Los secretos del Sidewinder que fascinaron a los soviéticos
Los ingenieros soviéticos lo llamaron un "curso universitario" de diseño de misiles, y no se equivocaban. En septiembre de 1958, un F-86 taiwanés disparó un AIM-9 Sidewinder que impactó contra un MiG-17 chino, pero no explotó. En lugar de una explosión, el misil quedó incrustado perfectamente, como una flecha de alta tecnología, en el fuselaje del MiG. El piloto aterrizó sano y salvo, y el misil, que no había explotado, fue embalado y enviado a Moscú para su examen. Desde el buscador infrarrojo hasta las ingeniosas aletas estabilizadoras tipo "rolleron", los soviéticos quedaron fascinados por los secretos del Sidewinder. Tras un minucioso proceso de ingeniería inversa, hasta el último tornillo y circuito, su clon casi perfecto, el Vympel K-13 (también conocido como AA-2 Atoll, entró en servicio en menos de dos años. Fue un golpe de suerte en materia de inteligencia, entregado directamente a la retaguardia del enemigo.
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