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domingo, 15 de febrero de 2026

Piloto de combate: Vicente Almandos Almonacid

25 de diciembre de 1882: Nace el piloto argentino Vicente Almandos Almonacid

por Bernardo Amrhein || Theatrum Belli


Vicente Almandos Almonacid, apodado «El Cóndor Riojano» , nació en la provincia de La Rioja (Argentina) el lunes 25 de diciembre de 1882 y falleció en Buenos Aires el viernes 16 de diciembre de 1953 (a los 72 años), fue ingeniero, exoficial de la Aviación Militar Francesa y aviador militar argentino. Fue una figura destacada del servicio postal Aéropostale en Sudamérica y pionero de la aviación civil argentina.

Juventud

Nacido el lunes 25 de diciembre de 1882 en San Miguel de Anguinán, cerca de Chilecito, provincia de La Rioja, Argentina, el padre de Vicente Almandos Almonacid fue gobernador de La Rioja entre 1877 y 1880 y empresario minero en Famatina hasta la crisis de 1890, que arruinó a la familia. La familia se mudó entonces a Buenos Aires, donde el joven Vicente asistió al Colegio Nacional de Buenos Aires y posteriormente a la Escuela Naval Militar . Sin embargo, no completó sus estudios allí.

Posteriormente se matriculó en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales para dedicarse a la aeronáutica y la navegación aérea. Comenzó a construir un avión al que llamó «Aeromóvil» y, en 1913, decidió viajar a Francia para perfeccionar sus habilidades y conocimientos aeronáuticos. Tomó sus primeras lecciones de vuelo en Farman, cerca de Versalles. El Aeroclub de Francia (ACF) le otorgó su licencia de piloto, reconocida oficialmente por el gobierno francés.

Conflicto del Primer Mundo

En agosto de 1914, mientras Europa se encontraba sumida en la guerra, muchos jóvenes argentinos se unieron a los ejércitos francés, italiano y británico, entre otros. Vicente Almandos Almonacid se alistó en la sección de aviación de la Legión Extranjera Francesa, donde obtuvo su licencia de piloto militar en septiembre de 1915. El joven suboficial se unió entonces al Escuadrón MF.29, especializado en misiones de bombardeo y comandado por el capitán Maurice Happe, apodado "Roter Teufel" (el Diablo Rojo) por el ejército alemán. Posteriormente, participó en vuelos de reconocimiento sobre París, combates aéreos y bombardeos en Alemania, incluyendo vuelos nocturnos, algo sin precedentes en aquel entonces.

Al finalizar la guerra, se unió al escuadrón MS.26 de Roland Garros. Ascendido al rango de capitán, fue condecorado con la Medalla Militar, la Cruz de Guerra (con numerosas palmas), la Legión de Honor, la insignia de la Liga Aeronáutica Francesa y la insignia del gobierno británico.

En 1919, al frente de una división de la Misión Aeronáutica Francesa, cruzó el Atlántico rumbo a Buenos Aires con una escuadra francesa de veinte aviones, cuatro hidroaviones y cuatro planeadores, llegando el sábado 6 de septiembre de 1919. Llevaba consigo dos aviones, regalo de Francia, entre ellos un caza. En su discurso oficial de bienvenida, Joaquín Víctor González lo apodó el «Centinela de los Andes» . Posteriormente, el Congreso Nacional Argentino lo incorporó a la Aviación Militar. Conoció a Lola Güiraldes y se casó con ella en 1920.

La travesía nocturna de los Andes

A principios de 1920, el jefe de la Misión Francesa lo designó, junto con el teniente Fernand Prieur, para continuar la misión en Chile. Surgió un grave problema: debían cruzar la Cordillera de los Andes. Volando su biplano Spad 220, el teniente Prieur sufrió numerosos problemas mecánicos camino a Mendoza, Argentina. Posteriormente, realizó un aterrizaje forzoso nocturno a una altitud de 2.000 metros, y el avión quedó destruido. El jefe de la Misión Francesa le ordenó entonces que prestara su avión más potente (un Breguet de 300 hp) a su colega argentino. Prieur se negó, "para no privar a Francia" de la gloria de ser el primero en volar de Argentina a Chile. Prieur reanudó los preparativos para la misión.

Ese mismo año, el teniente Jean Guichard y el argentino Jiménez Lest, compañeros de armas, negociaron, en el marco de la Misión Aeronáutica Francesa y con la Compañía de Transporte Franco-Argentina, la compra de un avión para Vicente Almandos Almonacid. El presidente de la compañía, con garbo y generosidad, respondió que «los aviones franceses no están a la venta para Almandos Almonacid, sino para ser recibidos como regalo», y transportó un Spad VII con un motor Hispano-Suiza de 220 hp por ferrocarril a Mendoza.

El lunes 29 de marzo de 1920, el “Cóndor Riojano” despegó al anochecer desde Mendoza para aterrizar en un viñedo cercano a la playa Vergara (Chile), junto a un viñedo cercano al mar, donde realizó un aterrizaje perfecto en la oscuridad.

Poco después de su luna de miel, el comandante de la Misión Aeronáutica Francesa le pidió que cruzara los Andes en vuelo nocturno, guiado únicamente por sus instrumentos. En marzo de 1920, despegó al anochecer desde Mendoza y aterrizó con éxito en una playa cerca de Valparaíso, en Viña del Mar. Esta fue la primera vez que se cruzaba la cordillera de los Andes en vuelo nocturno. Gracias a este éxito, Vicente Almondos Almonacid fue apodado «El Cóndor Riojano» .

En enero de 1925, nuestro aviador colaboró ​​con Joseph Roig, enviado a Sudamérica por Pierre-Georges Latécoère, para desarrollar la ruta aérea de Natal (Brasil) a Buenos Aires. Allí se encontró con su amigo de la escuadra francesa, Paul Vachet, quien también participaba en este proyecto.

