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sábado, 10 de octubre de 2026

Los AR10 de KLM

Los fusiles de KLM





En 1958, KLM comenzó a llevar un fusil en sus vuelos sobre el Ártico.
No estaba pensado para secuestradores.
Estaba allí por si aparecía un oso polar.
Ese año, la aerolínea neerlandesa inauguró su ruta entre Ámsterdam y Tokio pasando por Anchorage, Alaska. Los Douglas DC-7C podían atravesar enormes extensiones donde una avería grave dejaba una posibilidad poco tranquilizadora: realizar un aterrizaje de emergencia en una región helada, lejos de cualquier población.
KLM decidió prepararse también para ese escenario.
Los aviones que recorrían la ruta polar transportaban equipos especiales de supervivencia. Había ropa para frío extremo, sacos de dormir, raquetas de nieve, herramientas, utensilios para cocinar, equipo de pesca y provisiones destinadas a mantener con vida a pasajeros y tripulantes mientras llegaba el rescate.
Entre todo aquello había algo bastante menos habitual en un avión comercial: un ArmaLite AR-10.
El Nationaal Militair Museum de Países Bajos confirma que se fabricó una versión especial para KLM. Su función era proporcionar protección frente a osos polares si una tripulación quedaba aislada después de un aterrizaje forzoso.
Una fotografía de prensa de aquella época convirtió ese detalle en una imagen difícil de olvidar.
La azafata identificada en el pie original como Johanna Van Duffelen aparece cubierta con ropa polar y sosteniendo el AR-10. A su alrededor se encuentra parte del equipo de supervivencia.
La escena puede parecer hoy una extravagante campaña publicitaria. El rifle, sin embargo, formaba parte de una planificación real.
El AR-10 tenía otra conexión con Países Bajos. Aunque había sido diseñado en Estados Unidos por el equipo de Eugene Stoner en ArmaLite, su desarrollo y producción se realizaron durante aquellos años bajo licencia en la fábrica neerlandesa Artillerie Inrichtingen, en Zaandam.
KLM necesitaba un arma ligera que pudiera permanecer almacenada como parte del equipo de emergencia de sus vuelos polares.
Nunca tuvo que emplearla contra un oso.
Con el tiempo, los aviones aumentaron su autonomía, las rutas cambiaron y aquel equipo desapareció.
Pero quedó la fotografía.
Una azafata, un traje para sobrevivir al hielo y un fusil incluido en un avión de pasajeros por una posibilidad que la aerolínea había decidido tomarse en serio: que el vuelo terminara en medio del Ártico antes de llegar a Tokio.