incógnitas técnicas. Un enigma de tres motores, dos alas y una función que, quizás, aún no entendemos del todo.



Y es en este punto donde todos se acomodan en sus asientos, tal vez con palomitas en mano, y la película realmente comienza. Porque sí: el tercer motor es un motor… pero no en el sentido tradicional. O al menos, no con la función que todos estamos esperando. Lo que estamos viendo hoy, esa estructura con tres salidas y líneas futuristas, podría no ser más que una ilusión funcional.

Vale la pena recordar que lo que se ha mostrado hasta ahora no es el modelo final. Es un prototipo, un banco de pruebas, un laboratorio volador. Una plataforma pensada para ensayar ideas, validar sistemas, jugar con límites. Lo que salga al otro lado del túnel de desarrollo podría parecerse… o podría ser algo radicalmente distinto.

Y luego está ese detalle que ha empezado a circular en algunos medios especializados: una tercera toma de aire supersónica, ubicada en la parte superior del fuselaje. Un elemento que no encaja del todo con la lógica de un diseño convencional, y que abre nuevas preguntas sobre lo que realmente alimenta ese supuesto tercer motor.

¿Qué es, entonces?
¿Una fuente de energía secundaria?
¿Una entrada para un sistema oculto de propulsión o refrigeración?
¿O simplemente un señuelo, una pieza colocada adrede para confundir a los observadores y analistas occidentales?

Nada puede descartarse. Porque si hay algo que China ha demostrado con el J-36, es que no está jugando bajo las reglas conocidas. Está diseñando algo más. Tal vez una nave polivalente. Tal vez una plataforma modular con funciones intercambiables. Tal vez un caza que no quiere parecerse a ningún caza.

Y ese supuesto tercer motor puede ser la clave o la cortina de humo.
Pero lo más intrigante es esto: el misterio, por ahora, parece completamente intencional.



Le planteé esta hipótesis a un veterano de VASO —un hombre con más de 32 años de experiencia en construcción aeronáutica— y su respuesta fue inmediata: “Es una idea más que interesante.” Según él, lo primero que llama la atención en el diseño del J-36 es el enorme espacio interno disponible. Los chinos, al parecer, tomaron la decisión desde el principio: construir una aeronave con volumen sobrado. Pero lo curioso no es eso. Lo curioso es cómo eligieron usarlo.

En teoría, si se tratara simplemente de alimentar un tercer motor convencional, habría sido mucho más sencillo rediseñar las dos tomas de aire principales, recalcular sus secciones transversales y desviar parte del flujo hacia el tercer motor. Fácil de calcular. Más simple de construir. Menos complicado en el taller.

Pero no. Los ingenieros chinos decidieron hacerlo a su manera. Y ahí es donde aparece la posibilidad más audaz de todas: ¿y si ese tercer motor no es un turborreactor, sino un motor cohete de propulsante líquido?

Parece ciencia ficción, pero no lo es.

El clásico par oxígeno-queroseno ha sido utilizado durante décadas en cohetes como la Soyuz-2 o el Falcon 9. Es un sistema probado, eficiente y relativamente seguro. El oxígeno líquido, aunque frío y volátil, es mucho menos peligroso que oxidantes como el flúor o el amilo. Además, este tipo de motor ofrece un impulso específico altísimo, del orden de los 3.500 m/s, algo que ningún turborreactor podría soñar alcanzar.

Claro que hay obstáculos. Para encender un motor cohete de estas características, se necesita un sistema de ignición externo que sincronice perfectamente el suministro de oxígeno y queroseno a la cámara de combustión. En los cohetes espaciales, se usan arrancadores eléctricos o químicos desechables. Pero en aviación, ya se está empezando a trabajar con encendidos por plasma, sistemas más complejos pero reutilizables, capaces de funcionar a cualquier altitud.

Y aquí entra en juego esa extraña toma de aire superior que tanto ha dado que hablar. Si no está diseñada para alimentar un turborreactor, podría servir como sistema auxiliar para iniciar la ignición del motor cohete, o incluso como parte del sistema de enfriamiento y ventilación interna para el almacenamiento de oxígeno líquido.

Las grandes dimensiones del J-36 no solo lo hacen ideal para transportar más combustible o armamento: también permiten instalar tanques criogénicos de oxígeno líquido dentro del fuselaje, sin comprometer el centro de gravedad ni la distribución estructural. Y como en los motores cohete el oxígeno se bombea hacia la cámara de combustión, no se necesitan tanques de presión excesiva ni paredes ultra reforzadas.