Vuelos de reconocimiento

En el lugar, la misión contó con la participación del piloto Étienne Lafay, capitán de la Misión Militar Francesa. Las tres aeronaves estaban listas para reconocer las futuras rutas, desde el aeródromo Affonsos en Río de Janeiro hasta São Paulo, Porto Alegre y Montevideo. En total, se inspeccionaron 20 aeródromos. Esta misión estuvo plagada de dificultades y se produjeron varios incidentes. Por ejemplo, Vachet aterrizó en una playa tras despegar de Río, y el avión de Hamm se atascó en el barro en Porto Alegre. Al regresar de Buenos Aires, el mal tiempo los obligó a aterrizar en una zona rural. Posteriormente, se inspeccionó la red norte hasta Recife. La ruta quedó despejada. Bouilloux-Laffont supervisó de cerca su progreso y observó el entusiasmo y la dedicación de sus jóvenes miembros. Se produjeron numerosos incidentes, incluyendo extorsiones y bloqueos de carreteras. Alemania ya estaba presente. De regreso a Francia, a pesar de un informe favorable sobre el establecimiento de la línea en Sudamérica, el ministro del Aire, Maurice Bokanowski, aceptó la idea, pero impuso condiciones inaceptables para Pierre Georges Latécoère. Marcel Bouilloux-Laffont asumió el mando.

Para comprender plenamente la atmósfera de este período de posguerra, hay que leer "La Ligne" de Jean-Gérard Fleury y "Avant les Jets" de Paul Vachet:

El 'Cóndor de La Rioja' o el caballero

Entre los amigos que vinieron a recibirnos a El Palomar se encontraba uno muy querido para mí: Vicente Almandos Almonacid, un argentino muy adinerado, cuyo afecto personal por Francia y los franceses debo destacar. Su situación económica le había permitido obtener su licencia de piloto civil en su país antes de 1914. Al comienzo de la guerra, se encontraba en un viaje de placer en Francia; tan pronto como se declaró la guerra, se alistó en la Legión Extranjera (como el italiano Olivero)... se presentó voluntario, a principios de 1915, para incorporarse al famoso escuadrón del Capitán Happe, que este último estaba en proceso de formación. Y así fue como yo, un simple soldado que se arrastraba en ese escuadrón —habla Vachet—, conocí al suboficial Almandos Almonacid, uno de los ocho pilotos del famoso escuadrón MF 29, el mismo donde aprendí a volar unos meses después. Almandos Almonacid se distinguió allí hasta tal punto que dos años después llegó a comandarla con el grado de capitán… Fue, en particular, el iniciador de los vuelos nocturnos y los bombardeos… Después de la guerra, en Argentina, se hizo famoso por una travesía nocturna de los Andes en un Spad, que sigue siendo memorable… A nuestra llegada a El Palomar, Almandos Almonacid preguntó, con tono cortante, a un ayudante del coronel T…, comandante de la base, sobre las razones por las que este se negaba a permitir que nuestros aviones se refugiaran en uno de los hangares. Respondió en un tono muy desagradable, delatando sus sentimientos hacia los franceses y hacia Francia; el ejército argentino era entonces proalemán…

El coronel T…, informado de la ruidosa intervención de Almandos Almonacid, exigió una disculpa… Recibió el siguiente telegrama:

"Te daré mi respuesta mañana por la mañana a las seis en punto, con dos testigos y armas de tu elección."

Como el coronel T… era campeón nacional de sable, prometió darle una paliza al aviador.

Cuando a la hora señalada apareció Almandos Almonacid con un carro de armería donde tintineaban lanzas, espadas y pistolas, su contrario, como parte ofendida, escogió naturalmente el arma de la caballería, que el cochero no había manejado en su vida.

Pero la famosa suerte del Cóndor de Rioja marcó su osadía con una señal favorable.

Apenas los testigos se apartaron, Almandos Almonacid cargó hacia adelante, agitando los brazos. Recibió un roce en el codo, pero su espada ya le había abierto la frente a su oponente por encima del ojo derecho. Un segundo golpe, igual de rápido, le abrió la ceja izquierda. La sangre corrió a raudales, cegando al oficial. La pelea se detuvo. Más tarde, le ofreció a Roig su guante manchado de púrpura: «Quédatelo. Tiene una marca de sangre… Esta sangre la derramé por nuestra fuerza aérea». 

En septiembre de 1927, bajo la dirección de Marcel Bouilloux-Lafont, se creó Aeroposta Argentina SA , y Vicente Almondos Almonacid fue nombrado su fundador, director y gerente técnico. Durante 1938, representó a Aeropostale en Argentina.

Tras un año de negociaciones, en enero de 1929, Aeroposta Argentina SA pudo comenzar a operar sus rutas aéreas. Por ello, Almonacid recurrió a pilotos experimentados como los franceses Antoine de Saint-Exupéry, Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Paul Vachet, así como a los argentinos Pedro Ficarelli y Leonardo Selvetti para las rutas Buenos Aires-Asunción (Paraguay) y Buenos Aires-Río Gallegos (Patagonia).

Al estallar la Guerra del Chaco en 1932, viajó a Paraguay para ofrecer sus servicios. Nombrado coronel honorario, creó y organizó allí la flota aérea del país como director general de aeronáutica.

En 1938 fue nombrado cónsul argentino en Boulogne-sur-Mer, donde presidió las jornadas conmemorativas del general José de San Martín, comandante del ejército libertador chileno.

De regreso a Buenos Aires, Vicente Almandos Almonacid murió allí el viernes 16 de diciembre de 1953, en la más absoluta indigencia.

Epílogo

Por lo tanto, si examinamos en detalle la hazaña de Vicente Almondos Almonacid, vemos que se logró exactamente un año y dos días y medio antes del cruce de los Andes de Adrienne Bolland. De igual manera, el vuelo del lunes 29 de marzo de 1920 tuvo lugar de noche, en una época en la que los pilotos solo contaban con instrumentos muy rudimentarios.

Cabe señalar, sin embargo, que esta travesía fue obra de un piloto de guerra muy experimentado, un bombardero experimentado en vuelos nocturnos, con un avión aún moderno para la época, equipado con un motor muy potente (casi tres veces la potencia del Caudron G.3 de la 'Diosa de los Andes' ).

