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viernes, 30 de octubre de 2026

Argentina: Meditando en un Peace Condor II

Peace Condor II




Mientras el programa Peace Condor avanza a buen ritmo, la Fuerza Aérea Argentina (FAA) debería comenzar a trabajar en una segunda etapa de incorporación de F-16. El objetivo no sería únicamente aumentar la cantidad de aeronaves disponibles, sino también evitar que el desgaste progresivo de la flota comprometa su capacidad operativa una vez completada la recepción del lote restante de aparatos provenientes de la Real Fuerza Aérea Danesa (RDAF).

Aunque existe una oferta considerable de F-16 en el mercado internacional, no todas las alternativas resultan igualmente convenientes. El estado estructural de las células, las horas de vuelo remanentes, la configuración de aviónica, la compatibilidad logística y, naturalmente, el costo de adquisición y modernización son variables que deben evaluarse conjuntamente.

En este escenario, el F-16 Block 70/72 representa la solución ideal desde una perspectiva tecnológica y de vida útil. Su incorporación permitiría disponer de aeronaves nuevas, equipadas con aviónica de última generación y un horizonte operativo considerablemente más extenso. Sin embargo, las restricciones presupuestarias constituyen un obstáculo difícil de superar. Un programa de adquisición estimado en aproximadamente USD 3.000 millones exigiría un esquema de financiamiento cuya autorización por parte del Congreso aparece, por el momento, como poco probable.

Ante esa limitación, cobran relevancia dos alternativas más accesibles: F-16C/D con un buen historial de conservación y mantenimiento, o F-16A/B MLU que todavía dispongan de suficientes horas de vuelo y márgenes de fatiga estructural aceptables. En ambos casos, la selección debería priorizar aeronaves capaces de incorporarse rápidamente al servicio, con costos de recuperación razonables y un horizonte operativo que justifique la inversión.

El objetivo sería disponer de dos brigadas aéreas plenamente equipadas con F-16 en un plazo aproximado de cinco años, aprovechando las ventajas de operar una plataforma común en materia de entrenamiento, mantenimiento, armamento y apoyo logístico.

Naturalmente, la adquisición de células usadas no resolvería por sí sola el problema. Sería necesario evaluar su incorporación a programas de extensión de vida útil y actualización estructural, siguiendo experiencias como el SLSP danés para los F-16 MLU o el SLEP estadounidense para los F-16C/D, además de realizar las correspondientes modernizaciones de software y hardware (S&H). La viabilidad técnica y económica de estas intervenciones dependería de la condición particular de cada aeronave y de su historial de utilización.

La principal desventaja seguiría siendo la vida útil remanente. Los F-16 fueron concebidos originalmente para una referencia de 8.000 horas de vuelo, aunque determinados programas de extensión estructural permiten superar ese umbral. En el mejor de los escenarios considerados para las células usadas, podría disponerse de aproximadamente la mitad de esa vida útil original, como sucede con algunos F-16BM daneses. Esto obliga a considerar no solamente el costo inicial de adquisición, sino también las horas efectivamente recuperables y el costo operativo por hora durante el período de servicio previsto.

Por eso, un eventual Peace Condor II debería comenzar a definirse cuanto antes, con un horizonte máximo de ejecución de cinco años. La planificación tendría que contemplar tanto la incorporación de nuevas aeronaves como la infraestructura, los repuestos, la capacitación del personal, las reservas de armamento y los equipos de apoyo necesarios para sostener dos brigadas operativas.

Existe, además, una consideración estratégica que excede lo estrictamente técnico: la oportunidad política. Las condiciones diplomáticas que hoy favorecen el reequipamiento de la FAA podrían no mantenerse indefinidamente. Avanzar mientras esa ventana permanezca abierta permitiría negociar mejores condiciones de financiamiento, plazos de entrega, paquetes de armamento y sistemas complementarios, particularmente aeronaves de reabastecimiento en vuelo, indispensables para aprovechar plenamente el alcance y la flexibilidad operativa de los F-16.

En definitiva, Peace Condor II no debería concebirse como una simple compra adicional de cazas, sino como la segunda fase de un proceso de recuperación de capacidades que necesita continuidad. La decisión central será encontrar un equilibrio entre disponibilidad inmediata, vida útil remanente y sostenibilidad presupuestaria, evitando que una incorporación acelerada termine generando una nueva necesidad de reemplazo en pocos años.

El tiempo dirá si la FAA logra transformar esta oportunidad en un programa concreto antes de que cambien las condiciones que hoy hacen posible su reequipamiento.