¿El resultado? Un avión con dos motores turborreactores y uno cohete. Una bestia híbrida capaz de funcionar como una aeronave convencional… hasta que necesite un impulso brutal en altitud, velocidad o energía, y entonces active su carta oculta.

Es una idea radical. Pero el J-36, desde el principio, no ha seguido ninguna regla convencional.
Y si la especulación acierta, podríamos estar ante el primer caza-cohete táctico del siglo XXI.




Cualquier persona normal se preguntaría: ¿para qué necesita una cabra un acordeón si ya está alegre? Y para alegrarla aún más.


Los propios desarrolladores chinos no han sido tímidos al describir el J-36: lo han presentado como un prototipo capaz de atravesar cualquier defensa y golpear donde más duele. Una afirmación audaz. Pero que, inevitablemente, lleva a una pregunta fundamental:
¿Cómo se atraviesa una defensa aérea moderna?

La respuesta, en realidad, no ofrece muchas opciones. Y cada una de ellas tiene sus propios límites —teóricos, prácticos o simplemente físicos.

La primera posibilidad es la más popular en la doctrina moderna: la invisibilidad ante el radar. El santo grial de la guerra aérea del siglo XXI. Utilizando diseño furtivo, materiales absorbentes, formas anguladas. El problema es que, con cada año que pasa, la eficacia de esta teoría es más discutida. Porque, a fin de cuentas, la baja observabilidad no significa invisibilidad, y lo que antes era tecnología de vanguardia, hoy empieza a enfrentarse a radares de banda múltiple, algoritmos adaptativos y sensores pasivos. ¿Funciona? A veces. ¿Garantiza atravesar "cualquier defensa"? Muy dudoso.

La segunda opción es más atrevida y, en ciertos contextos, muy efectiva: volar por debajo del radar. Literalmente. Rozando el terreno, aprovechando pliegues del paisaje y obstáculos naturales para esconderse del haz del radar. Lo vemos hoy en Ucrania, con drones y misiles de crucero deslizándose entre colinas y bosques. Pero esto, llevado a un avión del tamaño y peso del J-36 —un ala de 15 toneladas danzando a 50 metros sobre el suelo— es otra historia.
Aquí la física se impone: la inercia, el volumen, el margen de error. Tarde o temprano, un giro mal calculado termina en impacto. Y un sistema tan complejo no puede arriesgarse a un simple bache en el terreno.

Entonces queda una tercera opción. La menos explorada. La más radical:
no esquivar la defensa aérea, sino sobrevolarla completamente.
Romper el tablero y jugar desde otro plano.

Estamos hablando de operar a altitudes estratosféricas, 50, 60 kilómetros, quizás más. Por encima de todos los “paraguas” conocidos de defensa aérea. Y aquí, los números hablan por sí solos.

Tomemos el S-400 ruso, uno de los sistemas de defensa más avanzados del planeta. Su misil más potente, el 40N6E, tiene un techo de interceptación de 30 kilómetros.
El sistema Patriot estadounidense, tan temido como extendido, no supera los 20 kilómetros.
Y aunque Estados Unidos dispone de sistemas navales como el Standard Missile, incluso su versión avanzada, el SM-6, se queda en 33 km de altitud máxima.

Solo una excepción sobresale en este mapa de cifras: el SM-3, un interceptor diseñado no para el combate aéreo convencional, sino para interceptar misiles balísticos en la estratósfera. Un misil cinético, más cercano a un proyectil espacial que a una defensa aérea tradicional.

¿Y si el J-36, con su motor adicional y diseño masivo, no está pensado para evadir… sino para volar más alto que nadie?

Una plataforma que se eleva por encima del alcance de los radares, de los misiles, del ruido del combate.
Un atacante desde las alturas, descendiendo como un cometa en el momento preciso.
Un avión que, literalmente, vuela por fuera de las reglas.



En resumen, estamos hablando de un misil capaz de volar a altísimas altitudes y velocidades extremas. El SM-3, misil interceptor de tres etapas, puede alcanzar hasta 250 km de altitud y guía su trayectoria mediante un buscador infrarrojo, lo que lo convierte en una plataforma de intercepción extremadamente sofisticada. Pero también tiene sus límites.