En conclusión, Vicente Almandos Almonacid lamentablemente padece una flagrante falta de reconocimiento. Sin embargo, este "francés de sangre ", este héroe de la Primera Guerra Mundial, con su inquebrantable patriotismo y su distinguida trayectoria civil en su país natal, merece un mayor reconocimiento.

viernes, 10 de octubre de 2025

SGM: Reflejos de piloto de un veterano nipón

Reflejos de piloto




Me encanta esta foto de Ryoji Ohara, un as de la caza japonesa de la Segunda Guerra Mundial, sentado en la cabina de un A6M "Zero" de exhibición, muchas décadas después de la guerra. El autor de la publicación mencionó que en cuanto Ohara subió, sus manos se movieron instintivamente: comprobó los indicadores, ajustó el asiento y se inclinó hacia la mira. Por una fracción de segundo, fue como si volviera a 1944. 😀 Ohara logró 48 derribos durante la Segunda Guerra Mundial y fue uno de los pilotos de A6M más destacados de Japón.

domingo, 20 de abril de 2025

SGM: El cordobés Tito Withington bombardeó el refugio de Hitler y combatió en Malvinas

“Adolfo, cariños desde Argentina”. La historia de Tito Withington, el piloto cordobés que bombardeó la casa de retiro de Hitler y sirvió en Malvinas



Piloto en la guerra, el Sargento de vuelo en la RAF Tito Withington junto a su perro Peter. Observar en su hombro la insignia de Argentina. (Archivo Claudio Meunier. Coloreada por Jean Marie Gillet).



Allan Claudio Withington Gutiérrez (Tito) nació en Villa Huidobro, Provincia de Córdoba. Fue piloto de la Royal Air Force en la Segunda Guerra Mundial y de la Fuerza Aérea Argentina en la guerra de Malvinas

Claudio Meunier || Para LA NACION

El sargento de vuelo Withington cree que va a morir. Está convencido de que sus efímeros 22 años y su humanidad se esparcirán por el aire. Es copiloto, integra una fuerza de 359 cuatrimotores pesados Avro Lancaster que pertenecen a la temible Royal Air Force británica. ¿Su misión? Bombardear el hogar de retiro de Adolf Hitler en Berchtesgaden, en la zona montañosa de Baviera, sur de Alemania.

La historia es increíble. El calendario de guerra no registra la acción, secretísima, pero sí la fecha: 25 de abril de 1945. Withington está acostumbrado a volar de noche, al amparo de la oscuridad, pero esta vez se aproxima al blanco a plena luz del día y se siente indefenso. Volar sobre Berghof -tal es el nombre de la residencia de vacaciones del líder nazi- se presenta como una experiencia desagradable. El fuego antiaéreo oscurece el cielo y sacude su nave. Ve explosiones en el aire que arrojan esquirlas hirvientes y amenazan su bombardero, repleto de combustible y explosivos. Aparece lo que luego describirá como una alfombra negra que crece y se multiplica en segundos. “Quienes vuelen dentro de ella, no vivirán”, sentencia. Es cierto, serán olvidados, pasarán a formar parte de la fría estadística de máquinas perdidas en acción.

Un cuatrimotor pesado Avro Lancaster como el que voló Tito Withington cuando bombardeó la casa de vacaciones de Adolf HitlerShutterstock

Un tripulante de su bombardero acaba de ingresar en el mundo del pánico. Reza y llama a su madre. Withington -como todos a bordo- lo escucha por sus auriculares y le ruge a través de la radio interna del avión:

-¡Silencio en la frecuencia!

Observa su reloj. Las agujas marcan las nueve y media de la mañana. Está satisfecho: llegaron a destino a la hora planeada. Sin embargo, las construcciones elegidas para su destrucción desaparecieron bajo una cortina de niebla artificial que los alemanes lanzaron sobre el área para despistar a los invasores. Parte de la aviación aliada se adelanta para resolver el problema: a baja altura, 16 bombarderos Mosquito lanzan bengalas fumígenas sobre la fortaleza alpina, demarcando el blanco.

De inmediato, la lluvia de bombas se manifiesta. Una de ellas lleva una dedicatoria, en idioma español, escrita con tiza: ¨Adolfo, cariños desde Argentina¨. Su autor, es el Sargento de vuelo Withington.

El objetivo, Berghof, es alcanzado. Pero Hitler no se encuentra allí, permanece en Berlín. Sin embargo, comunicaciones interceptadas y decodificadas dan cuenta de una importante visita en el lugar: el recién llegado es nada menos que el ex Jefe de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, Hermann Göring, quien había sido destituido dos días atrás y puesto bajo arresto por orden de “el Führer”. Fue castigado por enviar un telegrama el 23 de abril de 1945 a la Cancillería del Reich solicitando permiso para asumir el liderazgo de Alemania.

Imagen de Berghof, nombre de la residencia de vacaciones del líder nazi, después del bombardeo

Queda por delante, el peor momento: escapar del área. El fuego antiaéreo, cierra el paso a la fuerza de ataque. Withington ve como, muy cerca suyo, los motores de un bombardero norteamericano explotan con los ocho tripulantes dentro. Observa tres paracaídas que se abren y flotan. Lo que queda del avión, desaparece en una bola de fuego arrastrando a sus desventurados miembros. Él piensa: “Hoy no voy a morir”. Y su Lancaster, por alguna especie de milagro, sobrepasa la mortífera trampa y deja atrás Bavaria.

Göring escapa con vida del bombardeo. Poco después es capturado y sentenciado en Núremberg. Se suicidará en su celda, el 15 de octubre de 1946: una píldora de cianuro lo ayuda a evadir la horca. Withington, sin embargo, vivirá seis décadas y hablará muy poco de aquella terrible experiencia.

EL CORDOBÉS INDOMABLE

Allan Claudio Withington Gutiérrez (Tito) nació en Villa Huidobro, Provincia de Córdoba. El 11 de septiembre de 1923. Hijo de Allan Withington, administrador rural y Doña Julia Gutiérrez, ama de casa, fue criado junto a sus dos hermanas en el campo, donde aprendió a cabalgar, enlazar, ayudar a carnear, marcar, señalar y cuerear. Solía conducir un pequeño sulky y también aprendió a guiar la carreta que transportaba fardos. Lo bautizaron Firpo, en homenaje al pugilista argentino, pues de pequeño le gustaba el box. Desafiaba y combatía en desventaja de edad. Sus contendientes eran otros niños, en su mayoría mayores, hijos de los peones. No la pasaba nada bien.

Sus padres, cansados de su conducta, le aplicaban disciplina. Ante esa adversidad, desarrolló un fuerte instinto de supervivencia y auto conservación: emergió un ágil atleta que evadía con éxito, ‘casi siempre’, el cinto de su padre, corriendo dentro de la casa, a través de las habitaciones.

Vencidos, sus progenitores no dudaron en pedir ayuda para encauzar tanta energía. Entonces, la civilización intervino. Tito fue enviado a Buenos Aires bajo la tutela de sus abuelos y se convirtió en alumno del colegio Oates en Hurlingham. La institución dirigida por el severo director “Mr. Cuff” logró calmar los bríos del pequeño Withington. Allí le enseñaron primero modales y luego el idioma inglés.

“Mi deber, como argentino, era unirme a la causa aliada”

Al concluir su ciclo secundario, Withington revela a su progenitor cuál será su futuro: le dice que quiere ser aviador. Su padre se opone, le sugiere una carrera universitaria. Por primera vez abandona su país y se embarca rumbo a Europa para participar en la Segunda Guerra Mundial. Llega al puerto de Liverpool a bordo de un buque de carga. Quiere participar de la contienda por dos razones, como lo relató infinidad de veces: “Mi amigo Ian MacQueen me enviaba cartas sobre su vida que me entusiasmaron. Volaba bombarderos Avro Lancaster. Cuando me enrolé en Londres, el 9 de julio de 1942, me acompañó a la oficina de reclutamiento. Un mes tardé en comprender lo que era la guerra. Me golpeó de lleno: Ian desapareció junto a su tripulación, se esfumó durante una misión y no los volvió a ver nadie. El otro motivo por el que decidí alistarme era combatir al monstruo bruto de Hitler. Mi deber, al que consideré una obligación, como argentino, fue unirme a la causa aliada. Impedir que la lucha llegara mi país... como en 1982, cuando me uní a la Fuerza Aérea Argentina al enterarme que Gran Bretaña quería nuestras Islas Malvinas”, solía decir.

Junto a su bombardero Avro Lancaster en la base de RAF Kelstern durante su año de servicio (1945) en la fuerza de bombarderos británica. (Archivo Claudio Meunier).

Withington, que posee carácter y habilidad, es seleccionado para el curso de piloto que se dicta al otro lado del océano, en Oklahoma, Estados Unidos. Recibirá sus alas de piloto militar en la RAF en enero de 1944. Pero su aspiración de ser oficial es desechada. ¿El motivo? Problemas de disciplina. Durante su formación, Withington disputa un combate pugilístico contra un oficial de graduación que también es piloto. El demoledor castigo que le propina el argentino, deja a su contendiente fuera de lucha. Withington disfruta la victoria, pero sabe que todo tiene su costo. Poco después, el oficial toma represalias sobre su foja de servicio y Withington recibe el grado de “flight sergeant” (sargento de vuelo), el más bajo para un piloto.

Una vez terminado el curso, el jefe de la estación aérea le entrega sus alas (que lo convierten “oficialmente” en piloto), le estrecha la mano y le dedica unas pocas palabras:

-Sargento de vuelo Withington, felicitaciones. La guerra lo reclama. Hay órdenes para usted. Regresa a Europa.

Tras su adiestramiento en Estados Unidos, el cordobés Tito Withington recibe sus alas que lo convierten, oficialmente, en piloto

En Gran Bretaña, el cordobés se convierte en instructor de vuelo. El primer día, se presenta en la escuela con un sobrenombre que lo marcará el resto de su vida: “Tito”. A secas. Y ordena a todos lo que llamen así. Esto obedece a una razón precisa: se trata de una ocurrencia suya para alegrar a sus compañeros argentinos. Todos se divierten cuando sus alumnos, luego de cada práctica, se disculpan por sus maniobras realizadas con la torpeza de principiantes: “Sorry, Tito”, repiten. La frase, traducida al idioma español, por fonética, tiene un significado muy diferente al de un pedido de perdón...

El curso de la guerra lo lleva hacia a la acción. Realiza el curso de Ingeniero de vuelo y copiloto en bombarderos pesados. Se une al escuadrón 625 que opera cuatrimotores Avro Lancaster. Realiza diversas misiones, transporta ex prisioneros de países liberados que son repatriados a Gran Bretaña. Realiza misiones nocturnas lanzando tiras de papel metalizado a granel que, lanzadas por varios aviones y al mismo tiempo, saturan las pantallas de los operadores de radar alemán. Su Lancaster evade fuego antiaéreo, reflectores de búsqueda, cazas nocturnos y también la mala suerte, aquello que azota a tantos y que es esencial para seguir con vida.

Al finalizar la contienda en Europa, Withington se ofrece para combatir a los japoneses en el Pacifico. Pero no alcanza a cumplir su deseo: la guerra termina antes, tras el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Entonces solicita su baja y repatriación. El 11 de septiembre de 1946 se embarca con destino a su patria, Argentina. Contra todo pronóstico, se vuelve un conductor de camiones. Detrás del volante recorre la Provincia de Buenos Aires y Santa Fe.

En junio de 1948, Aeroposta Argentina -la mítica empresa aérea patagónica- lo recibe. El jefe de la línea y organizador en la empresa, el mítico piloto Dirk Wessel Van Leyden entrevista a Withington. Realizan un vuelo de prueba, Van Leyden descubre que este joven de 25 años es un piloto autómata con mentalidad fría y calculadora. Piloto de carga a la Patagonia, será conocido por arrojar encomiendas desde el aire sobre estancias alejadas de la civilización, en las estepas de Santa Cruz.