Porque el SM-3 fue diseñado con una misión muy concreta: destruir objetos que no maniobran, como la ojiva de un misil balístico o incluso un satélite en órbita baja. Objetivos que siguen una trayectoria perfectamente predecible. Y aquí está el problema: nadie sabe cómo respondería este misil frente a un objetivo que maniobra activamente. Las pruebas necesarias para comprobarlo simplemente no se han realizado.

Además, Estados Unidos no tiene muchos misiles de este tipo. Son caros —muy caros—: cada unidad cuesta entre 18 y 24 millones de dólares, según su variante. Y por eso se emplean con cuenta gotas, solo en escenarios de máxima prioridad estratégica.

Así que si el escenario es un avión que opera a 50 o 60 kilómetros de altitud, justo donde la atmósfera aún permite cierto uso aerodinámico, pero muy por encima del alcance de casi todas las defensas, las posibilidades de interceptarlo son mínimas. Si además lleva un motor cohete, y no depende de oxígeno ambiental, puede alcanzar esa altitud con relativa facilidad.

Y no hablamos de un ataque a territorio continental. Porque China no necesita ni pretende atacar el territorio estadounidense. Lo que le preocupa está más cerca.
Hablamos del Océano Pacífico. De Taiwán. Y de los grupos de ataque de portaaviones (AUG) estadounidenses que se aproximan para defenderlo.

Ahí es donde este tipo de aeronave —una plataforma estratosférica armada, rápida y precisa— entra en juego.

Porque lanzar un misil balístico contra un AUG es una solución limitada. Sí, su ojiva es veloz, difícil de interceptar, pero poco precisa. Por diseño, su guiado final es tosco, y cualquier corrección de trayectoria es difícil debido a la alta velocidad de descenso y la resistencia atmosférica. La física pone sus reglas, y la precisión (CEP) se resiente seriamente.

En cambio, un avión de gran altitud puede detectar, rastrear y elegir su objetivo en tiempo real. Puede lanzar bombas guiadas o cohetes desde 50 km de altitud, sin entrar jamás en el alcance efectivo de los sistemas de defensa aérea de los buques.

Pensemos en eso: una bomba guiada, con bajo perfil radar, lanzada desde el borde de la estratósfera. Su caída sería limpia, rápida, difícil de interceptar, con un perfil térmico reducido. No es un proyectil que desciende como un meteorito desde el espacio, sino algo más controlado, más inteligente. Y si hablamos de municiones pequeñas y sigilosas, el radar del AUG tendrá problemas para verlas llegar… y más aún para detenerlas.

¿Imposible? Tal vez no tanto.
Basta recordar al mayor Bernhard Jope, que el 9 de septiembre de 1943, a bordo de un bombardero alemán, lanzó dos bombas guiadas Fritz X sobre el acorazado Roma de la marina italiana. Dos impactos. Un buque insignia hundido. Una lección temprana de lo que puede hacer un ataque guiado, preciso y desde arriba.

Hoy, casi un siglo después, la historia podría repetirse. Solo que esta vez, a 50 kilómetros de altitud, y con una tecnología que ni siquiera soñaban en 1943.

Un avión cohete estratosférico, armado con bombas guiadas o cohetes precisos, no es ciencia ficción. Es una respuesta táctica elegante y brutal para un problema real: cómo romper un grupo de combate naval sin entrar en su alcance.
Y si el J-36 apunta en esa dirección, no es solo un caza más.
Es un cambio de paradigma.




Dos bombas con un peso de 1.570 kg enviaron al fondo el nuevo acorazado con un desplazamiento de 46 toneladas.


No es difícil predecir lo que dos bombas de este tipo harán a un barco moderno, que prácticamente no tiene blindaje en comparación con los barcos de la Segunda Guerra Mundial.


Un avión cohete como el J-36 tiene una ventaja que cambia las reglas del juego: es reutilizable.
A diferencia de un misil balístico o de crucero, que es por definición un sistema de un solo uso —un billete de ida sin retorno—, un avión puede adaptarse. Puede cambiar de objetivo sobre la marcha, puede retirarse si la situación cambia, puede esperar el momento adecuado para atacar. Y si es pilotado —ya sea por un humano o por una IA autónoma avanzada—, tomará decisiones mucho más complejas que las de cualquier computadora a bordo de un proyectil.