Cdte Whitington, piloto civil comercial en Aeroposta Argentina S.A a su regreso de la Segunda Guerra Mundial. Withington fue elegido por Aerolíneas Argentinas, para realizar el curso de comandante en la primera promoción de la empresa estatal. (Archivo Claudio Meunier).

Pero no todo es aviación en la vida de Tito. En 1948 contrae matrimonio con Sheila María Hyland Archer, argentina, nacida en un campo de Ameghino, provincia de Buenos Aires. Ella es descendiente de irlandeses con dos hermanos voluntarios en la RAF: Harold, que sobrevivió a los vuelos en Avro Lancaster, y su hermano menor, Pedro, muerto sobre Orleans, Francia el 28 de julio de 1944 luego del desembarco en Normandía al ser derribado en su bombardero Lancaster por el as alemán Heinz Rokker. Tito y Sheila conforman una familia con siete hijos: cuatro varones y tres mujeres.

Claudio Alan Withington y Sheila Hyland, su esposa, junto a sus hijos. (Cortesía Cecilia Withington).

En 1950, cuando nace Aerolíneas Argentinas, Withington inscribe su nombre en la primera promoción de comandantes de línea. Continúa sus vuelos al sur y adquiere experiencia en bimotores DC-3 y cuatrimotores DC-4 y DC-6.

Una oferta prometedora lo aleja para siempre de Aerolíneas Argentinas. Se une a la planta fundacional de pilotos, en una nueva empresa. ¿Su nombre? Austral Líneas Aéreas. Volará el resto de su carrera en ella. Tito Withington registrará 30.000 horas de vuelo entre su trabajo como piloto comercial y sus tiempos en la RAF. Su carrera concluye el 25 de septiembre de 1978. La aviación comercial argentina pierde a uno de sus “millonarios del aire” (así se denomina a los pilotos que recorrieron, durante su carrera, un millón de kilómetros sin incidentes).

Como piloto de Austral, Tito Withington llevó a Nicolino Locche a Mendoza tras su consagración en Tokio. En la imagen, asoma por la ventanilla de la cabina de piloto.

Tito toma unas merecidas vacaciones, pero sólo mantiene los pies sobre la tierra unos pocos días. Se embarca como un simple pasajero a Estados Unidos. ¿El motivo? El Banco Italia adquirió un jet ejecutivo Learjet modelo 24D y lo contrató como su nuevo piloto.

VOLUNTARIO EN MALVINAS

El 2 de abril de 1982, sorprendido por la reconquista de las Islas Malvinas, se une a la causa. No entiende de política: Tito es solo un hombre de acción. Visita el edificio Cóndor de la Fuerza Aérea Argentina en Buenos Aires. Les dice que quiere volar con ellos. Le informan que será convocado y es consultado:

-Comandante Withington, ¿qué edad tiene y cuantas horas de vuelo registra?

Withington es categórico en su respuesta:

-59 años, 30.000 horas de vuelo y voluntad para el combate.

Tito, dos veces voluntario, marcha hacia una nueva guerra, pero esta vez en un avión sin armas. Realiza traslados de pilotos entre las bases repartidas en la Patagonia. Y, como integrante del escuadrón Fénix, realiza vuelos sobre el mar con otros Learjet simulando ser cazas de combate para confundir a los radares enemigos. Habla y grita en ingles en la frecuencia radial del enemigo.

El Lear Jet, propiedad del Banco de Italia, con el que Tito Withington operó en la guerra de Malvinas. ¿Su misión? Traslados y, sobre todo, tareas de distracción en radares enemigos.

Al finalizar la guerra, Withington -que luego de la Segunda Guerra Mundial había sido incorporado como suboficial Auxiliar en la Fuerza Aérea Argentina- recibe la jerarquía de Alférez. Ya no vuelve a volar. Su mujer, Sheila, sus siete hijos y sus nietos lo ayudan a plegar sus alas. Le duele horrores saber que su vida como piloto terminó.

Arrastrado por su idealismo, se acerca a la política. Pero dura un suspiro: observa cómo se manejan en este nuevo escenario y se aleja. Se da cuenta que grita, más de lo que grita siempre. Que ya es demasiado.

Su vida social es activa y, cada tanto, lo invitan a volar. Un silencioso Alzheimer lo aleja de lo cotidiano. Muere el 19 de noviembre de 2009 en San Isidro. Es su último vuelo, sin retorno.

Veterano de guerra de Malvinas, durante un desfile junto a sus compañeros del escuadrón Fénix, a su lado Restituto Olguin, con quien lo unió una amplia amistad. (Archivo Claudio Meunier).

Conocido por ser un hombre serio, también una persona de risa inconfundible, atrajo a los pilotos más jóvenes, ellos no dudaban en seguirlo aunque fuese hasta las últimas consecuencias. Aquellos aviadores que lo conocieron, aquellos que escucharon hablar de él. Aquellos que lo siguen recordando, aquellos que lo conocen desde ahora, siempre fue llamado y como el, siempre lo quiso, Tito Withington.

Tito Withington junto a Jimmy Harvey oriundo de Junín. Ambos pilotos en la RAF durante la Segunda Guerra Mundial y luego pilotos comerciales en el país. Se convierten en los ultimos mohicanos de una conflagración antigua y otra moderna.

Fotografiado por su hija Cecilia en la localidad de Florida, Tito Withington junto a otras de sus aficiones, las motos. (Cortesía Cecilia Withington).





domingo, 13 de abril de 2025

Argentina: El Raid Aéreo Patagónico del Capitán Parodi

Primer Raid Aéreo Patagónico al mando del Capitán Parodi

Fecha exacta: 7 de diciembre de 1922





(*) Estas postales son muy raras, ya que no está editada en otros formatos. Los tipos (letras impresas) utilizados son similares, pero no encontré otras similares. Ver otra de la misma serie.
Comodoro Rivadavia es la ciudad de mayor población de la Provincia de Chubut, en la Región de la Patagonia Argentina.


 

domingo, 19 de enero de 2025

Argentina: Cada piloto de F-16 costará entre 27/52 millones USD en toda su carrera

 

Costos de formar y mantener pilotos de F-16 Fighting Falcon para la Fuerza Aérea Argentina

  • ¿Cuánto cuesta crear y mantener calificado a un piloto de F-16?
  • ¿Cómo sería el ciclo de vida de un piloto en la Fuerza Aérea Argentina?
  • Cifras al 2024 y un análisis económico-financiero al final


Por Esteban McLaren para FDRA

Supongamos un futuro piloto argentino, oficial recién graduado. Los aviones disponibles para entrenamiento son los Grob G 120, AT-6 Texan II, EMB 312 Tucano y FMA IA-63 Pampa, luego viene, a partir del año que viene, el F-16 Block 15 MLU ex-Dinamarca. ¿Cuántas horas de vuelo se requiere que cumpla en cada aparato un piloto para llegar a volar en un F-16? Luego, si el piloto llega a calificar para volar F-16, cuantas horas por año debe mantener para seguir calificado en el aparato. Buscamos sumar en una tabla todas las horas realizadas por aparato más las horas por año de volar un F-16 hasta alcanzar el límite de edad permitido para un piloto para poder volar un moderno caza de combate. Para ello vamos a suponer un ciclo de vida del piloto, suponiendo edades razonables del piloto cuando inicia con el Grob G-120 y luego establecer una edad de corte para poder operar el F-16 tal como se emplea bajo los estándares de la OTAN. Un análisis económico-financiero optativo se encuentra al final.

Para determinar cuántas horas de vuelo un piloto argentino, siguiendo los estándares de la OTAN (NATO), necesita completar en cada avión antes de calificar para volar un F-16 Block 15 MLU, así como cuántas horas anuales debe mantener para seguir calificado, es necesario basarnos en el perfil estándar de entrenamiento de pilotos militares en fuerzas aéreas occidentales. A continuación, se desglosan las etapas de formación y la acumulación de horas de vuelo según los tipos de aviones disponibles: Grob G 120, AT-6 Texan II, EMBV 312 Tucano, FMA IA-63 Pampa, y finalmente el F-16 Block 15 MLU.


Etapas de Entrenamiento de Vuelo

  1. Grob G 120 (Entrenamiento Primario)
    • Este es el avión de entrenamiento primario básico. Los estándares de la OTAN y los de muchas fuerzas aéreas occidentales requieren que los cadetes completen entre 70 y 100 horas de vuelo en esta etapa antes de avanzar.
  2. AT-6 Texan II o EMB 312 Tucano (Entrenamiento Intermedio/Avanzado)
    • Después del entrenamiento primario, los cadetes pasan a un avión de entrenamiento turbohélice como el AT-6 Texan II o el Tucano. Este entrenamiento intermedio/avanzado suele requerir entre 120 y 150 horas de vuelo, dependiendo de la fuerza aérea.
  3. FMA IA-63 Pampa (Entrenamiento en Jet)
    • En esta etapa, los cadetes vuelan un jet de entrenamiento avanzado como el IA-63 Pampa para familiarizarse con las características de los aviones a reacción. Normalmente, se requieren entre 150 y 200 horas de vuelo en este avión antes de pasar a un caza supersónico.
  4. F-16 Block 15 MLU (Conversión Operacional)
    • Tras completar el entrenamiento en jet, el piloto entra en un curso de Conversión Operacional para volar el F-16. Este curso incluye tanto simulación como horas reales de vuelo. Por lo general, se requiere un mínimo de 200 horas de vuelo en el F-16 para obtener la calificación completa.

Horas de Vuelo para Mantener la Calificación en el F-16

Una vez calificado en el F-16, para mantener la calificación como piloto operativo, los estándares de la OTAN requieren que el piloto mantenga entre 120 y 180 horas de vuelo anuales en un avión de combate moderno como el F-16.


 

Edades y Progresión

Asumimos que el piloto comienza su entrenamiento alrededor de los 21 años (tras haber completado la formación académica en la Escuela de Aviación Militar - EAM) y que la edad de retiro de un piloto de caza en un moderno avión de combate se sitúa alrededor de los 45 años, siguiendo los estándares de las fuerzas aéreas occidentales.

A continuación, se presenta una tabla que resume las horas de vuelo por cada etapa de entrenamiento y las horas necesarias para mantener la calificación en el F-16 hasta la edad de retiro:

Tabla Resumen de Horas de Vuelo

EtapaAviónHoras RequeridasEdad Aproximada
Entrenamiento PrimarioGrob G 1208021 años
Entrenamiento IntermedioAT-6 Texan II / Tucano14022 años
Entrenamiento en JetFMA IA-63 Pampa18023 años
Conversión OperacionalF-16 Block 15 MLU20024 años
Horas Totales Entrenamiento600

Horas de Vuelo AnualesF-16 Block 15 MLU150 (promedio anual)25-45 años
Horas Anuales por 21 años (de los 24 a los 45 años)3,150

Total de Horas de Vuelo

ConceptoHoras Totales
Horas totales de entrenamiento (hasta F-16)600
Horas de vuelo anuales en F-16 (21 años)3,150
Total de horas de vuelo3,750


Un piloto argentino, siguiendo los estándares de la OTAN, necesitaría acumular aproximadamente 600 horas de vuelo en entrenamiento básico, intermedio y avanzado antes de calificar para volar un F-16. Una vez calificado, deberá mantener alrededor de 150 horas anuales de vuelo en el F-16. A lo largo de una carrera de 21 años (desde los 24 hasta los 45 años), el piloto habrá acumulado aproximadamente 3,750 horas de vuelo.