Un misil, por su parte, solo tiene una opción: ser disparado y seguir su trayectoria. Sin corrección. Sin repliegue. Sin margen de maniobra táctica. Solo avanzar… o autodestruirse.

Y cuando hablamos de costos, el panorama es revelador.
Un misil balístico Bulava cuesta alrededor de 10 millones de dólares.
Un Iskander, unos 3 millones.
Incluso un misil de crucero Kalibr ronda el medio millón.
En cambio, una bomba guiada por láser o por satélite, lanzada desde gran altura y con precisión quirúrgica, cuesta una fracción de eso. Y en condiciones ideales, puede ser igual o más efectiva, sobre todo cuando el blanco es móvil y las circunstancias cambian en segundos.

Pero eso no es todo. Las bodegas del J-36 podrían no estar llenas de bombas o misiles. Podrían estar cargadas de drones asesinos. Vehículos autónomos de ataque, lanzables desde la estratósfera, capaces de dispersarse en formación, saturar sensores enemigos, confundir defensas y golpear desde múltiples ángulos. Y si hay un país con los medios para hacerlo, es China. El desarrollo de drones en enjambre, algoritmos de control distribuido y miniaturización armada está muy avanzado en sus laboratorios.

¿Controversial? Tal vez.
¿Audaz? Sin duda.
Pero todo concepto revolucionario comienza con una idea que desafía lo conocido.

El J-36 no es todavía una realidad consolidada. Es un prototipo, una visión, una pieza de ingeniería especulativa que apunta hacia lo que China imagina como el avión de ataque del futuro. Y como dice el proverbio chino:
“El viaje de mil millas comienza con el primer paso.”
Este podría ser ese paso.

La teoría puede parecer atrevida, pero no por eso carece de fundamento.
Y como ocurre siempre con los nuevos desarrollos militares chinos de alto perfil, las imágenes y los vídeos aumentarán. Veremos al J-36 rodar, despegar, maniobrar, tal vez entrenar. Poco a poco, el rompecabezas irá tomando forma, y con él, las respuestas a muchas de las preguntas que hoy solo podemos plantear.

Pero una cosa ya es clara:
China no está imitando el pasado. Está diseñando su propia versión del futuro.


domingo, 1 de junio de 2025

UAV de gran altitud: Modelos americanos, chinos y norcoreanos

Aviones de reconocimiento estratégico de gran altitud: desde el RQ-4 Global Hawk y el WZ-7 Soaring Dragon hasta el Saetbyol-4 y el RQ-180 White Bat

Revista Militar



En todo momento, la inteligencia ha sido uno de los principales factores que determinan la victoria en guerras y conflictos armados. Actualmente, la inteligencia estratégica, en beneficio de las fuerzas armadas (FA) de las principales potencias técnico-militares del mundo, se realiza mediante satélites de reconocimiento, aeronaves tripuladas de reconocimiento de gran altitud y vehículos aéreos no tripulados (UAV) de reconocimiento.

Un nicho aparte corresponde a los UAV estratosféricos: pseudosatélites que pueden volar durante meses a una altitud superior a los 25 kilómetros, realizando tareas de reconocimiento, retransmitiendo equipos de comunicaciones e incluso emitiendo señales de navegación.

En Rusia, hay ciertos problemas con todas las herramientas de inteligencia estratégica mencionadas anteriormente, ya discutimos esto anteriormente en el artículo Las audaces incursiones de las Fuerzas Armadas de Ucrania son una consecuencia de la falta de satélites de reconocimiento modernos y aviones de reconocimiento de gran altitud en las Fuerzas Armadas de Rusia , también pasamos por alto el tema de los pseudosatélites, aunque los UAVs estratosféricos rusos La-251/252 "Aist" podrían ser los primeros entre iguales .

UAV La-251 "Aist" y modelo de UAV La-252

Se puede asumir (y es de esperar) que los esfuerzos de las Fuerzas Armadas Rusas se centren ahora en el desarrollo de satélites de reconocimiento, navegación y comunicación que podrían producirse en cadena y desplegarse masivamente en órbita; al menos, aparecen noticias periódicas sobre este tema, lo que inspira un optimismo moderado.