Cálculo de costos

Para calcular el costo total de entrenar a un piloto argentino y mantener su calificación en el F-16 Block 15 MLU, vamos a utilizar estimaciones razonables del costo por hora de vuelo para cada avión en la flota de entrenamiento y operación mencionada: Grob G 120, AT-6 Texan II, EMBV 312 Tucano, FMA IA-63 Pampa, y el F-16 Block 15 MLU. Luego, sumaremos todos los costos para tener un estimado total del costo de entrenar y operar a un piloto en su vida útil como piloto de combate en Argentina.

 

Estimaciones de costo por hora de vuelo

  1. Grob G 120: Fuentes globales estiman alrededor de $500 USD por hora de vuelo.
  2. AT-6 Texan II o EMBV 312 Tucano: El costo estimado por hora de vuelo para el AT-6 es de alrededor de $1,000 USD, y el EMBV 312 Tucano se ubica en una categoría similar.
  3. FMA IA-63 Pampa: Siendo un entrenador a reacción, sus costos operativos son más altos, estimados en alrededor de $2,000 USD por hora según datos disponibles de jets comparables.
  4. F-16 Block 15 MLU: De acuerdo con varias fuentes, el costo por hora de vuelo del F-16 varía entre $8,000 y $22,470 USD, dependiendo de factores como mantenimiento y condiciones operativas (Executive Flyers)​(Wikipedia).

Estas cifras son aproximadas y pueden variar dependiendo del país, la estructura de costos, mantenimiento, combustible y otros factores. Sin embargo, son cifras razonables basadas en el costo de operación de aviones similares en fuerzas aéreas occidentales.

 

Con base en la información actualizada, incluiremos dos estimaciones del costo de volar el F-16 Block 15 MLU: una basada en un límite inferior de $8,000 por hora de vuelo y otra basada en un límite superior de $22,470 por hora de vuelo. A continuación se muestra la tabla revisada y el desglose de costos.

 


Tabla actualizada: Horas de vuelo y costos por aeronave (F-16 Block 15)

EtapaAviónHoras RequeridasCosto por Hora (USD)Costo Total (USD)Edad Aproximada
Entrenamiento PrimarioGrob G 1208050040,00021 años
Entrenamiento IntermedioAT-6 Texan II / Tucano1401,000140,00022 años
Entrenamiento en JetFMA IA-63 Pampa1802,000360,00023 años
Conversión OperacionalF-16 Block 15 MLU2008,0001,600,00024 años
Horas Totales Entrenamiento600

2,140,000
Horas de Vuelo Anuales (baja estimación)F-16 Block 15 MLU150 (anual)8,0001,200,000 (anual)25-45 años
Horas Totales por 21 años (baja estimación)3,1508,00025,200,000

Costo Total con estimación baja


$27,340,000 USD

Estimación Alta: F-16 a $22,470 por hora (F-16C)

EtapaAviónHoras RequeridasCosto por Hora (USD)Costo Total (USD)Edad Aproximada
Entrenamiento PrimarioGrob G 1208050040,00021 años
Entrenamiento IntermedioAT-6 Texan II / Tucano1401,000140,00022 años
Entrenamiento en JetFMA IA-63 Pampa1802,000360,00023 años
Conversión OperacionalF-16 Block 15 MLU20022,4704,494,00024 años
Horas Totales Entrenamiento600

5,034,000
Horas de Vuelo Anuales (alta estimación)F-16 Block 15 MLU150 (anual)22,4703,370,500 (anual)25-45 años
Horas Totales por 21 años (alta estimación)3,15022,47047,327,500

Costo Total con estimación alta


$52,361,500 USD

Cálculo del Costo Total

  1. Costo total de entrenamiento (600 horas):

    • Baja estimación: $2,140,000 USD
    • Alta estimación: $5,034,000 USD
  2. Costo total de operación en el F-16 (21 años):

    • Baja estimación: $25,200,000 USD
    • Alta estimación: $47,327,500 USD

Resumen de Costos

EstimaciónCosto Total (USD)
Estimación baja$27,340,000 USD
Estimación alta$52,361,500 USD

Conclusión

El costo total de entrenar y mantener a un piloto argentino calificado para volar un F-16 Block 15 MLU oscila entre $27,340,000 USD y $52,361,500 USD a lo largo de su carrera, dependiendo del costo por hora de vuelo en el F-16.






martes, 7 de enero de 2025

Malvinas: Morgan y el Sánchez, una amistad en combate


Memorias de un piloto inglés sobre la Guerra de Malvinas


Cuando empieza la primavera europea, David Morgan sabe que volverán a asaltarlo recuerdos de la guerra. Regresó de las Islas Malvinas en julio de 1982, condecorado y reconocido por sus hazañas como piloto de los Sea Harriers, los aviones más modernos de aquel tiempo. Participó en más de 50 misiones durante el conflicto, en las que derribó helicópteros y aviones. Al regresar a casa, esas hazañas se transformaron en pesadillas. “Estaba irritable, nervioso y muy reacio a tomar las pequeñas decisiones de todos los días. Era como si me hubiera acostumbrado a tomar decisiones de vida y muerte y había perdido la habilidad de lidiar con lo mundano”, cuenta David Morgan en su libro de memorias, Cielos Hostiles, escrito hace 14 años y recientemente traducido al español y publicado en Argentina. Mucho tiempo después de la guerra fue diagnosticado con estrés postraumático y pudo hablar de lo que había vivido.

En una entrevista virtual desde Buenos Aires con EL PAIS, la primera con una periodista argentina, David Morgan rememora aquellos tiempos con mirada triste y pausas largas. A los 73 años, su vida es ahora tranquila, rodeada de naturaleza en una hermosa casa rural en Shaftersbury, a 150 km de Londres. Todos los fines de semana lo visitan sus dos hijos y sus cinco nietos, a quienes lleva a volar en su avión particular y les dedica el tiempo que quizás no tuvo como padre. Sus hijos eran pequeños cuando él partió al Atlántico Sur. ¿A dónde iba? ¿Qué eran las Malvinas? Los niños lo entendieron tiempo después, cuando algunos de sus amigos de la escuela contaban que habían perdido a sus padres. Gracias a 12 años de ayuda terapéutica, David Morgan pudo escribir sus memorias. Las dedicó a su familia y a su psicóloga, Sally, a quien le agradeció “salvar su cordura”.