Sin embargo, ni siquiera la presencia de satélites de reconocimiento altamente efectivos elimina la necesidad de aeronaves estratégicas de reconocimiento de gran altitud. Hoy recordaremos una vez más las capacidades existentes de nuestros adversarios en materia de reconocimiento de gran altitud y hablaremos también de sus prometedores desarrollos, así como de los de nuestros socios y aliados.

EE.UU


Desde 1957, Estados Unidos opera el avión de reconocimiento de gran altitud Lockheed U-2, capaz de realizar vigilancia desde una altitud de unos veinte kilómetros. Este avión se hizo famoso después de que uno de ellos fuera derribado por un cañón antiaéreo soviético en la región de Sverdlovsk, y su piloto, F. Powers, fuera hecho prisionero. Sin embargo, la vulnerabilidad del Lockheed U-2 al fuego de misiles antiaéreos no

lo invalidó en absoluto: los vuelos se realizaban simplemente a lo largo de las fronteras, sin violar el espacio aéreo, y su enorme altitud le permitía observar cientos de kilómetros dentro del territorio de un enemigo potencial. La última modificación del avión de reconocimiento U-2S Dragon Lady sigue en servicio y, desde su aparición, sus características de rendimiento de vuelo (CVP) en términos de alcance y características tácticas y técnicas (CTP) en términos de capacidad de reconocimiento han mejorado significativamente.


U-2S Dragon Lady

Es cierto que existen rumores de que el U-2S Dragon Lady podría ser dado de baja el próximo año, pero el Congreso estadounidense podría bloquear esta decisión, algo que ocurre con frecuencia allí.

En 2004, las Fuerzas Armadas estadounidenses adquirieron otro avión de reconocimiento de gran altitud: el UAV de reconocimiento estratégico RQ-4 Global Hawk. A pesar de que el rendimiento del RQ-4 Global Hawk en términos de altitud de vuelo, que es de unos 16 kilómetros, es ligeramente inferior al del U-2S (21 kilómetros), tiene un alcance y una duración de vuelo significativamente mayores: su tiempo de patrullaje puede alcanzar hasta 36 horas.

Nos enfrentamos a las consecuencias prácticas de la existencia de este aparato: los UAV de reconocimiento estratégico RQ-4 Global Hawk sobrevuelan regularmente el Mar Negro y los territorios de los países de la OTAN cerca de las fronteras con Ucrania, y dado el posible alcance de su equipo de reconocimiento, quién sabe cuántos ataques contra nuestras instalaciones militares y civiles se planean teniendo en cuenta la información que proporcionan.

Por cierto, basándose en el alcance de las rutas de patrullaje del UAV RQ-4 Global Hawk, es posible determinar aproximadamente las capacidades del equipo de reconocimiento de esta máquina.


UAV de reconocimiento estratégico RQ-4 Global Hawk

Actualmente, en EE. UU., en un ambiente de alto secretismo, se opera el UAV de reconocimiento RQ-180 de Northrop Grumman. Se cree que la aparición del UAV RQ-180 provocó que la Fuerza Aérea estadounidense abandonara el desarrollo de la línea de UAV RQ-4 Global Hawk.

Existe muy poca información sobre el UAV RQ-18; el prototipo RQ-180 realizó su primer vuelo el 3 de agosto de 2010 desde el aeródromo militar estadounidense en Nevada, el Área 51. Debe ser una máquina bastante grande: las imágenes satelitales del Área 51 muestran grandes hangares con capacidad para aeronaves con una envergadura de unos 40 metros. Según datos de libre acceso, el primer RQ-180 de serie entró en servicio en enero de 2017.

El desarrollo del UAV RQ-180 se financió con un presupuesto clasificado de la Fuerza Aérea de EE. UU. El contrato de desarrollo se firmó en 2008 y, según los estados financieros de Northrop Grumman, su valor ascendió a aproximadamente 2000 millones de dólares estadounidenses.

La característica principal del UAV RQ-180 es su visibilidad reducida desde todas las direcciones y en todos los rangos de longitud de onda, principalmente la visibilidad de radar en un amplio rango de longitudes de onda. Al mismo tiempo, el planeador UAV RQ-180 posee la máxima perfección aerodinámica, anteriormente solo disponible para planeadores deportivos.


Apariencia propuesta del UAV RQ-180

Se cree que se trata de una nueva generación de aeronaves de reconocimiento de gran altitud capaces de operar en un área saturada de sistemas de defensa aérea ( Defensa ) del enemigo. Presumiblemente, el UAV RQ-180 fue diseñado para realizar misiones previamente realizadas por la aeronave de reconocimiento de alta velocidad SR-71, solo que debe penetrar el espacio aéreo enemigo no debido a su velocidad superior, sino debido a su extremo sigilo.

Se cree que el UAV RQ-18 lleva capacidades de reconocimiento activas y pasivas, incluyendo un radar de matriz en fase activa (AESA). Además, el UAV RQ-18 está equipado con capacidades de guerra electrónica ( EW ), muy probablemente diseñadas para interrumpir los ataques de misiles aire-aire enemigos y misiles guiados antiaéreos (SAM).

También puede actuar como un relé de comunicaciones para bombarderos B-2, B-21 y cazas F-22, F-35, y posiblemente otras unidades de combate. El UAV RQ-18 tiene capacidad para patrullar durante 24 horas a una altitud de hasta 18 metros, cubriendo una distancia de 000 mil kilómetros.

En noviembre de 2020, se publicó la primera foto de lo que se cree que es un RQ-180, con el UAV volando a gran altitud sobre la Base Aérea Edwards. En septiembre de 2021, apareció una segunda foto que lo mostraba sobre Filipinas.

UAV RQ-18 sobre la Base Aérea Edwards

China

En China, se ha desarrollado y producido en masa un UAV análogo del RQ-4 Global Hawk estadounidense: el Chengdu WZ-7 Xianglong / Soaring Dragon, un UAV de reconocimiento estratégico con un ala anular: un ala inferior de barrido normal y un ala superior de barrido inverso con flaps curvados hacia abajo, que conecta el ala superior con la consola central del ala inferior.

El WZ-7 Chengdu Xianglong mide 14,3 metros de longitud, 25 metros de envergadura y 5,4 metros de altura, con un peso de despegue de 7,5 toneladas y una carga útil de hasta 650 kilogramos. Su motor turborreactor le proporciona una velocidad de hasta 950 kilómetros por hora y una autonomía de vuelo de hasta 7000 kilómetros a una altitud superior a los 18 kilómetros. El alcance de reconocimiento con radar AFAR es de 550 kilómetros.

Como podemos ver, en teoría, el Soaring Dragon no es inferior al Global Hawk. Por cierto, China también ha desarrollado un análogo naval del UAV WZ-7, al igual que existe un análogo naval del UAV RQ-4 Global Hawk: el UAV MQ-4C Triton.

UAV WZ-7 Chengdu Xianglong

Corea del Norte

Resulta gracioso y hasta cierto punto humillante para Rusia que Corea del Norte haya desarrollado su propio análogo del UAV RQ-4 Global Hawk: el UAV de reconocimiento estratégico Saetbyol-4 ("Saebyeol-4" o "Rising Star-4"). Este análogo es visualmente muy similar al original.

Por supuesto, se desconocen las características de rendimiento y vuelo del UAV Saetbyol-4; algunas fuentes incluso afirman que está basado en el caza Chengdu J-7 (una copia del MiG-21 soviético), aunque esto parece improbable, al igual que las capacidades del equipo de reconocimiento instalado. Sin embargo, este UAV vuela; al menos existe algún tipo de prototipo.

Vehículo aéreo no tripulado Saetbyol-4

Conclusiones

Actualmente, Rusia no cuenta con análogos directos de los aviones de reconocimiento y vehículos aéreos no tripulados (UAV) mencionados anteriormente.

Por extraño que parezca, parece que actualmente la forma más fácil y rápida de utilizar UAV estratégicos de reconocimiento de gran altitud en una operación militar especial (SMO) es alquilárselos a Corea del Norte, dado que ahora somos aliados.

O bien, invitar a Corea del Norte a realizar pruebas de campo del UAV Saetbyol-4, por ejemplo, en algún lugar sobre el Mar Negro, como medio para la búsqueda de embarcaciones no tripuladas (UBC), o en la zona de la línea de combate en las regiones de Kursk o Bélgorod para minimizar la posibilidad de una nueva invasión.

No obstante, Rusia tiene todas las posibilidades de crear su propio UAV estratégico de reconocimiento de gran altitud, comparable en características o incluso superior a las de los UAV de reconocimiento de gran altitud de sus adversarios, socios y aliados. Sin embargo, este es un tema para una conversación aparte, que sin duda abordaremos más adelante.