Con un prólogo especialmente dedicado a los argentinos, David Morgan aclara que temía que el libro “no fuera bien recibido” en el país sudamericano. “Pero mis buenos amigos allá me animaron a hacerlo”, dice. Sus párpados caen pesados sobre sus ojos claros y vidriosos mientras mira a través de la pantalla de su computadora. “La guerra no es gloriosa, es como asomarse al infierno y lo vivimos igual de ambos lados. No disfrutábamos las victorias porque sabíamos que los pilotos argentinos eran como nosotros: sentían el mismo amor por volar y también tenían familias que los esperaban”, aclara con el mismo tono humano que usa en su libro.

En Cielos Hostiles, Morgan hace descripciones minuciosas de sus misiones, con detalles técnicos y datos precisos, junto con las experiencias del momento. Se pueden leer cartas de amor, fragmentos de su diario personal, citas de libros de Richard Bach (autor de Juan Salvador Gaviota e Ilusiones) o poemas de John Pudney (de un libro regalo de su padre, también piloto de la RAF y veterano de la Segunda Guerra Mundial) además de versos propios, escritos para su mujer y sus amigos caídos en combate.


Morgan hoy, a los 73 años, cerca de Londres

“A alguna gente no le gustó que incluyera lo personal, pero mi idea era escribir lo que viví, aunque me avergüence”, dice Morgan cuando aclara que Inglaterra muchos colegas lo criticaron por eso. Durante sus años de posguerra, Morgan fue instructor de escuadrones y al estallar la Guerra del Golfo, en 1991, lo convocaron. Esa fue la alarma que disparó su estrés postraumático. Habían pasado casi 10 años desde Malvinas, pero sus recuerdos reaparecieron y pidió ayuda. Entonces se retiró y se dedicó a la aviación comercial.

En ese mismo tiempo, una amigo que volaba con él, Maxi Gainza, le propuso encontrarse con un veterano de guerra argentino que estaba de paso por Londres. Al principio se resistió, pero luego aceptó conocer a Héctor Sánchez, uno de los cuatro pilotos con los que había tenido el combate aéreo más dramático de la guerra. Aquel 8 de junio en Malvinas merece todo un capítulo en sus memorias, porque Morgan y su compañero, David Smith, atacaron con misiles cuatro Skyhawks (aviones de combate argentinos) tras ver cómo habían bombardeado un buque inglés en la Bahía Agradable. Tres de los pilotos argentinos murieron y Héctor Sánchez se salvó.

“Eso me afectó mucho. Recuerdo exactamente ese momento, cómo iban cambiando mis emociones en segundos: la ira cuando vi atacar a nuestra gente, la euforia cuando bajé al primer avión, la empatía cuando el segundo hombre que se eyectó pasó cerca de mi cabina y luego la ira de nuevo, cuando maté al tercer hombre. Creo que ese día fue el disparador de la mayoría de mis problemas después del final del conflicto”, reflexiona Morgan, y se queda en un largo silencio. Durante los ocho meses que tardó en escribir el libro, tuvo varios bloqueos y debió trabajar mucho sobre eso.

Al hablar de Héctor Sánchez, vuelve a sonreír. En una ocasión, luego de varios encuentros, recuerda que el argentino, notándolo distante y pensativo, le dijo con empatía: “No te preocupes más, David, cada uno cumplía con su deber”. Se abrazaron. La amistad sigue intacta desde aquellos años. Ambos mantuvieron contacto por mail y luego por redes sociales. David nunca viajó a Buenos Aires, pero planea hacerlo en el futuro.



Morgan y el impactante recuerdo del combate del 8 de junio de 1982

En 2007, para el 25 aniversario de la guerra, David Morgan viajó por primera vez a las Islas Malvinas. Recorrió en jeep aquellos lugares helados que recordaba regados de cadáveres y restos de armamentos. Todo se veía diferente en esta visita. “Encontré restos del fuselaje de mi avión y también de uno de los aviones que yo había derribado. Su piloto, Daniel Bolzán, fue uno de los que murió aquel 8 de junio y decidí enviárselos a su hijo”, recuerda. Le escribió y le contó todo. Así inició su relación con el hijo de uno de los 649 soldados argentinos que murieron en las islas. “Sus pilotos realizaron ataques con habilidad y coraje, causando graves daños a muchos barcos británicos. Eran muy valientes”, añade Morgan.

Las memorias de David Morgan llegan justo en un momento de revisión histórica de la guerra de las Malvinas en Argentina. En el campo académico se debate la simplificación que definió a esta guerra como “absurda y caprichosa” y a sus protagonistas como marionetas de la dictadura de entonces. Para la antropóloga Rosana Guber “este marco redujo fuertemente las alternativas con que sus protagonistas directos podrían darle sentido a su experiencia bélica y humana, y también redujo el margen del reconocimiento de su acción en la esfera pública”. En esta investigación, Guber concluye que los encuentros de posguerra entre británicos y argentinos demuestran que la guerra enfrenta a seres humanos que, muchas veces, necesitan encontrar razones para una experiencia tan traumática.

David Morgan es parte de un importante grupo de veteranos de guerra de ambos países que, décadas después, necesitaron entender por qué estuvieron allí y darse la mano para manifestarse respeto. A diferencia de otros encuentros entre veteranos de ambos países promocionados en documentales y hasta obras de teatro, el encuentro entre David Morgan y Héctor Sánchez se mantuvo en la intimidad. “Yo siento que nuestra amistad es algo privado y muy fuerte. Nos une el haber vivido la misma experiencia, aunque sea en bandos diferentes. No necesitamos hacerlo público”. En 2019, Héctor Sánchez invitó a David Morgan a visitar Malvinas junto a Pablo Bolzán, hijo del piloto argentino muerto en combate, y Luis Cervera, veterano de guerra. Recorrieron juntos las islas y levantaron un monumento en memoria del padre de Pablo, Daniel Bolzán. Morgan pudo cerrar así el círculo de su historia